Fecha : 2011-11-06
  Experiencia “escritural” y los neologismos en el cambio
La esquina

El proceso creativo en la nueva historia del país se refleja en diversas expresiones como una evolución del pueblo, una de ellas, sin duda, el lenguaje...el nacimiento de la República asumió su nombre como una alegoría política.

Según las investigaciones de la historiadora Esther Aillón cuando el país asumió el nombre de Bolivia aún  quedaba un largo tiempo para que el gentilicio boliviano sea adoptado.

Edwin Conde Villarreal

Periodista


Todos en nuestra cotidianidad alguna vez pensamos en “cómo hacernos entender” y a modo de una urgencia cotidiana de comunicación inventamos palabras que van llenando ese vacío, que pone en evidencia una imagen poética, pero sin que el poema se encuentre en medio del asunto.

Un neologismo puede definirse como una palabra nueva —en un proceso de creación— que aparece en una lengua, la inclusión de un significado nuevo en una palabra ya existente o una palabra procedente de otra lengua.

La creación de los neologismos se produce por modas y necesidades de nuevas denominaciones. Desde el punto de vista del purismo —proteccionismo lingüístico con una actitud o tendencia que rechaza las aportaciones lexicales y gramaticales procedentes de otras lenguas— hay neologismos innecesarios, como los que alargan las palabras convirtiéndolas en archisílabos, pero también hay otros neologismos necesarios como por ejemplo: bonobús (abono que permite realizar viajes en autobús) o seropositivo (que tiene en su cuerpo anticuerpos). El investigador boliviano Oswaldo Calatayud considera que sea por derivación, parasíntesis, acronimia o por esa ‘bella ignorancia’ que suele asaltarnos de cuando en cuando, en toda lengua aparecen palabras nuevas que van dirimiendo algún asunto, o revelando de pronto cierto fenómeno (cosa o acción) hasta entonces innombrado.

“Esas palabras desconocidas van percudiendo el habla antes que el tiempo las vierta de regreso al olvido, a menos —claro— que por su espíritu hayan calado en la conciencia del otro, que no es otro más que el mismísimo lenguaje del hombre”, destaca Calatayud.

Para que una palabra sea, pues, no sólo debe tejerse en la mente de quien la crea, sino proyectarse en el orden del discurso hacia el otro imaginario, hacia esa aparatosa otredad.

La otredad

Para el escritor mexicano Octavio Paz, la otredad es un sentimiento de extrañeza que asalta al hombre tarde o temprano, porque tarde o temprano toma, necesariamente, conciencia de su individualidad

En algún momento cae en la cuenta de que vive separado de los demás; de que existe aquél que no es él; de que están los otros y de que hay algo más allá de lo que él percibe o imagina.

La otredad —menciona Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990— es la revelación de la pérdida de la unidad del ser del hombre, de la escisión primordial. Adán se descubre desnudo, habiendo perdido su inocencia, se ve a sí mismo y apenas se reconoce.

Octavio Paz sitúa el análisis del problema de la otredad en el centro de sus reflexiones y sugiere en algunos de sus textos capitales los medios mediante los cuales el hombre, especialmente su contemporáneo, puede enfrentar esta fuente de angustia y resolver los conflictos que trae consigo mediante el diálogo y mediante dos realizaciones de éste: la poesía y el amor.

Retomando a Calatayud, él dice que el tema de la otredad, tan trillado a estas alturas —aunque otrora también se presentase como neologismo— tiene aquí ese encargo: reconocer que la palabra no sólo existe en quien la escucha o quien la lee, sino en quien la asume como propia, impulsando su libre circulación o fomentando su uso, por incorrecto que sea.

La otredad, por tanto, puede plantearse más que desde esos esquemas antropológicos —escribe Calatatayud en la revista OtroArte— que incluso llegaron a considerarla un hecho fáctico, como un elemento ‘fictivo’ implícito en la genealogía del escritor —de quien crea con la palabra—. Interesa, por tanto, esbozar qué relación —no temática ni retórica— tiene la otredad con la literatura en un estadio específico de ésta, la experiencia escritural.

Bolivia de Bolívar

Es importante mencionar un artículo publicado en El País en 2010 en el que la historiadora Esther Aillón reflexiona sobre el nacimiento de la República de Bolivia y la alegoría política de su nombre.

En los debates de la Asamblea Deliberante —señala el estudio— la denominación que se utilizó fue Alto Perú. Pero el 11 de agosto de 1825 se aprobó la Ley de Premios y Honores a los Libertadores cuyo primer artículo señalaba: “La denominación del nuevo Estado es y será para lo sucesivo República de Bolívar”.

La Asamblea confirió a Bolívar el título de Libertador, padre de la patria y presidente vitalicio, y le obsequió una medalla de oro (a él y a Sucre) grabada con el Cerro de Potosí, que al reverso llevaba la inscripción: “La República agradecida al héroe cuyo nombre lleva”.

El nombre de Bolívar fue adoptado como una estrategia de reconocimiento de los diputados ante la desconfianza del Libertador de disgregar la América liberada en pequeñas parcelas soberanas. A pesar de su inicial rechazo, se sintió halagado y persuadido por la decisión de bautizar al nuevo Estado con su nombre y aceptó su independencia.

Para Aillón, el cambio de nombre a República de Bolivia se produjo meses después sin una resolución expresa de la Asamblea Deliberante. Reza el dicho que el diputado por Potosí, Asín, estampó el nombre Bolivia en una misiva al Libertador. Sería suya la expresión: “De Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia”.

El inédito nombre supuso un cambio importante para sus habitantes, aunque quedaba un largo trecho para que el gentilicio boliviano fuera adoptado. Aún hoy, la inclusión política es un desafío pendiente, dice Aillón en su artículo.

Neologismos en el cambio

Según Rolando Morales Anaya en su estudio denominado: Frases y neologismos del proceso de cambio, contrariamente a lo que ocurrió en 1952 cuando la Revolución fue conducida por intelectuales y el pueblo, elaboró frases y vocablos que la acompañaron, el proceso actual, dirigido por indígenas, está acompañado de frases y neologismos elaborados por estudiosos, resultando algunos de ellos ininteligibles para la mayor parte de los bolivianos, por ejemplo, estado “multinacional” o “economía social comunitaria”.

Para el experto en Econometría y docente del Programa Andino de Derechos Humanos de Bolivia, la expresión Estado multinacional hace pensar a un Estado que cobija múltiples naciones. En principio, ello podría asustar pues significaría la división de Bolivia en pedacitos.

A esta posible crítica, el jesuita y antropólogo Xavier Albó aclara que nación y estado no es lo mismo, siendo el primero un apelativo de un grupo humano con fuerte identidad de grupo mientras que estado hace referencia a la estructura política.

Otro de los planteamientos de Morales se refiere al cuestionamiento de ¿qué significa ‘saberes tradicionales’ Se supone que la palabra ‘saberes’, que no existe en español, hace referencia a conocimientos.

Cuando le pedí a un amigo que me explicara —destaca Morales— su contenido, balbuceando me dijo que se refería a los sistemas de riego y a la utilización de hierbas medicinales. Comenté que ese tipo de ‘saberes’ era muy común en muchas culturas antiguas.

Quizás la parte sobre la cual habría que extenderse es la referida a la moral de nuestro pueblo, entendida como el conjunto de costumbres y valores que rigen la vida de la comunidad, explica brillantemente Morales.

“Hago este comentario porque me parece que la historia de Bolivia está siendo reinventada con gran creatividad”,

El proceso de cambio por el que atraviesa Bolivia permite la expresión de los procesos creativos que se reflejan en una serie de expresiones que surgen del mismo pueblo como una evolución de la población.

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