Fecha : 2008-08-03
  Los pueblos indígenas celebran una de sus conquistas históricas
Especial

El primer decreto supremo de autonomías indígenas y campesinas, sin precedentes en la legislación internacional, fue festejado ayer en Camiri, departamento de Santa Cruz, 1.200 km al sudeste de La Paz, donde se congregaron representantes de la mayor parte de los pueblos originarios de Bolivia, en el mismo lugar donde hace 74 años los abuelos de éstos iniciaron una feroz contraofensiva para hacer retroceder más de 120 km, hasta la actual línea fronteriza, al ejército paraguayo instalado en frente de las petroleras bolivianas en el eclipse de la Guerra del Chaco (1932-35).

En el Día del Indio, como se designó al momento en que los promotores de la revolución popular de 1952 entregaron tierras a los indígenas, reducidos hasta poco antes a un régimen esclavista, los pueblos originarios de Bolivia llegaron hasta esta ciudad pujante, de 30.000 habitantes y enclavada en los contrafuertes de la cordillera de los Andes, para saludar otro de los momento históricos de su tortuosa relación con el Estado boliviano: autonomía para los originarios, es decir, "gobierno, libertad, territorio y dignidad", materializados en un cuerpo de leyes, el mismo día en que hace 56 años se firmó el decreto de la Reforma Agraria, que se radicó en el oeste andino del país y que no causó estado en las tierras bajas y el chaco.

Entre 5.000 y 7.000 personas abarrotaron las graderías del estadio comunal de Camiri, en cuyo rectángulo de fútbol se situaron algunos cientos más para testimoniar este episodio de la historia reciente de Bolivia, por primera vez gobernada por un indio e inmersa en un proceso de cambios estructurales, políticos, sociales y económicos sin precedentes en la vida institucional del país aún más pobre de Sudamérica.

La autonomía indígena que permitirá a los 36 pueblos originarios de Bolivia elegir sus autoridades y regir su convivencia a las leyes consuetudinarias de sus ancestros está contenida en el borrador de la Ley Marco de Autonomías y Descentralización que impulsa la administración del presidente Evo Morales, en la órbita de la nueva Constitución boliviana, en vigor desde febrero de este año, y atiende, en su concepto general, las reivindicaciones de las nueve regiones de Bolivia, sujeta desde 1825 a un secante modelo centralista.

AYMARAS Y GUARANÍES

Como hace 74 años, reclutados en la quinta división boliviana para contener la embestida paraguaya, indígenas de las nueve regiones bolivianas, de las elevadas montañas de los Andes, de los valles subandinos, del chaco y las tierras bajas de la amazonia y el trópico llegaron a Camiri para celebrar la otorgación de su autonomía, la primera en 184 años de vida republicana.

Los famosos Ponchos Rojos de Achacachi, en el departamento de La Paz, tomaron ubicación en las poltronas emplazadas en plena cancha de fútbol para escuchar a su líder, el "presidente Evo", decir que desde ya corren las autonomías indígenas, originarias y campesinas.

Enfundado en un poncho escarlata con motivos andinos cruzado por un látigo trenzado de cuero de oveja, tocado por un sombrero Borsalino, pantalones negros y enzapatado, Florencio, aymara como Morales y de 43 años, se ha plantado a la diestra de Víctor Flores, un guaraní cuya vestimenta no guarda relación con el tipo occidental de vestimenta.

Flores ha sido, tal vez, el más requerido por hombres y féminas que le han encarecido por una fotografía.

De complexión robusta, a sus 60 años, Víctor, que habla un castellano sin tacha, viste con la indumentaria de todos los días.

Este guaraní, a quien acompaña su mujer, que luce más años de los que debe tener, apariencia que le consigna una larga cabellera gris, lleva un suerte de túnica color beige tejida con hilos de carahuata, un arbusto enano protegido por venenosas espinas que fructifica en su natal Capirendita, "de Villamontes (en el extremo meridional de Bolivia, en el límite con Paraguay), ahí abajito".

Es en realidad una malla de carahuata que subraya su musculatura y lo único que media entre su desnudez y las miradas que lo han puesto en el centro de las cámaras.

"Está bien", responde lacónico consultada su opinión sobre las autonomías indígenas, originarias y campesinas. Erguido sobre dos pies fuertes y callosos que parecen prescindir de calzado alguno, no se desentiende, pese a su rigidez, de los dos arcos y acopios de flechas que cuelgan, a manera de implemento, en su espada y tórax.

"Es para cazar animales, la comida", afloja sin desprender la mirada del ministro de Autonomías, Carlos Romero, que lee inextenso los artículos pertinentes de la parte sinodal del instrumento jurídico de autonomías. Su piel cobriza y los rasgos avellana de sus ojos, sumados a una barba incipiente pero prolija, no se imponen a unas líneas trazadas "con carbón" de color azul en el rostro.

Parece un trazo arbitrario, pero en realidad guarda un simbolismo ancestral en el pueblo guaraní al que pertenece.

EL ARETE GUASU

Poco más allá, un joven mojeño, de 19 años, proveniente de Trinidad, capital departamental de Beni (nordeste) atiende imperturbable el discurso del presidente Morales, que no pudo evitar, pese a su mirada suplicante, que una hermosa joven, color piel canela, de impresionantes ojos redondos distinguidos por enormes y pobladas pestañas del mismo color que su ensortijada cabellera negro azabache lo ponga, de un jalón, sobre tablas y lo obligue a danzar, en círculos, el popular arete guasu.

En pleno baile comunitario en que todos, tomados de la mano aplican, entre salto y saltito, dos derechos arrastrados y un izquierdo largo, uno de los danzarines, muy joven él, se acercó al Presidente y le empoderó al encasquetarle, a manera de cetro, un abanico de plumas multicolores.

El ejemplo y arrojo de la adolescente fue calcado por otros grupos folklóricos que no dudaron para poner en escenario al mandatario que diletó, pese a sus empeños, con la diversidad de bailes que ensayan las variadas culturas indígenas bolivianas.

Cerca de la palestra donde se registran las danzas y los discursos de representantes indígenas de México, Guatemala, Chile, Ecuador, Guatemala y Venezuela, un conjunto de 10 niñas procedentes del central Chapare ensayan nerviosas el bailecito en el preámbulo de su presentación.

Ellas se han colocado un atuendo color tierra que extraen de la corteza de un árbol, el corochó, que sin necesidad de curtirla proporciona un material absolutamente maleable que ellas, sujetas a sus usos culturales, han convertido en vestidos de fiesta, por lo demás, térmicos para mitigar el surazo que empuja la cordillera del Aguaragüe.

Los quechuas también se dieron cita en el estadio de Camiri, cuya población sigue el acontecimiento por la televisión y compartieron, militantemente, la celebración de la ley, en embrión, que permitirá al 63% de la población de Bolivia elegir a sus autoridades y regir sus días, en apego a los mandatos de la nueva Constitución que ha incorporado el término y concepto de autonomías.

La población de Camiri, un cóctel de indígenas de todos las latitudes de Bolivia, mestizos y blancos resume el proceso que Morales ha dicho, convencido hasta la intoxicación, que nada ni nadie podrá revertir, al tiempo de llamar a los secularmente desposeídos a fortalecer las economías para erradicar el modelo que hizo, a unos, "ciudadanos de primera" y, a otros, "de segunda".

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