Fecha : 2011-09-04
  MANUELA DE GANDARILLAS heroína, cerebro y brazo rebelde
Revista 7 Dias

Karem Gandarillas*

El 27 de mayo de 1812, centenares de mujeres siguieron la voz de doña Josefa Manuela De Gandarillas, líder de las heroínas de la Coronilla que decidió enfrentar al general  José Manuel de Goyeneche, cuando éste intentó tomar la ciudad de Cochabamba al verla desguarnecida.

Ofrendar su vida en pos de la libertad, fue una decisión que ya había sido tomada por la guerrillera, muchos años antes que el llamado Conde de Guaqui hubiera derrotado a los cochabambinos en 1811, en los campos de Kewiñal y Quirquiavi.

Manuela pasó a la historia como guía de un movimiento femenino que resistió junto a sus hijos al ejército realista en San Sebastián, pero pocos saben que fue uno de los cerebros que organizó las revueltas independentistas.

Sin embargo, la iniciativa no fue sólo suya, sino que partió de una decisión familiar que también protagonizó movimientos libertarios en Argentina y Chile.

Gandarillas provenía de una familia de origen noble procedente de la Península Cantábrica en las sierras de  Gándara, España, de donde se desprende el apellido.

Sus ideales revolucionarios los llevaron a identificarse de forma plena con el clamor del pueblo y a desdeñar los escudos nobiliarios que heredaron.

Manuela De Gandarillas también revolucionó los derechos femeninos de su época, dado que, a diferencia de varias mujeres de esa época, sabía leer y escribir.  Esos saberes le permitieron formar parte de las reuniones de los patriotas, al extremo que algunas de ellas se celebraron en su casa, ya sea en secreto o bajo el pretexto de tertulias.

Esos conocimientos y su vocación libertaria la llevaron a constituirse en una especie de consejera del pueblo. Muchas mujeres recurrían a ella para buscar orientación e incluso bautizaba a niños de su hacienda y de la región, muchos de los cuales llevaron el apellido Gandarillas.

Esa afinidad llevó a las damas cochabambinas de todas las clases sociales a confiar en sus palabras. Fue también ése el instrumento que Manuela usó para convocarlas a defender sus hogares cuando no había hombres para frenar el avance de las tropas de Goyeneche.

Manuela estuvo marcada por un defecto visual que la obligaba a requerir ayuda para movilizarse cuando caía el sol. Fue denominada “la ciega” Gandarillas y fue con ese apelativo con el que la registraron tras su deceso. Quizá por esa razón, algunos historiadores la señalaron como “invidente”, en la búsqueda de algún sinónimo.

Prueba de que su vista no estaba obstruida del todo, son los registros históricos de la batalla de San Sebastián. Cuando Goyeneche la hiere, ella lo mira a los ojos para retarlo, al mismo tiempo que toma entre sus manos la sangre que vertía su pecho y se la arroja en la cara.

Manuela, como única hija mujer, criada al lado de hermanos varones, sabía manejar el sable como uno de ellos. Cuenta el relato familiar que el momento de enfrentarse a Goyeneche era la única dama que manejaba un arma, pues el resto alzaron palos y piedras para defender sus hogares.

Sin embargo, este es uno de los hechos más olvidados en las páginas de la historia, tal vez porque para los cronistas de la época, no era un hecho muy femenino blandir un sable o porque la figura de una mujer más indefensa resultaba conmovedora.

Pero sus actividades revolucionarias nunca riñeron con su femineidad. Manuela era una dama a la que le encantaban los quehaceres domésticos y la cocina fue una de sus más grandes virtudes.

* Es periodista, bisnieta en línea directa de la heroína.

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