Te confieso la misma historia

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Te confieso la misma historia

Introducción: Brasil ha ganado las cuatro Copas América que ha organizado (1919, 1922, 1949 y 1989) y suma en total ocho. Aunque sigue muy lejos de Uruguay y Argentina con 15  y 14  “taças“. La expectativa callejera por el antiguo campeonato sudamericano en tierras brasileñas se palpita en una columna de opinión del diario Folha de Sao Paulo (“A  Copa América interessa?“) de un prestigioso sociologo paulista llamado Juca  Kfouri, autor del libro “Confiesso que perdi“. El equipo de Tite no tiene fútbol y el dt la “canarinha“ se la juega, obligado a ganar y a gustar. Mucha “coisa“.  Bolivia llega disfrazada de Caperucita verde, a merced del lobo, esta vez con la maldita camisa blanca. Villegas asegura en la previa que se defenderá pero que asumira riesgos.

Nudo: Brasil arranca de mejor a peor, se desinfla, se atasca, se queda sin sorpresa con Neymar acusado de violacion, con su pueblo de espaldas. No emociona, no apasiona, la frialdad baja y sube desde las gradas con cemento del Morumbi. La Copa no seduce, definitivamente. Bolivia ofrece su mejor cara: se repliega con orden y trata de salir con el mismo onceno que chocó contra la campeona del mundo. Es el objetivo de Villegas para las eliminatorias: armar un onceno y una idea. Y foguear a los changos prometedores. Resumiendo, la historia de nuestra vida entera. Verde que te quiero, esperanza. “Sunchu luminaria“, nomas. Uno puede preferir otro estilo pero el cochabambino tiene certezas en un fútbol nuestro repleto de incertidumbres e improvisaciones dirigenciales. ¿Alcanza con eso?

Desenlace: en siete minutos de la segunda, la mediocre realidad aparece como un mal sueño en una noche calurosa de invierno. Bolivia se pone a la moda del mundo y sufre el VAR, Brasil halla la espalda de Marvin desnuda y hace el segundo. Entonces pasamos la página del mismo libreto: la verde mejora ligeramente porque se atreve otra vez con el “score“ abajo. Y entonces aparecen los huecos atrás y el relajo del local.

Y entonces, te confieso la misma historia, Morumbi 3-0, somos un cómodo sparring.