Amaneciendo en flamantes caminos milenarios

Foto: Comunidad Sariri
Los primeros rayos del sol en el cielo mientras se muestra firme la wiphala.

Por Fernando Huanacuni Mamani *

El calendario que conocemos hoy como universal y que rige nuestras vidas en la actualidad, es el Gregoriano, promulgado por el papa Gregorio XIII después de la conversión de Roma al Cristianismo. Éste siguió a uno anterior, que si bien tenía mayor coherencia que este último, fue sometido a una manipulación mayor aún; se trata del calendario Juliano, que fue instaurado por Julio César. Es importante saber que haber adoptado el calendario Gregoriano, no tenía nada que ver con buscar mayor exactitud en la observación astronómica, sino más bien con aspectos de carácter político-religioso, vinculados a la búsqueda de expansión del poder.

En las culturas ancestrales los calendarios siempre fueron luni-solares, solares o lunares, es decir en relación con la luna y/o el sol, acompañados por la interrelación con todos los astros que constituyen los relojes maestros del multiverso (universo) en nuestro sistema solar. El calendario originario es luni-solar ya que está enmarcado bajo las fases del sol y de la luna. Está distribuido en trece meses de 28 días cada uno que en total suman 364 días, lo que conforma un año y el día número 365, está dedicado a la ceremonia del sol, WILLKA KUTI (retorno del sol en aymara) e INTI RAYMI (día del sol en quechua). Este día o estos días (dos en el caso de años bisiestos), marcan el inicio del Año Nuevo Originario en el hemisferio sur, el 21 de Junio (willka uru, día del sol en aymara). Esta fecha marca el punto de mayor alejamiento de la Madre Tierra y el Padre Sol (solsticio de invierno), por lo que se constituye en el día más frío del año.

Al amanecer del día 21 de junio se reciben los primeros rayos del Padre Sol, de un nuevo ciclo, en una búsqueda de recibir esa energía de inicio y proyectar ese nuevo ciclo no solamente con nuestras propias fuerzas, sino con las fuerzas del multiverso.

Muchos de los templos construidos por nuestros ancestros estaban orientados según los cambios del sol, uno de ellos es el Templo de Kalasasaya, en Tiwanaku. Cada año miles de peregrinos llegan a este lugar, de todas partes, para recibir esos primeros rayos solares desde aquel observatorio solar.

Los pueblos indígena originarios sabemos que no se puede lograr una armonía meramente personal; logramos armonía cuando nos unimos a los ciclos de la Madre Tierra y del Padre Cosmos. Por eso, la importancia de recuperar el calendario andino amazónico indígena originario, que no solo tiene que ver con algún tipo de reivindicación social o étnica, sino con la urgencia de volver a unirnos al ritmo y vibración del multiverso que nos permitirá una nueva percepción y expresión de la vida.

Dentro del calendario ancestral indígena originario, el 21 junio es el día del Padre Sol, el Wilka Uru. En esta fecha, el Padre Sol finaliza su recorrido y empieza a retornar a nuestras vidas. Los pueblos ancestrales, los pueblos indígena originarios, siempre hemos tenido una conciencia una comprensión del mundo, de que somos seres cósmicos. Tiwanaku ha ido enseñando mara a mara, año a año, ciclo solar a ciclo solar, que todo está conectado, que todo lo que existe en la vida está conectado y es interdependiente. Es decir, que todos los seres dependemos unos de otros. Tiwanaku y la conciencia ancestral de los pueblos indígenas originarios nos enseñan que somos seres cósmicos, de conciencia cósmica, que nuestra mente y nuestro corazón están unidos a todo lo que nos rodea y nosotros formamos parte de una experiencia comunitaria.

Occidente y la modernidad nos han sumido en una realidad aparente; nos han hecho creer que somos seres independientes y aislados, han pretendido moldear nuestras mentes a través de la educación, a través del statu quo, para convencernos de que la vida diaria que percibimos con los cinco sentidos, el mundo material, es lo único real, lo único existente y que todo lo existente está desconectado.

Pero occidente tiene que darse cuenta hoy, que el legado, esa herencia de nuestros abuelos y abuelas pervive aún y está despertando en nosotros. Estamos amaneciendo en una nueva historia, en una nueva, pero antigua conciencia. Por eso, esta historia escrita por los movimientos indígenas originarios, paso a paso, inspirados en la sabiduría de nuestros ancestros, es irreversible e incontenible; porque no es un fluir o un caminar de solo seres humanos, es un fluir y es un caminar del Cosmos y de la Madre Tierra. Occidente tiene que darse cuenta que las mentes y los corazones de los pueblos ancestrales han despertado y están con mucha esperanza y con la firme decisión de reconstituir nuestra tierra y territorios ancestrales, nuestra identidad, nuestra cosmovisión, nuestra lógica, nuestro propio paradigma. La vida es una convergencia complementaria de todo lo que existe. En esa nueva lógica de relacionamiento, Tiwanaku nos recuerda, así como en el pasado pudo articular, concentrar e integrar a muchos pueblos y naciones, en una forma de gobierno totalmente distinta; hoy Tiwanaku nos recuerda que es tiempo de articular las naciones nuevamente bajo una lógica complementaria. Este proceso de cambio, este pachakuti, son tan importantes que no solo son para Bolivia, sino para el mundo, el mundo está despertando en una nueva conciencia y en eso tenemos que despertar también desde nuestra cosmovisión. La percepción espiritual es el origen para todo cambio, porque son los fundamentos sacros los que definen una realidad. Es por eso que los pueblos indígena originarios a través de las ceremonias, de los ritos ancestrales hemos resistido primero en la colonia y luego en la república; y hoy en un nuevo Estado caminamos seguros porque sabemos que ésta es una fuerza incontenible diseñada por nuestros abuelos y abuelas. Estamos amaneciendo; el Padre Sol está comenzando a retornar. Ha amanecido y nosotros también estamos amaneciendo en nuestros corazones, estamos despertando predispuestos para seguir escribiendo páginas de nuestra historia que no solo describirán un cúmulo de tiempo, serán las páginas de un nuevo tiempo en la historia sagrada de los pueblos indígena originarios.
¡Jallalla¡

* Es aymara. Miembro de la Comunidad Sariri