La arcilla que se transforma en el oeste de Villazón

Fotos: Melina Valencia Achá.
1. Gregoria Mamani moldea una vasija en su casa, en la población Berque.

Melina Valencia Achá
Ollas, vasijas, cántaros y un sinfín de artesanías que miden desde cinco milímetros hasta más de cuatro metros de altura son elaborados en la zona oeste de la provincia Modesto Omiste (Villazón), región situada en la frontera sudoeste del Estado Plurinacional de Bolivia con el norte de la República de Argentina.
Al menos cinco poblaciones (Berque, Chagua, Chipihuayco, Casira y Sarcari) son las que ostentan hace siglos las ancestrales técnicas de la alfarería, aseguran historiadores y los pobladores, pero todavía no existen estudios que determinen el origen de este trabajo artesanal.
Pese a que no se tiene un mercado seguro para la venta de estos productos, la región es conocida por la destreza artesanal en la transformación de la arcilla, por lo que en los últimos años se convirtió en un destino turístico.
Para visitar las comunidades de tradición alfarera se debe hacer un recorrido de 30 kilómetros aproximadamente desde la ciudad de Villazón hasta la primera población, Berque. A unos 15 kilómetros se hace una pausa en la denominada apacheta, donde se pide permiso a la Madre Tierra para ingresar a los territorios que protege desde los 3.300 msnm.
Allí la gente toma una piedra blanca, con la que simbólicamente limpia su cuerpo, y luego la deja en el lugar junto a otras que dejaron otros visitantes. “Este ritual se hace para que nos vaya bien en el camino, no nos falte nada ni tengamos ningún accidente”, explica Doris Chiri, guía turística del municipio Villazón.
A la Madre Tierra también se le ofrece las sagradas hojas de coca y un poco de alcohol para la challa, “siempre con la vista al sol”.
Cada persona es libre de hacer o no el ritual, según sus creencias, pero la apacheta es una parada casi obligada desde donde se admiran las formaciones rocosas y quebradas que dan la bienvenida al Circuito Oeste de Villazón.
En el resto del trayecto, si se tiene suerte, se observa una variedad de fauna andina, como vicuñas, zorros y suris, además de disfrutar del sol, que obliga a usar un sombrero de ala ancha, y el viento gélido, que recuerda el inicio de la época de invierno.
Después de pedir el permiso correspondiente a la Pachamama se divisa la población Berque, donde los alfareros elaboran vasijas grandes, una muestra de este trabajo se encuentra en el museo del lugar.
“La olla más grande que se ha hecho aquí es de hace 10 años, entre unas 10 personas”, relata Ireneo Ibarra, corregidor de Berque.
Fue en 2007 cuando los artesanos decidieron crear la obra para el orgullo de sus habitantes y de Bolivia. Es así que la olla, que mide más de 4 metros de altura, se luce en el lugar donde fue moldeada por las manos de los berqueños, quienes tardaron una semana y armaron un horno de adobe a su alrededor para la cocción correspondiente, para ello se usó como combustible bosta de chivo y de vaca.
Luego de unos años se protegió la vasija con una infraestructura de ladrillo y vidrios polarizados.
“Toda la zona oeste es alfarera, eso es lo que hacemos, así trabajamos y con eso nos mantenemos. Cuando hicimos la olla más grande nos costó elevarlo, tampoco oreaba rápido, tardó unos 15 días, y cuando ya estaba lista no lo podíamos creer”, dice el corregidor.
Recuerda que antes se elaboró la vasija de igual tamaño en el mirador de Berque, pero debido a las condiciones climáticas, principalmente el viento, se partió en pedazos. En un segundo intento se creó una vasija en la casa de un comunario, pero se rompió cuando se hacía su traslado.
“Cuando estábamos trasladándolo se ha caído”, lamenta Irineo, pero asegura que volverán a hacer otras muestras más grandes, es un reto de la comunidad, y el que se rompió en el mirador será repuesto muy pronto. Solo esperan que pase la época de lluvias y el viento.
Doris, la guía turística que conoce como la palma de su mano la región, asegura que la olla será inscrita en el libro Guinnes de los Récords como la obra de cerámica más grande del mundo.
En el museo donde se protege a la vasija también se encuentran otros objetos que están en exposición y a la venta para los visitantes.
Al frente de la infraestructura está la iglesia colonial de Berque, donde se venera a la imagen de la Virgen de Guadalupe. Las torres del templo tienen la singularidad de estar adornadas por dos ollas de barro que se reflejan en los vidrios polarizados del museo, patrimonio de los bolivianos.
Por las calles, también se observa una gran cantidad de vasijas, muchos de ellos en pedazos y otros que sirven para armar el horno artesanal.
En Berque viven aproximadamente 45 familias, todas se dedican a la alfarería, pues heredaron esa técnica de sus padres, de generación en generación.
“Yo aprendí aquí nomás, mis papás hacían ollas. Cuesta aprender, yo aprendí viendo nomás”, expresa Gregoria Mamani mientras moldea con sus manos agrietadas una vasija en una habitación de su casa. En el patio, su esposo también trabaja en otras decenas de ollas que están listas para el horneado. Tiene seis hijos y ellos también observan atentos cómo sus padres trabajan la tierra roja mojándola con agua.
“Aquí nos dedicamos a la alfarería, tenemos un poco de ganado, y algunas personas tenemos pequeñas carpitas para sembrar verdura”, señala Pedro Ibarra.
Pide mercados para comercializar sus productos, por ahora solo se vende a los argentinos, que pagan muy poco por su trabajo artesanal, por ejemplo, un fardo (dos ollas) tiene el costo de Bs 30 a
Bs 35. Los productos llegan incluso hasta la provincia Córdoba (Argentina), pero no con sello boliviano.
Están tan cerca de la frontera con Argentina que les es más fácil llegar al país vecino; sin embargo, las artesanías no son valoradas como producto boliviano. En los últimos años participaron de ferias en Bolivia, pero tampoco existe un mercado seguro dentro del país.
Advierten que la arcilla que obtienen de los cerros que se encuentran en la región también está siendo recolectada por extranjeros y no existe el debido control para evitar esa situación.
“Aquí nos falta un moledor para moler la arcilla, ya que lo hacemos a pulso y no es tan fácil, no hay otro trabajo. Nuestras ollas las llevan a la Argentina y compran de toda la zona. Vienen con vehículos y llevan. Nosotros recogemos en burros para transportar”, dice Pedro.
La necesidad de un horno industrial es urgente, porque con el horno artesanal a cielo abierto existe mayor riesgo de que el producto quede con rajaduras e inservible; no se puede reciclar.

CHAGUA, DE LAS VASIJAS MEDIANAS
Luego de media hora de viaje desde Berque, por un camino de tierra en medio de la quebrada, se llega a Chagua, comunidad que se caracteriza por la elaboración de cerámica de tamaño mediano, acabados finos, con procesos de fabricación ancestral y moderna de la arcilla al aire libre.
Allí los pobladores esperan a los visitantes con una feria de artesanías de cerámica y una fiesta al estilo de sus tradiciones y costumbres para que nunca los olviden.
El cantón se creó el 26 de agosto de 1826, cuenta con unas 50 familias (300 habitantes) que viven de la alfarería, la agricultura y la ganadería para consumo propio; si se cosecha en abundancia se comercializa a los mercados locales. Siembran papa, maíz, y crían ganado caprino.
“La alfarería es de hace muchísimos años que se hace aquí, es de generación en generación (que se transmite la técnica para) la elaboración de la cerámica. Aquí se hace la mediana”, explica Gilberto Astaca, corregidor de Chagua.
La fiesta más importante en esta zona se celebra en honor del Señor Justo Juez, cada 14 de septiembre, además del aniversario de su creación, en agosto.
Una pintoresca iglesia es la fachada donde se instala la feria artesanal, donde se expone el potencial de los alfareros. Las mujeres arman coronas de cerámica para los visitantes.
Las autoridades locales organizan un acto especial que se inicia con la entonación del Himno Nacional a cargo de la banda musical de los estudiantes de la unidad educativa Luis Espinal Camps.
Luego de las palabras de bienvenida, los pobladores, ataviados de su vestimenta típica, invitan una refrescante chicha (bebida de maíz) en sus jarras de cerámica, los vasos de plásticos no existen para ellos.
Respetuosos de sus tradiciones culturales y religiosas, devotos de Dios y también de la Madre Tierra, muestran una parte de los rituales heredados que se preservan a través de las nuevas generaciones.
Una de estas actividades es la Pilluda, que consiste en colocar a los invitados o destacadas autoridades una corona hecha de variedad de objetos de cerámica. Similar ritual se desarrolla en la localidad Casira, caracterizada por la elaboración de vasijas en miniatura.
Entre los pobladores se forma una familia grande de reciprocidad y solidaridad permanente; todos participan en el acto especial y muestran lo mejor de su cultura.
Entonces, al son de una diana se inicia la challa (ofrenda a la Pachamama), que se realiza principalmente en agosto. Las mujeres hacen un pequeño hueco en la tierra, cerca de la mesa de exposición de las artesanías. Allí se hace humear incienso, se echan hojas de coca, mixtura, una mesa dulce que contiene lanas de colores, diminutos animales de cerámica de la región y bebidas alcohólicas.
“Vamos a challar por la visita de ustedes (delegación de periodistas), para que su trabajo no se quede ahí nomás, sino que nos sigan visitando en otras oportunidades”, manifiesta una pobladora. Entonces cada persona debe colocar en el lugar elegido la ofrenda a la Pachamama.
Ahí no termina el ritual porque sigue una rueda de baile típico (en parejas) al ritmo de una tonada chagüeña, que es acompañada por un par de coplas interpretadas por los pobladores. En esta oportunidad, una flauta y una caja de percusión (tambor pequeño) hacen el deleite de la fiesta.
A paso lento y cargados de las coronas de cerámicas, obsequio de los chagüeños, las parejas recorren bailando las calles de la población.
“Es una de las comunidades que atrae mucha gente porque conservamos nuestras tradiciones”, expresa emocionado el director de Desarrollo Humano de la Alcaldía de Villazón, Rodrigo Rodríguez Medinaceli, quien luego invita a degustar un almuerzo en su casa con productos típicos del lugar, como el maíz.
En Chagua también se pueden conocer recintos arqueológicos de las culturas Chichas, Atacama y diaguita, así como pinturas rupestres, la huella de un pie grande petrificada, el valle de las velas, hacienda de Chagua, cueva del inca, entre otros.
Tanto las poblaciones de Berque como de Chagua tienen como idiomas el quechua y el castellano.
La jornada concluye con la emoción de volver a realizar el Circuito Oeste de Villazón, son los comentarios que se escuchan de la delegación que acudió a la zona alfarera.

HISTORIA ANCESTRAL
Desde tiempos ancestrales antes la época preincaica en los territorios de Villazón habitaron una “infinidad de culturas” que datan de hace más de 10.000 años y se extendían desde Argentina hasta Ecuador, como el pueblo Yapitin o la cultura Kumachinga, que dejaron su legado en la región Ojo de Agua, donde existen unas cavernas. “También tenemos la presencia de la cultura Humahuaca, que tiene aproximadamente 2.000 años de antigüedad Ac. También en la provincia hacia el lado oeste y norte está la presencia de la cultura Chichas para lo cual se realiza investigación para saber la afiliación de la misma dentro de la provincia Omiste”, resume y explica Miguel Saiquita, historiador y coordinador en la Unidad de Cultura y Turismo de Villazón.
Posteriormente llegaron los incas a la región y luego la época de la colonización, desde el año 1600.
El mayo el municipio convocó a personalidades e historiadores para investigar la presencia de las culturas en la región fronteriza. “Buscamos nuestra identidad”, asegura Saiquita.
Villazón se encuentra a 347 kilómetros de la ciudad de Potosí, a 3.400 msnm. Fue fundada el 20 de mayo de 1910, durante el gobierno de Eliodoro Villazón, de quien lleva su nombre. Es la primera sección de la provincia Modesto Omiste, se encuentra en el extremo sur del departamento, en la frontera con la República de Argentina.
Las comunidades están distribuidas en tres zonas, Este, Oeste y Centro. En el mes aniversario de la provincia, la Dirección de Cultura y Turismo promovió actividades turísticas para hacer conocer los tres circuitos.