Fecha : 2011-12-18
  Ferias navideñas: tradición, creatividad y vanguardia
Sociedad

“Si te has comprado un niñito con cabello no tiene que sorprenderte que después de la misa del 6 de enero regrese a la casa despeinado o volteado, él es así siempre”, dice doña Justina Mamani, artesana de la Feria de Navidad al recordar las creencias y tradiciones con las que le enseñaron la técnica de ‘vaciar’ los niños Dios de la forma más perfecta posible.
Toda su vida se ha dedicado a este oficio, que heredó de su padre y de su abuelo, don Serafín Mamani, quien, a principios de 1900, llegó a la ciudad de La Paz procedente del área rural buscando trabajo. Encontró uno de cuidador de una casa, cuyo propietario se dedicaba a las artesanías en yeso, especialmente con motivos navideños. Don Serafín aprendió el oficio tan bien que se lo transmitió a su hijo y éste a su hija, doña Justina, quien cada año, junto a su familia fabrica al menos 1.000 niños para venderlos en la época de Navidad.
Justina no puede innovar mucho en sus modelos porque el niño “es único”, sólo puede variar el tamaño, color de la piel o ponerle cabello, “como los niños cusqueños”.

Tendencias 2011
La que sí puede variar e innovar en la feria es doña Angélica Escalante porque cada año diseña y confecciona nuevos modelos de ropa para el niño Jesús. Este año se impusieron las túnicas tejidas con lana brillosa, pero las prendas en gaza y otras telas ligeras en colores vivos se mantuvieron vigentes. Sus precios oscilan entre los 6 y 35 bolivianos. Otra novedad que impuso Angélica fue los trajes de “indiecitos”.
Junto a su madre, doña Andrea Mamani, trabajó desde mediados de año elaborando las prendas. Cuando termine la feria evaluará cuáles fueron las más vendidas, además de recoger los comentarios y sugerencias de los compradores para definir qué modelos lanzará en 2012.
Lo mismo hará Wara Mamani. Apenas termine la feria, el 6 de enero, se reunirá con sus tíos Raúl y Juan Velásquez, fabricantes de reyes magos, animales y otros en yeso. Este año causaron sensación los burritos ensillados, que representan al jumento que cargó a María hasta Belén, donde nació Jesús. Los hay de todos los tamaños, pero los compradores prefieren los medianos, que tienen un valor de hasta 15 bolivianos.
Sencillez
Marcela López, fabricante de pesebres hechos en paja, dice que en su sector “no hay más inventar” para atraer el interés de los compradores. Sin embargo, no es necesaria más inventiva porque los compradores siempre buscarán el pesebre sencillo de paja o de cartón, que los hay desde los cinco bolivianos.

En el Alto
Los artesanos de la ciudad de El Alto también tienen sus creencias a la hora de fabricar sus trabajos y saben captar muy bien las preferencias de sus clientes.
Es por eso que este año impusieron los ajuares de lana para los niños.
“La gente no considera a sus niñitos figuras de yeso, sino como si tuvieran vida. Algunos cuentan que cuando vuelven de la misa los encuentran con rasguños, como si se hubieran peleado con los otros niñitos. Por eso los cuidan mucho. Este año han buscado el ajuarcito de lana para que su niño no sienta frío cuando nazca, el 24 de diciembre”, dice Severina Ajllanco, artesana que vende hace 30 años en la Feria de Navidad de la Ciudad Satélite, una de las más tradicionales de El Alto, donde los artesanos se instalan desde el 12 ó 15 de diciembre para exponer sus productos en yeso y otros. con gran afluencia de personas

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