Tango y bolero batallan en siglo del tecno

La danza del tango se replica en generaciones

Jorge Cuba Akiyama
Director de Agencia de Noticias

En La Casa Argentina y en una innumerable serie de salones de La Paz, donde las típicas lo impusieron en la década de los 20 y 30 del siglo XX, en teatros, cabarets, fonoplateas radiales y biógrafos (cines), el tango pletórico está y tiene tanta vida que quienes lo bailan hoy no son sino principalmente chicos, veinteañeros que al entregarse a las brasas del amor, más allá de sincronizar en la baldosa, susurran, siéndoles incluso ajeno el romance que deja la poesía popular del bolero. Los jóvenes que adoraron ambos ritmos, sin parangón en la historia de la música latinoamericana, han ingresado hace rato en la perpendicular de la vida y la heredad de dos o tres generaciones, que no ha declinado, pese a el tendal de ritmos nuevaoleros que inundan ahora, la radio, la televisión y la internet.

Tango sensual

Nacido hacia 1880 en los bajos fondos de Buenos Aires y Montevideo, el tango, fusión de culturas de migrantes que se hallaron en las dos márgenes del Río de la Plata, amenaza, con renovado brío, con llevarse por delante el siglo XXI, después de cruzar indemne el anterior, en cuyo transcurso impuso una cultura apasionante. Silente pero omnipresente en la danza, la poesía, el cine, el arte plástico, libra una batalla por imponerse a ritmos tales como el reague, en momentos en que no muchos de los que se dejan arrastrar por la cadencia en las discotecas y los conciertos a la intemperie caen a cuenta de quién fue Carlos Gardel, el cantor de tangos más famoso de todos los tiempos, que se fue a morir trágicamente el 24 de junio de 1935 en la ciudad colombiana de Medellín.

Es bien cierto que Mi noche triste, de Pascual Contursi y Samuel Castriota, el primer tangazo que vocalizó el Zorzal Criollo, es nada más una rémora, mas no otros que universalizó este vanguardista de la música, cuyo nacimiento se atribuyen, en suerte de riña inacabable, Argentina, Francia y Uruguay. El tango que se inspiró en el lunfardo marginal, se coronó ungido por los que usaban la pulida gomina que marcó a fuegoesterotipos tan antagónicos como los ‘niños bien’ y los ‘malevos’ orilleros de las casas de burlesque rioplatenses.

Gardel reina aún sin abdicar en la internet y en los viejos discos de vinilo y se lo reconoce apenas sonar los primeros arpegios de Arrabal amargo y Por una cabeza. El tango vivió prolífico y potente en las voces e interpretaciones de Edmundo Rivero, Raúl Berón, Jorge Casal, Fiorentino, Floreal Ruiz, Aldo Calderón, Alberto Marino, Alberto Morán, Ángel Vargas, Jorge Maciel, Roberto Rufino, Héctor Pacheco, Alberto Podestá, Jorge Vidal, Roberto Chanel, Héctor Mauré, Alberto Castillo, Julio Sosa y el último grande, Roberto Goyeneche, todos en la primera mitad del siglo XX. Y con el Adiós Nonino, de Astor Piazzolla, el tango rompió sus propios límites, se dio fuerza como desafiar a las nuevas tendencias del siglo XXI.

Bolero del recuerdo

Lo mismo el bolero, nacido vital y viable en Cuba, donde, en 1910, emergió de la mano de Tristezas, escrito por José Pepe Sánchez. Pero México lo acunó y lo lanzó a la fama inexplicable en las voces de Gil, Navarro y Avilés. Los Panchos, inmortales, pese apagar la voz de Navarro, en 1987, se irguieron en sus embajadores mundiales.

Agustín Lara, Álvaro Carrillo, Ricardo Palmerín, Armando Manzanero y muchos otros echaron abluciones al bolero y terminaron de emperifollarlo para que decline jamás.

Rayito de luna, Sin Ti, Bésame mucho, Mar y cielo, Contigo aprendí y La hiedra han alcanzado fama universal en voces de Los Panchos, Los Tres Ases, Los Tres Caballeros y Los Dandys, sin eximir a los Tres Diamantes. Ahora último el inefable Luis Miguel, que lo instaló en el disco duro de los que hoy mismo cifran los 40 y 50 años. Larga vida a sus majestades.