El teatro explora temáticas oscuras para concienciar

Foto: Archivo
La violencia es una conducta hereditaria.

la cultura tiene una incidencia positiva en la educación
Diego Ponce de León M.
Abordar temas como la violencia, la discriminación y la identidad sexual siempre es difícil. El arte es una alternativa educativa para romper los tabúes, crear consciencia y tolerancia en la sociedad.
Hace unos 19 años (1997), un pequeño grupo de ‘quijotes’ inició, como un grupo itinerante, reuniones en las calles con la consigna de los poetas antiguos para crear arte y transformar los paradigmas sociales de la población.
El hecho de avergonzarse de un apellido originario, de vivir en El Alto o de la prevalencia de pertenecer a nuestra cultura era un ejercicio nulo, bochornoso e inaceptable para los jóvenes.
La colonización mental de la cultura foránea y las aspiraciones de la alienación eran un fenómeno bastante común que se reproducía generacionalmente. La lógica transgresora y la consigna social del arte buscan replantear esa negación para dar un enfoque de aceptación en este contexto, el cual permita a los jóvenes revalorizar las raíces y enorgullecerse de sus orígenes.
De esa manera surge Albor, “con los hijos de mineros relocalizados o campesinos que vienen a El Alto para situarse como gremiales; con una lógica transgresora e insurgente que plantea, a través del arte, una consigna social para crear espacios y festivales que logren socializar ideas y promover una concientización de los derechos humanos y valores culturales”, explicó Willy Flores, director y fundador del centro Albor.
Flores indicó que la decisión de tomar ejes temáticos sociales fue por elección y determinación de ejercer una lucha contra la pobreza, los problemas sociales, la violencia, el medioambiente, el racismo y las formas de discriminación como la violencia de identidad de género.
Al enfrentarse a una sociedad machista y patriarcal, el grupo gestionó obras dirigidas a sensibilizar y reflexionar las propuestas en obras que tengan un contenido fuerte y una dinámica educativa.
aceptación de la gente
“Es difícil medir el impacto de las obras en la sociedad, pero generalmente se la hace de manera cualitativa”, dijo Flores.
Cuenta que antes, presentaba propuestas de identidad de género a colegios y “le tiraban la puerta en la cara”, mientras que ahora no existe establecimiento que no les abra las puertas para trabajar temas de concientización.
Actualmente, el grupo de teatro Albor trabaja con obras de identidad de género y temas históricos como Las Venas Abiertas de América Latina, Tupaj Katari o Mama Coca.
Los espacios que albergan espectáculos de teatro han reducido sus dimensiones, según Flores, lo que minimiza el impacto y es una gran falencia cultural no contar con escenarios dinámicos que cuenten con una disposición aceptable para espectáculos.
Una de las características de Albor es que abre y reacondiciona espacios no convencionales (como tinglados, canchas o coliseos), donde hay una respuesta aceptable del público.
“El boliviano es muy curioso, es una de las cosas que debemos aprovechar”, aseguró Flores. Albor ha viajado a muchos lugares del territorio nacional, donde la gente se educa y entiende los mensajes, “luego son ellos mismos quienes buscan espectáculos similares”.
Albor no se considera un precursor de la temática social tratada en el teatro; sin embargo, sí considera que “pone el pellejo” al tratar temáticas controversiales y subterráneas: el teatro de los derechos humanos y de los valores culturales de la sociedad.
“Los grupos de teatro casi siempre han estado reproduciendo obras europeas y lejanas a nuestras realidades; sin embargo, desde lo comunitario se pueden irradiar nuevas y buenas ideas”, remarcó.
incidencia del mensaje
Según Katya Morales, psicóloga y terapeuta de profesión con un doctorado en interculturalidad para terapias de abuso sexual en menores, en este último tiempo se utiliza el arte para hacer trabajos de concientización y prevención para tratar este tipo de temas con la población en general; los efectos son difíciles de identificar, pero es necesario realizar un reforzamiento de los mensajes en diferentes momentos del año para lograr un resultado.
La incidencia es mayor en los niños y jóvenes que en las personas adultas porque los mecanismos de defensa están desarrollados de tal manera que es más difícil llegar a la parte emocional.
“Jugar con los roles es una terapia que permite liberar aspectos dolorosos y recibir aspectos positivos para gozar de una buena salud mental”, aseguró.

10.000 jóvenes de Bolivia se han incorporado al colectivo cultural del centro Albor, que celebró 17 años de fundación.

ALBOR
El Centro cultural Albor se fundó el 17 de septiembre de 1997 en la ciudad de El Alto.
Desde 1999 organiza el Festival Nacional Intercolegial de Declamación Jiwasamphi Sartañani.
Actualmente, trabaja con la cooperación internacional en proyectos de concientización.

Programas que aportan a la educación
Gerardo Luna, encargado del Programa Suma Thakhi II, que lleva a cabo la cooperación internacional sueca Svalorna Latinoamérica, explicó que el programa tiene la finalidad de educar a grupos de jóvenes acerca de los derechos sexuales, la violencia y discriminación de identidad de género a través de actividades artísticas en la ciudad de El Alto para desarrollar y desenvolver la superación personal e integral de la juventud con respecto a esa temática y replicar el aprendizaje en distintos entornos.

incomodar y cambiar conductas sociales
Diego Villca es director de obras de teatro y sostiene que la idea es incomodar al público para que a través del arte y la concientización de temáticas sociales puedan interiorizar estas ideas y redireccionar la manera en que imparten educación en su entorno.
“Siempre hay una buena respuesta en el público porque reflexiona sobre la forma en que piensan y actúan”, dijo. De esa forma la sociedad puede concientizarse sobre temas que normalmente ignora y pensar diferente.