La experiencia de ver a Juana Azurduy, heroína

Escena del filme Juana, de Sanjinés.

cinematografía boliviana
Jackeline Rojas Heredia
Somos un país que a duras penas logró y logra producir cine. Muchas de las razones son atribuidas a elevados costos de producción, que no permiten contar con producciones de excelente calidad; sin embargo, cuando esos factores logran de alguna manera sortearse, surgen elementos como actuación, edición, guión, sonido, cámara, entre otros.
La reciente película de Jorge Sanjinés, Juana Azurduy: Guerrillera de la Patria Grande, persigue un objetivo enorme, revivir a la heroína más importante de Bolivia y junto a ella recordar nombres casi borrados por la historia. Pero queda en el camino, y se convierte en otra intención positiva que no llega a satisfacer a un público ávido de más.
Se inicia en medio de acontecimientos históricos estresantes, las actuaciones son pasivas, algunas en exceso fingidas y las voces languidecen en medio de las circunstancias. No pasa en todos los actores, eso sí, pero sí en una mayoría. O posiblemente sea el propósito del director mostrar la diferencia sustancial entre la Juana de las primeras escenas, una señorita de buenos modales, y la Juana madre sufrida y combativa.
Los personajes varones también exceden la imagen pasiva, libertadores satisfechos cansados de pelear que sin embargo se toman su tiempo para compartir recuerdos con la heroína. Y algunos movimientos de cámara que lejos de reforzar el argumento y resaltar a los actores generan ruido. Más allá, la intención cumplida a cabalidad, o no, despierta curiosidad en adolescentes y jóvenes que hasta hoy desconocen la historia de la independencia de la patria.
Un grupo de chicas universitarias manifestó sorpresa ante la indiferencia y el desprecio mostrado a la Juana verdadera (según la historia) y reflejado en la película. Destacan otros elementos como las bellas locaciones elegidas por la producción, sobre todo las del pueblo colonial de Totora en Cochabamba, la música es otro elemento que conmueve y narra, y en cierto modo eleva la calidad de la producción. Y un amor platónico cuya mención en la historia despierta suspiros es la escena donde aparece Juan Walparrimachi, el poeta indio. Por todo eso es mejor ver el filme.