Las dos caras de Bolívar

Goles son amores

Ricardo  Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Las dos
caras
de Bolívar

Introducción: la nefasta dirigencia está saboteando el fútbol boliviano por meros intereses particulares. Nada ni nadie los detiene. Tocamos fondo y ellos siguen cavando. Pero en algo son buenos: tienen maestrías para poner a la hinchada en contra de los actores principales de este juego: los futbolistas. La última barrabasada: Bolívar, el último campeón, no se juega nada en el actual torneo pues ya logró el cupo a la Libertadores y haga lo que haga no tendrá ni (otro) premio ni castigo. Esto desnaturaliza la competencia. Y somos los únicos en el mundo que “organizamos”, sin vergüenza, este tipo de despropósitos. Gracias, señores de la Federación, su tarea autodestructiva va viento en popa.
Nudo: el Siles luce con más cemento que gente. El público responde así, en silencio, a la incapacidad dirigencial. Vigevani tiene un objetivo, preparar el equipo para la Libertadores y hacer olvidar a la hinchada la partida de dos jugadores clave: Justiniano y Riquelme. Oriente es el fiel reflejo del desastre: técnico interino, quilombos dirigenciales y naufragios sempiternos. Vigevani no cambia y sigue probando: coloca a Ribera de lateral izquierdo y pone a Saavedra muy lejos del área (de volante mixto de contención con el debutante uruguayo Ángel Rodríguez). La primera parte va a ser enteramente “refinera” con un Oriente atacando con cuatro: el exquisito Lucas Mugni, el juvenil John García (se manda un partidazo como “wing” diestro), Soliz y Sperduti. La zaga celeste (Jusino y un errático Prieto) tampoco cambia y sigue dando demasiadas licencias.
Desenlace: el 0-2 de la primera parte toca el orgullo celeste. Vigevani rectifica a tiempo y manda tres cambios: Orellana deja afuera a Ribera, Machado hace lo propio con Rodríguez y Santos con el juvenil Cano. Entonces llega una remontada justa con gol en la última jugada de Prieto (minuto 94). Un Bolívar desmotivado echó una siesta placentera; otro Bolívar herido remontó con más coraje que juego. Es la Academia de las dos caras.