Ana María Pérez Química inventora

1. La inventora con el proyecto Ferpap para Innova Bolivia.

Melina Valencia Achá
Desde los ocho años su pasión por el mundo de la ciencia sigue intacta, simultáneamente desarrolla otras actividades como escritora, divulgadora científica, incluso hasta presentadora y productora de programas de televisión.
Impulsó la creación del Día del Inventor Boliviano (2006) y el Día del Químico Boliviano (2012).
Ha contribuido al país con 46 inventos, principalmente para el mejoramiento de plantas y cuatro innovaciones tecnológicas en diferentes áreas.

¿Cuándo nace el interés por la química?
Empecé desde los ocho años más o menos, casi como un juego. Mis papás me llevaban a ver muñecas, pero yo me aficioné de un microscopio, al año siguiente me compraron un juego de química, no entendía mucho todavía, pero sabía que quería eso como regalo de Navidad. Con esos dos elementos nació mi amor por la ciencia.
Desde pequeña, mi padre me instaló un laboratorio en mi casa, donde tenía mis tubos, las gradillas, y cuando volvía del colegio me encerraba en el laboratorio para experimentar lo que había visto en clases.
Otro elemento de inspiración fue el Libro Gordo de Petete, que tenía espacios de ciencia. Hacía experimentos desde niña y así surgió mi pasión también por la química, las plantas. Paralelamente, mi profesora le dijo a mi mamá que yo tenía aptitudes para escribir cuentos. Fue después de conocer en radio Panamericana al muñeco Ciruelito que —gracias a Jaime Rivero— el doctor Armando Soriano Badani público mi primer cuento en una sección de Voces Nuevas iniciando mis actividades literarias; posteriormente se convirtió en divulgación científica, que es lo que hago actualmente.

¿Cuál fue su primer invento?
En mi laboratorio hacia toda clase de experimentos, con plantas principalmente, y allí desarrollé mi primer invento denominado Pensol, un abono líquido que agigantaba la especie de flores Pensamientos. En ese entonces tenía 10 años.
Entonces la dedicación a la química, la invención, el ser escritora, todo nació entre los 8 y 10 años.
Posteriormente escribí cuentos, leyendas, tengo también una obra de teatro que se grabó para canal 7, quedó como una película. Después tenía mi columna en El Diario.
Cuando terminé el colegio, la química me seguía gustando y me enamoré después de mi carrera de Ciencias Químicas. Siempre manejé varias actividades al mismo tiempo, todo se balanceaba sin dejar a la familia. Para mí lo más importante siempre ha sido la familia.
¿Sus compañeras de curso o su grupo de amistades también estaban interesadas en la ciencia?
Éramos un grupo de estudiosas, igual compartíamos en las fiestas de 15 años, salíamos y nos divertíamos.
En el colegio tenía un profesor muy bueno, Édgar Gemio, quien nos inculcó un poco más lo que es química, pero yo siempre tuve el interés porque desde pequeña hacía experimentos oxidando clavos, viendo procesos de disolver azúcares, sales; era y es mi pasión.
¿Qué experiencia recuerda de esa época?
En una clase del colegio vimos las partes de la Tierra, y se quedó grabado el centro de la Tierra y me quedé pensando cómo será. Entonces empecé a cavar en el jardín, todos los días después de almuerzo hacia un hueco y lo tapaba, hasta que un día mi abuelita se tropezó y me descubrieron.
Terminé la carrera de Ciencias Químicas y desarrollé mi tesis sobre reguladores de crecimiento y hormonas vegetales. Asimismo, continuaba con la divulgación científica con producción de material educativo para medios de comunicación, formé parte del equipo fundador de las Olimpiadas Matemáticas Bolivianas en la Facultad de Ingeniería; luego de las Olimpiadas Científicas, de las Olimpiadas Químicas, con un equipo de docentes y estudiantes.

¿Cómo fue su paso por los medios de comunicación?
En canal 7 hacía presentaciones en un programa infantil, en los estudios en El Alto, después producimos un programa de olimpiadas científicas donde llevamos a la televisión experimentos, curiosidades de matemáticas y otros, durante dos años más o menos. Luego estuve casi medio año en el canal 27 con un programa que mostraba física, química y matemáticas y se filmaba en los laboratorios, era teoría más experimento (1993).
Después estuve en el canal 13, Televisión Universitaria, donde además desarrollé un programa cultural, un desafío para mí. También teníamos una serie de investigaciones científicas.
¿Cómo sigue con la divulgación científica?
Fue en 1996 que se fundó la Asociación de Inventores de Bolivia junto a la Academia de Ciencias de Bolivia con un grupo de nueve inventores, yo era la única mujer, y lo tomé como un desafío de género. Allí estuve como presidenta cuatro años seguidos, desde el 2002 al 2006. Creamos cinco premios para inventores y creamos el Museo de Ciencia. El maestro Ernesto Cavour nos prestó una sala en un inmueble de la calle Jaen y Entel nos ayudó, allí teníamos inventos bolivianos desde épocas ancestrales.
También realicé una investigación denominada Antecedentes Históricos Sobre Inventos y Patentes en Bolivia, que se publicaron en tres libros (desde épocas ancestrales hasta nuestros días). Uno de esos textos fue declarado como texto de consulta para los colegios.
En los últimos años publiqué el libro Inventos e Innovaciones en la Alimentación que fue premiado en Francia en los prestigiosos Premios Gourmand (2011), son como los Oscar en literatura, el premio lo recibí en 2013. Debo sacar una nueva edición incorporando la distinción.

¿Cuáles son sus proyecciones?
En la actualidad tengo un centro de investigaciones que data de 1998, y todo está concentrado allí. Me absorbe mucho tiempo, pero con grandes satisfacciones porque estamos aportando desde el centro; uno de los proyectos fue el Día del Químico Boliviano (24 de agosto), junto a otras instituciones, y ahora es Ley, así como el Día del Inventor (23 de abril). Esas fechas se convirtieron en momentos de integración.
¿Qué sueños tiene una inventora?
Uno sueña con hacer realidad los proyectos, dentro de mis inventos, por ejemplo, está la técnica para mejoramiento de flores con la que obtuvimos unas caléndulas mejoradas, yo soñaría verlas en un sobre y produciéndose comercialmente.
Entonces, uno sueña que sus inventos se apliquen; con el esfuerzo y con la bendición de Dios se puede hacer muchas cosas.