SULLCAVI: SOMOS TIERRA QUE PIENSA

La choza donde fue hallado el líder.

retrospectiva de un caudillo
Justino Peralta Espinoza
Viceministerio de Descolonización
Dicen que el silencio es la voz de la complicidad, pero esto es imposible, porque el silencio grita y porque el silencio es un mensaje. Y ese silencio habló en Sullcavi, lugar donde nació el líder indígena Tupac Katari, en una choza hecha de piedra y donde el mensaje que nos gritaba era del hombre que cansado de las injusticias y abusos de los conquistadores, junto con su esposa, Bartolina Sisa, acompañado de 40.000 indios, inicia el 13 de marzo de 1781 una de las rebeliones más importantes de Abya Yala. Por eso, el capitán Ibáñez, al apresarlo en una choza, en Chinchaya, exclamó: “¿Aquí...? ¿Tan pequeño nido para un cóndor de tanto vuelo?”.
La andadura de la politización desde la experiencia comenzó en Sullcavi, donde también se encuentra una cueva que sirvió de refugio a Tupac Katari, cueva que posee un lecho de piedra que, tal vez, utilizaba el líder indígena para descansar y planear su insurgencia de liberación. Una choza de piedra y una cueva escondida entre malezas, moradas que usaba Tupac Katari, deben seguir simbolizando la posibilidad de poder imaginarnos el compromiso, la convicción y el sacrificio de Tupac Katari y Bartolina Sisa desde los lugares donde desarrollaron su lucha de liberación, para después hablar de experiencia, no refiriéndonos a una vivencia, sino hablando de transformación, hablando de reflexión y de emoción, dos dimensiones inseparables y que constituyen toda experiencia.
De Sullcavi proseguimos a Ayo Ayo, donde Tupac Katari en su infancia prestó servicios en la capilla como campanero, y tiempo después se casó con Bartolina Sisa; esta andadura prosiguió en Calamarca, símbolo de la derrota política e ideológica de la clase obrera, porque el neoliberalismo se iniciaba en 1986 con el despido de 20.000 mineros y fabriles, lo que dio lugar a la fragmentación y dispersión de lo que hoy tenemos como clase obrera. Y esto ocurre porque el objetivo de la historia escrita por los “vencedores” o “dominadores” no es mostrar que el pasado está todavía ahí bien vivo en el presente; todo lo contrario, hay que sepultar la historia no oficial, hecha por hombres y mujeres anónimos, por indios e indias sin nombre, por negros y negras sin pasado.