Elecciones: los pobres contra los ricos
Opinión
Remberto Cárdenas Morales Periodista
El 6 de diciembre (incluso ahora y antes) la confrontación, por tiempo indeterminado, es y será entre la propuesta de los pobres, representada por Evo Morales, y la de los ricos, aunque ésta esté constituida por una o varias candidaturas, incluidas sus contradicciones secundarias. La primera tiene posibilidades ciertas de ganar, y sin segunda vuelta, porque la gente sencilla, especialmente, votará por el mejor gobernante de este período de la democracia vigente (aunque ésta todavía no es plenamente de y para el pueblo).
Estos dos últimos datos, sobre preferencias electorales y calificación a los gobernantes, fueron publicados la anterior semana por Poder y Placer, revista que entrega criterios de los grupos empresariales cruceños y de la derecha: una prueba de eso es la cobertura preferente que esa publicación le concede al ex Prefecto de Pando, el que en su último número está entre los que escribe o firma una nota periodística, como antes difundió varias entrevistas hechas a ese ex funcionario público y todavía titular principal del poder regional pandino. Se junten o no los candidatos que sueñan con derrotar en las urnas al Presidente de la República, con base en la información que se conoce y sin olvidar los medios tonos, es posible afirmar que aquéllos representan los intereses empresariales que conservan casi intacto su poder económico y parte del poder político, entre los que, unos más que otros, gozan de la simpatía del imperio y/o de las corporaciones transnacionales.
Entre los favorecidos por el Partido Republicano está el que fue Prefecto en Cochabamba, al que se le revocó su mandato y quien precisamente en tiempos electorales asistió a una convención de ese partido estadounidense. Otros, como el empresario cuyas fábricas producen cemento, cuentan con vínculos con empresas internacionales y con organizaciones socialdemócratas europeas. El ex Vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada recibe respaldo o tiene simpatía de lo fue el populismo latinoamericano, derechizado ahora: APRA de Perú y PRI de México, entre otros. Un ex Presidente, candidato a ese cargo, tiene nexos con el imperio, a pesar de ciertos desplantes verbales hacia la potencia del norte difundidos mientras ejercía la Presidencia de Bolivia.
El ex dirigente cívico cruceño, candidato impuesto a los emenerristas y uno de los alzados contra los cambios de la transición boliviana, más allá de que algunos medios ven moderación y hasta poses democráticas en él, integra una logia cruceña y se comporta muy funcional estos últimos días como otrora a los prefectos y dirigentes cívicos opositores. La cientista política es candidata de un ex Prefecto paceño (revocado) y proclive al MNR, la que declaró que no es florero al referir sus pretensiones electorales. Los candidatos de origen popular (especialmente agrario) son marginales, pero quizá se acomoden entre los candidatos a la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional. Entre los candidatos de derecha o al gusto de ésta hay diferencias, pero de menor importancia, por lo que podrían alcanzar acuerdos. Si acaso se frustra la candidatura única de la derecha para las elecciones de diciembre, cuando menos buscarán que esa votación se concentre en beneficio de alguno de los postulantes que mejor exprese esos intereses y los del imperio.
También es necesario analizar (contextualizar, explicar, organizar y proyectar) el discurso y los programas de los candidatos de la derecha y del imperio, desde la trinchera de los pobres, mas en esa labor es aconsejable evitar superficialidades e insultos que suplanten las ideas. Empero, cabe un adelanto en esa dirección para entender mejor las posturas de aquellos candidatos y sus voceros, oficiales y oficiosos, ahora que se constituyen y se reconstituyen: — Los que se presentan como avanzados, o que presumen serlo, sostienen que hay que corregir la forma de los cambios, que éstos son necesarios, hasta imprescindibles, pero deben ser “reconducidos”, dice uno de los que redactó el Plan de Todos del MNR.
—Otro, en rara coincidencia con miembros de una falsa izquierda, rechaza medidas del gobierno actual, como la nacionalización de los hidrocarburos, porque dice que no es tal. El ex Presidente que sucedió a Sánchez de Lozada hace esa afirmación a pesar de que antes admitió que le faltó coraje para tomar esa medida nacionalizadora. Si asumiera una autocrítica por aquella omisión, se le podría escuchar. Al contrario, asegura que Evo Morales encarna “uno de los movimientos más devastadores” (destructores) que se haya conocido en nuestro país. — Uno de los voceros de los separatistas asegura, desde el Penal de San Pedro, que Evo Morales destroza el país, por lo que para ellos es un deber derrotarlo en las elecciones de diciembre, para lo que sugiere frente único de la derecha y una candidata mujer (la politóloga de marras que espera ser proclamada a ese cargo) y hacer campaña que salve a Bolivia de lo que llaman “totalitarismo”. Admitamos, como ejercicio, que algunos de esos desplazados del poder político están en favor de los cambios, pero eso no basta porque ellos tienen una coincidencia fundamental: rechazan, aunque lo nieguen, el contenido de los cambios de la transición boliviana. Y, sin decirlo, en el mejor de los casos, desde el poder que sueñan con recuperar, promoverían un proceso reformista burgués contemporáneo y al gusto de los yanquis, como lo hicieron los movimientistas, especialmente, luego de que fuera “derrotada” la Revolución de abril de 1952.
Dicho de otra forma: a aquellos candidatos y sus voceros, palabras más palabras menos, cuando hablan de extraer litio e industrializarlo o lograr productos ecológicos, jamás se les debe creer que quieren sustituir la economía capitalista, dependiente y atrasada que, incluso ahora, apenas deja de ser en pequeña medida lo que era porque no se modifica la forma de producir, aunque los mecanismos de distribución, con los bonos, registran alteraciones positivas. Los cambios que se ofrecen desde la derecha serían sólo dentro de la estructura, pero en ningún caso para que ésta sea otra y se la sustituya por un modo de producción más avanzado. Sería únicamente un sueño inocentón esperar que el empresario del cemento, desde el Palacio Quemado, socialice sus empresas o las convierta al “capitalismo popular”, como se decía antes. En esta materia, los pobres no tienen dónde perderse. Menos mal. La candidatura de Evo Morales es de los pobres y de todos los que la apoyamos, incluso con críticas. Y aunque tenemos la certeza de que ganará el 6 de diciembre de este año, debemos hacer campaña para reafirmar esa victoria anunciada, todo para acumular un apoyo electoral lo más crecido posible y para aproximarnos (o conseguir algo más que eso) a las dos terceras partes del electorado.
La mejor campaña que tiene que impulsar el Gobierno es hacer mejor las cosas, en el escaso tiempo que le resta de mandato. Debe enmendar errores y superar insuficiencias, así como es urgente que enfrente la corrupción que le daña, a él y al proceso, más que la oposición. En los movimientos sociales y políticos que apoyan al Gobierno hay los que consideran que la victoria electoral está asegurada y que resta poco o nada por hacer. Confían, además, en que el líder realizará lo principal para ganar las justas electorales de diciembre, como antes ocurrió para el referéndum que lo confirmó en la Presidencia. Ésa es una manera incorrecta de asumir las tareas políticas de este tramo de la lucha. Otros dan por perdidas a las capas medias y, por tanto, añaden que con éstas nada o casi nada se puede hacer, a menos que ellas vuelvan sobre sus pasos y voten por Morales. Ambas actitudes tienen que ser vencidas, por erróneas.
Aunque se afirme que es segura la victoria electoral, la campaña (en las dos direcciones anotadas) debe emprenderse de inmediato, como sucede en algunos lugares, pero deben reproducirse esos buenos ejemplos. En todo tiempo (incluido el período electoral que vivimos) la actividad ideológica y política entre las campas medias (y todo el pueblo) debe ser permanente. Una enseñanza boliviana y latinoamericana debemos tener siempre presente: los cambios tienen que contar con el apoyo de las más amplias capas medias de la sociedad boliviana, jamás sin ellas y menos en su contra.
Los electores de Evo Morales esperamos que los candidatos a la Asamblea Legislativa Plurinacional sean los mejores representantes del pueblo. No se debe esperar que los votantes del bloque de los pobres sean convocados a sufragar por un tronco vestido de candidato, según el giro popular. Los militantes de verdad pueden hacer esto último, pero los electores incluso tienen derecho a elegir y a votar sólo por los abanderados.
El movimiento social y político que apoya a Evo Morales tiene fuerza para ganar las próximas elecciones. Sin embargo, ese vigor es insuficiente para defender, consolidar y profundizar el proceso con los cambios que se abren paso, pese a las resistencias abiertas y encubiertas. En este tiempo electoral, además de ganar la batalla por la inscripción de los electores y por afirmar y reafirmar a éstos, es necesario participar en la lucha de ideas con la disposición de triunfar en ella, y ampliar la unidad del pueblo y reforzar su organización. El 6 de diciembre, Evo Morales debe ganar las elecciones y los pobres con él, y además tendría que conseguirse un movimiento social y político agigantado. Victoria que, básicamente, implique reproducir el poder político conquistado (sólo parcialmente) y lograr que aquél sea pleno para que las reformas avanzadas se extiendan hacia un proceso revolucionario.
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