El dinosaurio sigue aquí

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

El dinosaurio sigue aquí

Introducción: estamos en el fondo y tenemos una vieja manía, comenzar de cero a cada rato. El ciclo de Villegas – que cayó en la trampa de la Federación- duró siete meses. En los últimos diez años han pasado similar cantidad de técnicos, usados todos como pañuelitos de papel. Mientras tanto, las causas estructurales de nuestros males futboleros siguen ahí, como el dinosaurio de Monterroso. Y mientras tanto, la dirigencia echa la culpa a todos, menos a ellos, sin atacar la raíz de nuestras falencias. Arranca otra “era”, otro rato. Las palabras ya no ilusionan, las promesas de clasificación al Mundial ya no son creíbles. Si Villegas apostó por un sistema defensivo y por la juventud, Farías coloca sus fichas a la “ofensiva”, a los veteranos. Estamos enamorados del viejo mito fundacional. Dice el venezolano que en la selección tienen que estar los mejores pero en su onceno y en sus variantes aparecen jugadores que ni siquiera son titulares en sus equipos. Algo huele mal. Otra vez.

Nudo: de los titulares en la Copa América de Brasil, solo quedan cinco en este amistoso frente a una Ecuador repleta de jóvenes, atléticos, hambrientos. Farías coloca un 4-4-2, sin marca en el medio, con dos puntas: Ramallo y Arce. Justiniano aparece como central. ¿Cómo ha hecho Farías para elegir a estos hombres si lleva muchos meses sin ver fútbol boliviano? La primera parte va a ser buena, intensa, con “pressing” alto, con volumen ofensivo pero sin puntería.

Desenlance: en la segunda llega la goleada con una hinchada de Cuenca pidiendo que el técnico argentino de las inferiores (Célico) sea ratificado como DT de la mayor. En la segunda aparecen los grandes males de nuestro fútbol liguero trasladados a la verde: lentitud, pésima condición física, irregularidad…Farías, ni nadie, tiene la varita mágica para levantar nuestro resignado nivel. Cada día que pasa estamos más lejos de un fútbol moderno altamente físico y veloz. Seguimos en el fondo y volvemos a empezar, como un bucle eterno y maldito, enamorados de nuestro círculo de vicios.