Fecha : 2011-02-20
  la medicina ancestral de los lecos
Revista 7 Dias

José Luis Valdez Mattoz*

Después de diez años de paciente trabajo, Juan Mejía terminó de recopilar la sabiduría de los ancianos de su pueblo en medicina tradicional y la plasmó en su libro-cuaderno Yenna bos aya Leco (plantas medicinales de los lecos), que ofrece unas 470 recetas para curar diversas enfermedades con arbustos de la rica región de Larecaja, en el norte de La Paz. Es una sabiduría que sobrevivió por cientos de años en su pueblo y que fue pasando de generación en generación. Hoy esa riqueza estar al alcance de todos.

“Están ahí y no es más que mirar a nuestro alrededor y tenemos todo un laboratorio natural que lamentablemente se está perdiendo, porque no hay alguien que se encargue de hablar con los más ancianos y abuelos para que transmitan sus experiencias en la curación de cualquier enfermedad”, dice Mejía, joven leco perteneciente a la comunidad de Wituponte.

Este libro-cuaderno, que ya se distribuyó en las comunidades en 2010, reporta los nombres en la lengua leco de las plantas, los nombres comunes, las recetas medicinales más algunas notas y fórmulas curativas conocidas por otros pueblos.

Plantas y árboles silvestres como la ahusa, anu, aycha aycha, belbaki, kawallo walus, chayoba chayoba, chiriri, chiuchi, cicijeo, cotzu, doa doa kat, ewetto, hachu bat, jiri, jalwoy, kayu y kata wetnote tienen propiedades medicinales y ahora están a nuestro alcance en el extenso trabajo de Mejía.

El trabajo de recopilación de datos se realizó con entrevistas a 15 ancianos y sabios de esta etnia. Mejía, además, hizo un estudio de las plantas en la misma selva, allí acumuló una valiosa información que en parte se encuentra en el libro- cuaderno.  

“El objetivo de esta investigación es potenciar la medicina tradicional de Bolivia y rescatar el conocimiento ancestral de mi pueblo como proyecto piloto sobre el uso de la biodiversidad con la participación de las comunidades, valorizando la cultura leco, además  de estimular y fortalecer la conexión entre las diferentes generaciones”.

Todo el proceso de recolección de la farmacopea de la comunidad leco —recuerda—  se realizó en las comunidades de Karura, Candelaria, Baron Pampa, Wituponte y Uyapi, de la provincia Larecaja en el norte paceño.

Sin embargo, aclara que antes de empezar este proyecto se firmó un convenio con el directorio de Pueblos Indígenas Lecos Comunidades Originaras de Lerecaja (Pilcol) para formalizar el trabajo y obtener el permiso para investigar sobre los recursos naturales locales y el conocimiento ancestral, lo que se cumplió devolviendo la información en un texto para contribuir a rescatar la cultura originaria de este pueblo.


LAS PLANTAS MEDICINALES


En su libro-cuaderno Yenna bos aya leco, Mejía muestra en detalle el uso de las plantas en recetas. Cualquier persona puede interpretarlas y aprender sin dificultad a preparar los remedios para curar diferentes enfermedades.

Éstas son, por ejemplo, algunas plantas que sirven para aliviar diferentes males:


Bat  kisño (matapalo). Sirve para curar el dolor de cintura y las luxaciones, hernia, apendicitis y la inflamación estomacal.

Boo-itapallo macho grande o SII-itapallo morado. Sirve para curar el sarampión, combatir el cáncer de matriz, reumatismo y artritis.

Kinia (guineo, plátano manzano). Alivia los males de los riñones, el asma y la pulmonía. Un buen remedio es la resina que se saca de la base del tronco del plátano manzano. Para aliviarse, el enfermo debe tomar esta sustancia.

Hachu  (caña de azúcar y caña morada). Cura la diarrea, como también la intoxicación con pesticidas y sirve como tónico fortificante del organismo.

Ewetto (motakú). Para la gusanera, las quemaduras, la caspa, alergia al calor (pitaí) y para hacer crecer (fortificar) el cabello. Sirve para atenuar los cólicos estomacales.

Chiriri (pega pega). Calma el dolor de cintura (lumbalgia, ciática); se puede utilizar para tratar la fiebre, el sarampión y algunas afecciones del corazón.
Cacao. Cura algunas infecciones de la piel que provocan comezón; también alivia la diarrea.

Uña de gato. Se utiliza para las afecciones de los riñones, como también para la inflamación de las vías urinarias.

Palanta (plátano). Puede desinflamar las quemaduras. También sirve para lavar heridas y detiene las hemorragias.

Siquili (pacay cola de mono). Es una planta que los lecos la utilizan para escarmentar la borrachera y también para aliviar la tosferina y coqueluche.

Sumatita (columuni). Esta planta es buena para los dolores de huesos y las luxaciones; también se utiliza para los riñones y las afecciones del hígado.

Tit muni muni. Sirve para combatir las enfermedades renales, baja la fiebre y limpia el organismo de manera general.


TEXTO INTERACTIVO


Mejía recuerda que este texto interactivo ha sido coordinado y aprobado por los técnicos del Ministerio de Educación que comprende las áreas de: tierra, territorio y ciencias naturales, acorde a la nueva estructura del diseño curricular, en el marco de la Ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez.

Pese al tesonero trabajo de recopilación de datos, Juan cree que mucha información sobre plantas medicinales en Larecaja no fue recogida aún y que es conocida por los abuelos y sabios que viven en las comunidades de esta región.

“Éste es un libro pero también un cuaderno de trabajo didáctico, que necesita de la curiosidad y precisión de los estudiantes, y sería utilizado en horario de clases y en coordinación con las autoridades de las universidades educativas; busca profundizar en la investigación de los jóvenes con visitas a los abuelos y a todos los que gustan sobre el uso de las plantas de la medicina leco”, sostiene.

Sin embargo, el texto de Mejía advierte que la medicina natural  debe usarse cuidadosamente y siempre consultando a las personas que saben y que ya experimentaron el uso curativo de las plantas.

“El empleo descontrolado de las hierbas puede ser peligroso para el paciente, ya que algunas medicinas naturales son muy fuertes. Si la preparación y suministro no son adecuados, resultan a veces tóxicas y hasta mortales”, dice.

Algo que preocupa a este joven leco es que hoy en día, si bien el desarrollo ha llegado a su comunidad, las nuevas generaciones de jóvenes de su etnia poco a poco se dejan absorber por la aculturación, lo que está provocando la pérdida de identidad. 

“Necesitamos valorizar convenientemente la biodiversidad que nos rodea cultivando y acercando a las comunidades las especies de plantas silvestres útiles. Plantas como el karasimayo, sulupa, carambola, pan de fruta, achachayru, kayu, pera de monte y otras especies que sirven como alimento y remedio”, añade.

Asimismo, Mejía  pide a las autoridades encargadas del cuidado del medio ambiente y a los comunarios de las etnias,  seleccionar y difundir las semillas entre los pueblos cercanos para que no se pierdan los cultivos variados, establecer la permacultura, además de promover el intercambio y la conservación de este precioso recurso.

“Necesitamos recuperar el uso y el cultivo de las plantas medicinales para aprovechar los remedios y posiblemente utilizarlos como fuente de ingresos para las comunidades y las escuelas”, propone Juan.

* Es periodista.

Etnia en extinción

Los escasos conocimientos de los lecos acerca de su surgimiento parecen circunscribirse al legendario Santos Pariamo, célebre por su resistencia contra los colonialistas españoles.
Según algunos historiadores, esa etnia, una de las 36 que viven en Bolivia, se estableció hace mucho tiempo en las provincias paceñas Franz Tamayo y Larecaja, donde permanecen hasta hoy, aunque apenas conservan las tradiciones originales.

Según estudios antropológicos, la etnia leco data de una época precolombina, incluso anterior al florecimiento del imperio Inca.

Los lecos son reconocidos por la gran oposición que brindaron ante los invasores provenientes de España, a quienes impidieron el asentamiento en sus territorios. Empero, esa capacidad combativa no resultó suficiente para contrarrestar la constante irrupción de quechuas y aymaras en sus comunidades, lo cual devino en un creciente proceso de aculturación que amenaza con provocar la desaparición del legado que dejó ese pueblo.

Ese fenómeno causó una acelerada depauperación de las costumbres y, entre otras consecuencias, condenó a un olvido casi perpetuo a su lengua (rikha) al asumir el quechua y el aymara como propias.

El contacto de la comunidad leco con la civilización dejó un impacto muy negativo para su idiosincrasia, que por estos días sólo la conservan personas de avanzada edad.

Se mezclaron con los colonos aymaras y también con los quechuas. Todos sus pueblos han vivido la misma situación, en una sociedad donde predomina la religión católica.

Por esa situación, muchos expertos y autoridades originarias consideran a los lecos una etnia en extinción, que en la actualidad posee una reducida población, no superior a los cinco mil habitantes.

Amén de ese proceso de aculturación, algunos ancianos se quejan de la escasa voluntad de numerosos jóvenes por seguir o rescatar las prácticas ancestrales de la población.

Ante ese panorama, la dirigencia comunitaria y algunos jóvenes como Juan Mejía intentan retomar algunos de los hábitos ancestrales, en especial las danzas y su medicina, a través de un programa educativo impartido en las escuelas locales.


Otras plantas curativas

Lais kata (hierba buena). Calma el dolor de estómago, cura el catarro, la excesiva secreción de leche de las mujeres. Previene el ataque cardiaco y ayuda a superar el cansancio y la debilidad.

Likat (leche leche). La savia de esta planta ayuda a curar las infecciones que se producen en los ojos y alivia las molestias de la irritación.

Lewa (Llausa) calma el dolor de cabeza y los cólicos.

Llanten mayor. Acelera la cicatrización de las heridas, las desinflama y desinfecta.

Marancil (marancela). Esta planta es buena para aliviar las partes golpeadas del cuerpo.

Mentaj chijno (rompepeña). Ayuda a curar los males de los riñones pues disuelve los cálculos en este órgano, también calma los dolores de la vesícula.

Nonchiaba (chinche chinche). Baja la fiebre, calma el dolor de cabeza y baja las hinchazones.

Paja cedrón (hierba luisa). Desinflama después del parto, además activa al riñón para su buen funcionamiento.

Tol (tutuma). Cura la coqueluche y la tos fuerte.

Tome. Baja la fiebre y cura las afecciones renales, además desinflama la próstata.

Toro lía (sangre de grado). La sabia de este árbol combate la tuberculosis, las úlceras estomacales y la gastritis.

Tumaz Tumaz (floripondio). Baja las hinchazones y calma el dolor de huesos, también sirve para la anemia y el cansancio.

Tupuch (algodón). Calma el dolor del oído en los resfríos, las molestias del reumatismo y es un remedio eficaz para combatir la hepatitis.

Yarita (copal). Esta planta sirve para cicatrizar las heridas y para calmar el dolor producido por golpes. Alivia el ardor del estómago y es efectivo contra la hernia.

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