Posalfabetización, una llave de libertad para reclusos

Fotos: Ministerio de Educación
Recluso contento con su libreta de calificaciones.

Cerca de 400 personas iniciaron sus estudios primarios
Jocelyn G. Chipana López
Cientos de privados de libertad optaron por la superación personal pese a estar encarcelados. Quienes incurrieron en delitos, robos e incluso asesinatos ven en la educación una vía para comenzar una nueva vida.
Francisco L. (nombre ficticio), recluso de San Pedro, de 45 años de edad, atribuye su largo prontuario delictivo al hecho de no saber leer ni escribir.
“Sufrí la estafa de mi casa, mis terrenos y todo lo que heredé de mis padres porque no sabía leer ni escribir. Tuve que pagar muchas deudas y no encontré otra opción que robar”, contó Francisco.
Pronto el hurto de mantas, sombreros y carteras se convirtió en atracos que derivaron en muertes que lo llevaron a obtener una pena de 30 años y procesos pendientes por diversos delitos.
“Solo mis manos saben cuántas personas mataron, pero ahora sé que tengo una nueva oportunidad y me preocupo por aprender y educarme”, expresó.
Aunque ya se encuentra a punto de concluir la primaria, Francisco está consciente de que su destino hubiera sido otro si habría aprendido a leer y escribir, por ello aseguró que continuará sus estudios para terminar su bachillerato y posiblemente una educación superior a nivel universitario.
No pensó estudiar
Mientras que Juan Huanca, de 38 años de edad, recluido en San Pedro por el delito de robo agravado, cuenta que cuando llegó nunca pensó en estudiar, pero la influencia de un compañero terminó por convencerlo.
“Yo tenía mucha rabia en la cárcel y no estudié, pero cuando llegaban mis compañeros de sus clases comentaban sobre lo que habían aprendido en Matemáticas, Historia y otras, por eso me animé”, confesó Huanca.
Está a punto de concluir primaria y está convencido de que sus estudios le ayudarán a sobrellevar sus días de encierro y que formarse es fundamental. “Creo que es la manera más sana de decirle a la sociedad que saldré como un hombre nuevo que tendrá un futuro mejor”, manifestó.
La magia de leer
“Quizás la profesora sienta miedo al estar frente a delincuentes, que en la calle siembran el terror, pero a ella nosotros la tratamos con respeto y amor. No podría ser de otra manera porque ella nos enseña todo aquello que uno debió haber aprendido hace 40 años”, dice Ariel Condori, de 29 años de edad, quien pasará 20 años en celdas por el delito de homicidio en riña como consecuencia de agresión. Asegura haber encontrado la magia del conocimiento en los libros que lee.
“Para nuestros profesores somos personas y por eso nos gusta ir a clases, donde aprendemos como niños, nos sentimos como niños y llegamos felices a nuestras salas, donde ellos nos reciben con una mirada amistosa y una sonrisa”, dice contento. Todos tienen una nueva oportunidad gracias al programa nacional de posalfabetización.
REHABILITACIÓN
Con el programa de alfabetización y posalfabetización en las cárceles se garantiza la educación para todos, opina el viceministro de Educación Especial y Alternativa, Noel Aguirre
“Esperamos que con ello puedan tener una formación mucho más avanzada para generar nuevos ingresos económicos. También esperamos contribuir a su rehabilitación como personas privadas de libertad”, precisó la autoridad.
Este programa nace simultáneamente con el programa ‘Yo sí puedo’, que data de 2006 y posteriormente con el programa ‘Yo sí puedo seguir’.
Aguirre resalta que hay una receptividad amplia de parte de los reclusos. Primero porque en la cárcel ellos necesitan dedicarse a actividades y estar en proceso de formación, lo cual les permite mejorar su situación personal, su autoestima, su nivel de tranquilidad, etc.
Además, por cada año que estudian tienen una reducción de seis meses de su condena.
En ese sentido, esperanzados en cambiar de vida y rompiendo todo prejuicio social, cerca de 400 privados de libertad de las cárceles del país cursan estudios gracias al Programa Nacional de Posalfabetización.
“Gracias al Programa Nacional de Posalfabetización hemos logrado que un porcentaje significativo de la población joven y adulta de distintos centros penitenciarios culmine sus estudios primarios, posibilitando que puedan proseguir sus estudios”, dijo el director general de Posalfabetización, Ramiro Tolaba.
DESAFIOS
Aunque ya se considera muy positivo el impacto de este programa, aún se proyecta un mayor alcance.
“Buscaremos ampliar algunas cárceles que faltan pero no son muchas y vincular esta educación con la formación técnica productiva porque la preocupación de los reclusos es generar ingresos para ayudar a sus familias”, expresó el entrevistado.
Aguirre anuncia que con el programa se buscará vincular la parte humanística con la parte práctica.

400 privados de libertad cursan en la actualidad el nivel primario en las cárceles del país.

Beneficios
La educación permite a los privados de libertad reducir el tiempo de su pena.
La autoestima de los beneficiados se fortalece de manera considerable.
Es una manera adecuada de mantener ocupada su mente, además de lograr su superación personal. El programa abarca alfabetización y posalfabetización (primaria y secundaria).

la educación llega a Nueve Cárceles del país
De acuerdo con los datos del Viceministerio de Educación Especial y Alternativa son nueve los recintos penitenciarios que cuentan con el programa de alfabetización y posalfabetización.
Entre ellos destacan Morros Blancos, de Tarija; San Pedro, de La Paz, Tupiza, de Tupiza; Carceleta, de Monteagudo, en Chuquisaca; Mocobi, de Trinidad; San Antonio y San Sebastián, de Cochabamba; Palmasola, de Santa Cruz, y San Pedro, de Oruro.

Santa cruz lidera el programa
La cárcel de Palmasola, de Santa Cruz, registra la mayor cantidad de privados de libertad que participan en el programa.
Los nueve grupos que forman parte del programa de posalfabetización abarcan 122 beneficiados, de acuerdo con los datos del Viceministerio de Educación Especial y Alternativa.
Son 22 las mujeres que participan y 100 varones los que optaron por su superación académica dentro del recinto.