Suerte sin blanca, de mal en peor

 

Goles son amores

Ricardo Bajo H./Columnista / Cambio Deportivo

Suerte sin blanca, de mal en peor

Introducción: el fútbol boliviano está en coma profundo y los “matasanos” (nuestros maravillosos dirigentes) siguen enfrascados en una absurda guerra de guerrillas manchada de impugnaciones, “walkover”, sospecha de partidos amañados y apuestas turbias, regionalismo y estadios vacíos y/o cerrados a cal y canto. Solo faltan los dopajes positivos de antaño (¿se siguen haciendo los controles?) y la mesa estaría servida.

Nudo: el Santo tiene la pelota (marca de la casa del chileno Miguel Ponce, gran estratega), hace daño por los costados con su sistema 4-2-3-1 y perdona la vida. Otra vez, “San Daniel” Vaca va a ser el encargado de salvar los muebles con atajadas dignas de “replay”. Escobar vuelve a colocar un dibujo que no funciona, el 3-5-2 con Cure y Marvin de carrileros, con Wayar de cinco y Castro-Rudy a su costado, con la dupla colombiana arriba. Al Tigre le costó años encontrar un nueve y cuando lo halló fue cedido al fútbol tailandés. Va a ser la peor primera parte de la era Escobar y eso es mucho decir. La idea de juego del otrora capitán es “simple”: pelotazos del “armador” Vaca (Daniel) para avanzar metros con la segunda jugada y el rebote. La segunda parte del plan es también “sencilla”: lograr pelotas paradas cerca del área rival. Nada más, nada, ni siquiera la garra, menos la actitud.

Desenlace: en la segunda parte, Escobar mueve fichas, toca teclas, cambia el sistema, chau línea de tres atrás, probemos a otra cosa, como quien juega lota en la Alasita, suerte sin blanca. Entra Saúl Torres por Cure (la titularidad del venezolano es de ciencia ficción) y Ramiro Vaca se pone de enganche, una especie de 4-2-1-2, una rareza poco entrenada. San José, después de perdonar toda la tarde, se conforma y tras un error ve atónico el gol de Reina, en la primera y única pelota que toca en todo el “match”. Entonces, se repite la primera parte, esta vez como drama: un Tigre  acorralado, rezando a los palos y totalmente entregado y abatido, de mal en peor. Esto recién empieza.