La producción de Caracol comienza a germinar en Santa Cruz

Foto: Cortesía MA. Velázquez.
Criadero industrial.

Diego Ponce de León M.

Una tendencia que se desarrolla rápidamente en el mundo es la alimentación sana. El consumo de caracol tiene bastante demanda en el mercado internacional y el país empieza a conocer sus bondades; tiene condiciones y puede aprovechar las oportunidades que ofrece la producción helicícola.

El caracol es una especie de molusco que cuenta con ventajas alimenticias, es bajo en grasas y tiene una gran cantidad de proteínas y aminoácidos. Recientes investigaciones revelan que tiene propiedades regenerativas en las células.

La helicicultura es la actividad de crianza de caracoles de tierra en cautiverio. “La crianza de caracoles en Bolivia es casi nula a pesar de las óptimas condiciones climatológicas que presenta a lo largo del territorio nacional”, señala el experto argentino de helicicultura Miguel Ángel Velázquez.

En Bolivia no existe un hábito de consumo de carne de caracol. De acuerdo con un sondeo de opinión realizado por Cambio en la urbe paceña, de 20 entrevistados (de características distintas), ninguno explicó lo que es la helicicultura ni que ingirió carne de caracol en su vida pese a conocer el uso del invertebrado en productos de belleza.

Producción
Velázquez subrayó que la diversidad climática de Bolivia no es un impedimento para criar al molusco porque éste se adapta rápidamente a su entorno, “pero tiene que ser observado para controlar su desarrollo y garantizar una reproducción exitosa”, recomendó.

Pablo (19) es un joven emprendedor de la ciudad de Santa Cruz que se inició hace pocos meses. “Al ser una actividad secundaria, no demanda mucho tiempo y puedo seguir trabajando en mi actividad principal, de esa manera estoy dejando que crezcan libremente, y una vez que alcance un buen número de caracoles, voy a hacer los trámites necesarios con el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) para venderlos a la industria farmacéutica”, dijo.

En La Paz, un funcionario del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras (MDRyT) manifestó su interés particular en desarrollar proyectos que puedan realizarse en el país; sin embargo, “se necesita de una capacitación y una socialización de las ventajas y oportunidades que ofrece el consumo y la crianza de caracoles en la población”, aclaró.

Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Bolivia no exporta caracoles de tierra a otros países, por el contrario, importó caracoles (de mar) de Estados Unidos y Corea del Sur en los últimos cinco años.

Mercado internacional
Desde el punto de vista comercial, los caracoles tienen un mercado muy grande y las tendencias inclinan a ampliarse, especialmente en India y China, porque tanto en Europa como en Estados Unidos el consumo está posicionado y tiene aceptación.

En América Latina existen tres países dedicados al comercio internacional de los caracoles: Chile, Perú y Argentina. Brasil solo produce para su mercado doméstico.

En Bolivia hay algunos emprendimientos helicicultores. Según Velázquez, existen tres criaderos en la ciudad de Santa Cruz, uno de ellos está en la colonia Okinawa 2.

Estos moluscos tienen mercados en distintas áreas, como gastronomía y farmacología, que son las más demandadas por excelencia, y se pueden vender de varias formas, “entre las cuales está el bicho vivo, purgado, como picadillo, como caviar o para las industrias farmacéutica”, manifestó Velázquez.

Oferta gastronómica
En la ciudad de La Paz, la oferta de platos basado en la carne de caracol no pasa de tres restaurantes, éstos únicamente ofrecen un aperitivo marinado en hierbas de 12 unidades que tienen un costo promedio de entre Bs 70 y Bs 100.

“La carne de caracol no tiene un sabor como tal, es de gusto neutro; sin embargo, se puede saborizar con ingredientes a la carta o con distintas hierbas para darle un gusto más exquisito”, manifestó el experto. También pueden comercializarse como picadillo (en envases o como embutido) o como caviar.

“La población mundial demanda cada vez más volumen de carne de caracol y es muy rentable dedicarse al comercio internacional del mismo, aunque se deben estudiar los costos de exportación”, indicó.

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Capacitación es importante para la crianza y cultivo

Miguel Ángel Velázquez, helicicultor argentino con 23 años de experiencia en la cría y producción de caracoles, impulsó la producción helicícola en Santa Cruz hace varios años con la finalidad de incrementar el número de productores y perfilar un clúster productivo industrializado.

Según el experto, la capacitación es fundamental para emprender la actividad, ya que estos proyectos tienen sus técnicas y métodos propios.

Al ser la helicicultura un proceso en el que interviene la mano del hombre, para que los resultados en el cuidado sean más efectivos es necesario una educación del tratamiento que se le debe impartir a los caracoles.

Desde que nacen, se reproducen y establecen sus colonias es importante ejercer un control sostenible para optimizar la repoblación del invertebrado, dotar los espacios y las condiciones adecuadas de temperatura, humedad y alimentación.

“Esencialmente, los caracoles necesitan de un ambiente con una temperatura no mayor a los 26 grados centígrados, pero se puede adaptar fácilmente a cualquier ecosistema”, explicó Velázquez.

Para implementar un criadero se necesita un terreno mínimo de una hectárea que tenga acceso al agua. La inversión oscila entre los 3.000 y 15.000 dólares para la construcción de las estructuras, tratamiento de terreno y otros; la alimentación requiere una inversión mínima.

La rentabilidad es muy alta y básicamente la demanda no tiene techos.