Para un maestro, el trabajo no termina en el aula

Fotos: Maribel Condori Monrroy
1. El profesor corrige la tarea.

Maribel Condori Monrroy
En el aula 1° C de secundaria del colegio Adrián Castillo Nava, de la zona Alto Lima, tercera sección de El Alto, el profesor Domingo Quispe Mamani (de 58 años) revisa las prácticas de Matemáticas de los estudiantes. Su mirada fija controla el bolígrafo rojo con el que va tickeando las operaciones numéricas que solo se dejan ver en el papel.
Luego de terminar de corregir los cuadernos, aparece frente al pizarrón y de inmediato comienza a escribir y resolver los ejercicios que dejaron dudas. Los más de 30 escolares, varones y mujeres, desde sus pupitres de madera, lo escuchan y observan atentamente.
Son 33 años que Domingo se dedica a la docencia en el área de Matemáticas. En su experiencia, asegura que para desarrollar esta labor se debe tener paciencia, comprensión, cariño y sobre todo vocación.
Estar rodeado de escolares le causa sentimiento paternal, por ello los estima como si fueran sus hijos, dice. “Los chicos, chicas, son como si fueran mis hijos, me gusta tratarles con cariño, me he acostumbrado a decirles hijito(a)”.
En más de tres décadas enseñando adviritió que para algunos estudiantes los números son un reto y a otros les causa “terror”. Ante ello, comenta que debe buscar maneras para que la materia no parezca difícil como aparenta. Su estrategia principal es ganarse la confianza de los escolares para que se sientan seguros y tranquilos a la hora de aprender los números. Entonces fluyen las preguntas y se resuelven las operaciones. “Quiero que me tengan confianza y no miedo”.
Recomienda que un maestro debe ser líder de la clase, pero siendo comprensivo y estricto con moderación. “En el curso no faltan las bromas. Cuando hay que reír, reímos, pero cuando entramos en el desarrollo de la clase preparada, tenemos que ponernos serios”.
El profesor de Matemáticas salió bachiller de la unidad educativa Franz Tamayo, en la localidad Pucarani (provincia Los Andes del departamento de La Paz). Estudió en la Normal de Maestros Simón Bolívar, luego emprendió la enseñanza en distintas unidades educativas del área rural y luego del urbano.
Su primer año de experiencia fue en Chicaloma, pueblo de Sud Yungas, La Paz, después en el municipio Patacamaya, Santiago de Collana, San Andrés de Machaca, Calasaya, Sorata, entre otros. En 2002 se incorporó al colegio Ballivián de El Alto y años más tarde a la unidad educativa fiscal Adrián Castillo Nava.

EJEMPLO DE PUNTUALIDAD
Cuando el reloj marca las 06.00 inicia la jornada del profesor. Revisa su horario de clases, alista el material de trabajo y luego del desayuno sale rumbo al colegio a dictar su materia. La puntualidad es una de sus exigencias. “No me gusta atrasarme, me gusta llegar a la hora”, afirma.
Antes de comenzar una clase, acostumbra comentar alguna noticia para conocer la opinión de sus estudiantes, después los introduce en la lección de la jornada. Los temas varían en cada paralelo y por ello las estrategias de enseñanza tienen que ser distintas. Así pasa cada jornada hasta que a las 12.30 suena el timbre de salida.
En casa, luego del almuerzo comienza a revisar las tareas de sus estudiantes y preparar los temas del día siguiente hasta las 17.00 o 18.00. Una vez que termina sus quehaceres se dedica a su único nieto, el más pequeño y la alegría de su familia.
“Para un maestro, el trabajo no termina en el aula. En el hogar las actividades continúan porque tenemos que alistar las lecciones, revisar prácticas, preparar exámenes, ver qué dinámicas de enseñanza utilizar con la ayuda de textos e internet”, explica.
Ser profesor significa un gran compromiso, asegura, pues aparte de ser responsable de la enseñanza y disciplina también se debe entablar comunicación con los padres de familia para trabajar las fortalezas y debilidades de sus hijos. Durante los años que trabaja en la instrucción, aprendió que para él el colegio es una escuela de vida donde cada jornada conoce algo nuevo.
“Cada día aprendo de mis alumnos, ellos siempre vienen con ideas. Dan sugerencias sobre el tema y así avanzamos la clase. Las Matemáticas están presentes en todo momento de la vida”, dice.

FAMILIA DE PROFESORES
El profesor Quispe y su esposa tienen dos hijos ya profesionales, uno también es profesor de Matemáticas y el otro militar, ambos son su razón de seguir adelante.
Agradece a sus padres, quienes lo apoyaron para hacer realidad su deseo de enseñar en las aulas, porque desde niño se destacó en los números.
“Mis papás son de provincia, humildemente me apoyaron para concluir mis estudios porque querían que sea mejor que ellos. Tengo cinco hermanos, dos varones y tres mujeres, y a todos nos han brindado su incondicional ayuda”, relata.
“Mientras tenga fuerzas, quiero seguir con mis alumnos en las aulas y también con los colegas”. Agrega que la satisfacción de un maestro es saber que sus exalumnos continuaron sus estudios y lograron una profesión. Con una sonrisa en los labios cuenta que en la calle se encontró con algunos que hoy son militares, policías, enfermeras y médicos, de quienes se siente orgulloso de haber sido parte de su vida.
“La satisfacción de verles ya proyectados es grande y la alegría es inmensa. Espero lo mismo de todos mis estudiantes. Los niños y jóvenes son el futuro de Bolivia y los profesores estamos para apoyarlos”, manifiesta.
Dice que el mejor regalo de un maestro, luego de un abrazo, es que su estudiante se comprometa a cumplir sus sueños, seguir estudiando y aportar al desarrollo del país.

*Es periodista y colabora con la Revista 7Días