Vecinos en la calle jaén relatan experiencias sobre fantasmas

Fotos: Victor Hugo Chambi
Una vista panorámica de la calle Jaén, en la zona norte de La Paz.

Es la vía que mantiene un estilo colonial
Victor Hugo Chambi O.
Su empedrado hecho con rocas esféricas y ovoides, los balcones que sobresalen de los muros, los faroles colgando de los techos y los muros gruesos son las características de esta calle de estilo colonial, que está signada de cuentos, mitos y leyendas.
“Eran casi las doce, pasaba por allí como de costumbre y alguien me empujó, me enojé y le dije a la persona ‘¿Qué le pasa?’; quería agarrarlo, ahí fue cuando me di cuenta que el tipo era un fantasma o Gasparín como lo llaman, porque mi mano atravesó su cuerpo, estaba paralizado, fue cuando me dijo que estaba de mal humor y que siempre se ponía así cuando pasaba por la plaza Murillo al ver la estatua porque no es la suya. Se disculpó diciéndome que no era su intención haberme empujado….”, relató Roberto Ríos, un vecino de la calle que no cambió mucho desde la fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, allá por 1548.
Historias como ésta se repiten continuamente por diferentes personas que recorren la calle Apolinar Jaén, de casi 100 metros, que une la plaza Riosinho y la final de la calle Indaburo, en la zona norte de la ciudad que acoge a la sede de gobierno.
La actriz Rosa Ríos, quien tiene una pequeña tienda de barrio en la zona, contó que los ruidos son constantes, casi a diario, pero más los fines de semana. “Cuando yo llegué a vivir acá, una noche estaba subiendo y vi un grupo de personas que bajaba, parecía que se recogía de una fiesta de disfraces. Las mujeres engalanadas con sus vestidos y los caballeros de levita y sombrero de copa pasaron por mi lado riendo. Al día siguiente le cuento a una amiga y me dice que don Pedro (Domingo Murillo) le dio la bienvenida, siempre hace fiestas en su casa”.
En la Jaén está enclavada la casa del protomártir de la Independencia, allí se organizó la revuelta del 16 de julio de 1809 y de esa casona de paredes blancas y pilares verdes salieron las ideas de libertad. Hoy, este recinto está convertido en museo, al igual que otras similares en la calle.
Ernesto Álvarez, que vive cerca del lugar relató lo que le ocurrió una noche. “Pasaba por la Jaén, luego de una reunión familiar vi acercarse a una mujer con un vestido chistoso, pensé que era una muchacha que iba a una fiesta le pregunté la hora, ya que parecía atractiva.
Luego me percaté que no tenía pies y que solo estaba flotando, mi única reacción fue caminar más rápido, el cuerpo se me paralizó y no había momento en el que llegue a la avenida. Apenas me di vuelta no había nadie estaba tan sorprendido que no sé cómo llegue a mi casa”.
Al igual que Álvarez, otros vecinos cuentan varias historias como que “en la esquina de la calle había una viuda bastante hermosa que no dejaba pasar a ningún joven, después de la medianoche, los llamaba y quienes se iban con ella, al amanecer aparecían ensangrentados y golpeados a la altura de la calle Alto de la Alianza”.
Ahora, convertida en un callejón peatonal, en la Jaén se perciben varios fenómenos paranormales como fantasmas, duendes, almas en pena, ruidos infernales de carruajes tirados por caballos y cadenas arrastradas por el suelo, sembraban el pánico en los habitantes, según testimonio de las abuelas que nos relataron historias diversas, mientras tomaban el sol frente a la residencia del adulto mayor “María Esther Quevedo”.
Enclavada en plena esquina y a pocos pasos del hogar de ancianos, llama la atención una cruz verde, “Es para que ya no se lo lleve a los jóvenes la viuda, es pues el maligno que seduce a los hombres borrachos que se paran a altas horas de la madrugada en la calle”, relató doña Clarita, una de las residentes del hogar Quevedo.
Los ruidos se siguen escuchando hoy en día y los fantasmas se siguen observando a pesar de que los vecinos del siglo XVIII colocaron esa cruz verde y bendijeron el lugar con un sacerdote para ahuyentar a estos espíritus.
Es parte de las narraciones y tradiciones que tiene nuestra ciudad, una ciudad con más de 450 años de historia.

Calles históricas
Junto a la calle Jaén existen otras calles y avenidas históricas en la sede de gobierno, como la Avenida Naciones Unidas, otrora única vía de ingreso a La Paz desde El Alto.
La Indaburo, en cuya esquina con la calle Genaro Sanjinés está enclavada el Teatro Municipal, recinto en el que se estrenó el Himno Nacional.
La avenida Perú, con forma de herradura; en uno de sus extremos tenía a la estación Central de trenes y en la otra a la Aduana, hoy los trenes dieron paso al Teleférico y la Aduana a la Terminal de buses interdepartamentales.

La Kaura cancha, calle donde se vendían los camélidos
La calle Apolinar Jaén lleva ese nombre en honor a uno de los líderes de la revuelta de 1809, pero antiguamente era conocida como “la kaura cancha”, o mercado de las llamas.
En esa vía, cerca de la plazuela conocida como la Caja de Agua -hoy Riosinho- se comercializaba el ganado camélido que llegaba de la zona altiplánica, llamas, alpacas y vicuñas eran parte de la mercancía que se comercializaba.
Poco a poco la calle fue cambiando de rubro, el mercado de llamas se fue alejando hacia otras zonas y en la calle se fue enclavando los museos más tradicionales de la sede de gobierno, que es visitada por turistas, nacionales y extranjeros, además de escolares en su mayoría.
El Museo Costumbrista está en la calle que da hacia la plaza Riosinho, que lleva su nombre en honor a la batalla de la guerra del Acre que se libró en esa población pandina.
En dicho museo se puede observar una serie de fotografías, objetos y dioramas que muestran las costumbres paceñas y sus personajes tradicionales; también se encuentra la administración de los cuatro museos municipales que se encuentran en la calle empedrada.
En el mismo inmueble pero ingresando por la calle Jaén se encuentra el museo del Litoral Boliviano, que atesora los objetos e imágenes de la Guerra del Pacífico, que cuenta lo ocurrido en la guerra librada junto a Perú contra Chile.
Metros más abajo está el Museo de Metales Preciosos, donde se atesora una variedad de objetos de oro, plata y otros metales que fueron trabajados por las culturas prehispánicas.
Al frente del museo está la Casa de Murillo, el inmueble del protomártir de la Independencia, donde se cuenta la historia de la revolución del 16 de julio y del primer gobierno americano conformado en 1809. Cada 16 de julio se vuelve el epicentro de las actividades conmemorativas de dicha revuelta que marcó -junto con Sucre- el inicio de la guerra de independencia.
Además están otro par de museos privados, el de instrumentos musicales y la sala de exposición del artista Mamani Mamani.