Evo y Álvaro tienen quien los defienda

El presidente Evo Morales Ayma junto al vicepresidente Álvaro García Linera.

Respuesta a redes sociales
Por: Ojo de Vidrio
El pasado 3 de junio cité en las redes sociales una columna de Guillermo Mariaca Iturri como un franco llamado a la subversión y recibí una andanada de críticas que me gustaría responder. Cuando Pablo Groux era Ministro de Culturas, extendió las ferias del libro a ciudades intermedias como Llallagua, Huanuni, Camiri, Yacuiba y Villa Tunari, en las cuales GMI estuvo presente para promocionar las 15 novelas fundamentales.
Debieron pagarle poco porque se le removió la bilis y en lugar de conceptos usa insultos contra el proceso de cambio y sus líderes y llama a la subversión. Le dije a GMI que es “un acostumbrado a morder la mano que le dio de comer” y recibí críticas de quienes, ya se sabe, están del otro lado. Muy su gusto, sobre todo en democracia, en la cual no vamos a gastar saliva para convencerlos ni menos nos van a convencer con insultos que publican con la mayor libertad en los medios y las redes sociales. Poco después reflexioné sobre mi nota que quizá llegó tarde porque pude escribirla al leer “Los Desalmados”, del 3 de mayo o “Un gobierno canalla”, del 6 de mayo, todas de GMI y publicadas por la misma fuente; pero esperé a que la copa rebasara como si el proceso de cambio no tuviera militantes que lo defiendan junto a sus líderes en un paraíso de la libertad de expresión, porque permite epítetos como los citados, dirigidos contra el gobierno en franco llamado a la subversión.
Casi de inmediato vi un auditorio de Villa Tunari que conmemoraba su 46º aniversario y me pregunté en qué país vive GMI y sus adláteres si el nuestro está lleno de rostros morenos y una identidad manifiesta en las calles, donde no suelen abundar los Mariacas y sí, más bien, nosotros los cholos y los indígenas. Debo recordar que ya en época de la UDP, Alfredo Medrano y este servidor nos declaramos cholos democráticos y populares; Alfredo se fue al Más Allá, me dejó solo y ahora proclamo que soy un cholo plurinacional, como tantos que veo en las calles pero que parecen invisibles para mis detractores. En “Los Desalmados”,
GMI habla de la degradación del Estado, que usurpa los derechos sociales en beneficio propio. Un “Estado tirano” que le permite al articulista comparar a Evo Morales con Luis Arce Gómez, como si Evo también exigiera que caminemos con el testamento bajo el brazo. Y entonces GMI amenaza: “no hay despotismo que dure 100 años. Siempre y cuando defendamos nuestra humanidad de los desalmados. Siempre y cuando mantengamos encendida la tea.” Me pregunto si esto es un ataque de paranoia mía o es una pura y dura llamada a la subversión, llamada desde Europa, claro, donde GMI se siente seguro y puede publicar lo que le venga en gana, cosa que no ocurriría en ningún otro país.
En “Un gobierno canalla”, GMI vuelve a hablar del Estado tirano y que los funcionarios “son cómplices, no trabajadores”. Y que “este Gobierno es tan canalla como la más canalla de las dictaduras.” Yo suelo ser propositivo y jamás he mordido la mano que me dio de comer. No hago guerra sucia ni hablo contra ningún líder sino contra una ideología perversa que se llama neoliberalismo.
Pero paseo por La Cancha, por la Huyustus, por Villa Tunari, por el Plan Tres Mil, por las ciudades intermedias y entonces eso que GMI llama “la más canalla de las dictaduras” me parece ridículo cuando estoy rodeado de rostros morenos, gallardos y felices. Pero, ya se sabe, en la prensa basta hablar generalidades sin citar cifras para decir lo que a uno le dé la gana. GMI afirma contra las estadísticas que la pobreza es ahora más profunda y más general; y que Evo Morales no es un igual. Vuelve a llamar a la subversión al decir que La Paz siempre fue tumba de tiranos y no permitirá el abuso de poder sobre el pueblo. Continúa la subversión de GMI: “Hoy, el pedazo de pueblo boliviano más indefenso de todos nos está convocando a defender la democracia”. Me pregunto qué forma de defender la democracia es esa, que permite que el Ojo de Vidrio sea botado de un matutino nacional solo por dirigir la campaña del SÍ en Cochabamba, cuando jamás he escrito en mi columna sobre temas políticos como se puede apreciar por las columnas que envié en vano hasta principios de enero de este año, para cumplir el contrato y pedir que se me pague. Yo no hacía política, pero en nombre de la democracia “y de los principios” se me echó sin considerar tres décadas de ejercicio del periodismo en un matutino que era ejemplo de equilibrio democrático hasta que se hizo cargo el actual director, un indisimulado liberal y socialdemócrata, que es una sola burda ilusión en tiempos de neoliberalismo.
GMI dice que ya no es la hora de la reflexión; es el minuto de las acciones. Para recuperar “los restos casi mortales de la democracia, GMI se pregunta: ¿Será que la cobardía, la ceguera y la sumisión, finalmente, nos mutaron? ¿Que la tea se apagó? ¿Que la resistencia paceña ante las tiranías se ha convertido en un museo? Y compara a Evo con Hitler: Hitler también nació popular. Por convicción, por lealtad con un proceso de cambio en el cual sigo creyendo, hace tiempo que debía reaccionar. Se me vino una avalancha encima, pero yo también soy un empecinado. No recibí ninguna pega del gobierno pero defiendo al binomio Evo-Álvaro por convicción. Y no necesito recurrir al insulto para defender mis ideas. Sería penoso que estas ideas fueran solo mías, pero tan no lo son que hay millones de bolivianos que piensan lo mismo, o yo pienso como ellos, me siento como ellos y voy a defender al proceso de cambio y al binomio Evo-Álvaro con toda la capacidad combativa que acumulé toda la vida. Claro, esos millones de bolivianos no son blanquitos ni bigotones como GMI, pero están en su país, en nuestro país, y no nos van a hacer callar así nomás para darles gusto.
(El escritor ha sido y es uno de los mejores columnistas de la prensa escrita. Gran conocedor de la mejor gastronomía boliviana y un escritor destacado.)