REC: una obra libre de convencionalismo

Mauricio Toledo, Leonel Fransezze y Mariana Vargas, elenco completo.

crítica de teatro
Jackeline Rojas Heredia
La palabra no dice mucho, difícil sospechar el contenido si antes no se ha leído algo escrito o se ha intentado adivinar, a través de la única imagen del afiche, que muestra dos hombres de frente atados por algo que parece ser una cinta de casete.
Una cinta fuera de circulación porque ahora las reporteras son digitales y entonces, poco o nada, se podría deducir de la mencionada imagen. Mas, si los escasos espectadores, en número de 20 a 25 deben ubicarse en una habitación en la que se halla una cama desordenada en el centro y deben evitar no pisar la ropa tirada en el piso. Entonces, inicia la acción y es como estar escondidos de quienes son los protagonistas, estar en la intimidad de la escena, contener la respiración o bajar su ritmo.
Un público que se integra al escenario, que está sin estar en medio del drama, que observa toda la intimidad de los protagonistas, que escucha el sonido del orín sobre el inodoro y mira a escasos centímetros los detalles en cada personaje. Desde el público, presente y ausente, la historia se hace más íntima, compleja, dura, y a la vez superable. Un mal sabor en la boca que pasa con una bebida fría o caliente de acuerdo al gusto, pero pasa, eso importa.
Una violación sale a luz y de repente el bueno se hace malo y el malo bueno y nos descubrimos humanos con defectos y entonces, la víctima que a su vez es verdugo justiciero que retorna del pasado a cobrar venganza, una mofa, un chiste malo, una manera distinta de terminar con un asunto pendiente entre cuatro paredes y el público.
Dolor que no se dice pero que flota en el aire, ironía, desidia, cansancio de buscar un atisbo de conciencia, un algo que impida agudizar aún más el mal sabor en la boca, pero la conciencia es una mezcla de voces que contrariamente a lo que el otro espera, solo ceden a lo que tu mente quiere creer, y en una cultura violenta y machista, es fácil creerse el discurso de que fue la mujer la más culpable por estar junto al hombre que la dañó.
Puesta la escena, en realidad la habitación y puestos los calzoncillos para no alarmar a los presentes, la venganza solo es una suposición de lo que debió ser. Una grabación como prueba del delito, ahí el significado de REC. El susto es más que la aterradora realidad, al final venció ¿Qué? ¿Quién? Nada. Todo se disolvió, relaciones rotas, Cada quien a superar la falta de respiración.
REC es una propuesta más que interesante de Fernando Arze, creativa al extremo y más honesta con el público, quizá en una especie de línea o espejo de quien es cada quien, sin el momento anhelado por el que dicen vivir los artistas… el aplauso. El aplauso que alimenta egos. Ellos en lo alto del escenario, inmortales, intocables y un público a sus pies. REC evita ese instante, deja más que claro que su objetivo es afectar en todos los sentidos al espectador, no solo a su sensibilidad y por eso hace que definitivamente la obra sea una experiencia inolvidable.