Almagro y los ignorantes

 

Víctor Alonzo Gutiérrez 

La visita realizada a Bolivia la pasada semana por parte del secretario general de la OEA, Luis Almagro, trajo sin duda alguna un sinnúmero de repercusiones tanto en el orden noticiero, como en el orden político. En el primer aspecto, Almagro fue objeto de titulares de prensa; en el segundo ámbito, es decir en el plano político, fue objeto de durísimos ataques de todo ese conglomerado de gente agrupada alrededor de plataformas ciudadanas, y de las esmirriadas agrupaciones políticas que hoy presentan candidaturas para las elecciones generales de octubre próximo.  

Quienes hasta hace muy poco tiempo tomaban como ‘referencia’ las opiniones de Almagro respecto de algunas candidaturas, hoy le lanzan una andanada de improperios y adjetivos, a tal punto de convertirlo en uno más de sus enemigos. ¿Qué ocurrió entonces para semejante cambio? 

Ocurrió que Almagro fue capaz de darse cuenta de que en la disputa política no hay mejor camino, no hay mejor forma que dejar que las urnas se pronuncien y sean ellas las que definitivamente diriman la contienda político-electoral. Esta es una especie de premisa que cualquier político sensato y con un mínimo de criterio sí acepta.

Lo contrario significa negar la realidad e implica al mismo tiempo una especie de autoengaño. Actitud de la que echan mano quienes en el fondo y de antemano se saben huérfanos de apoyo político, incapaces de generar adhesión.  De ahí que acuden a la fabricación de pseudodiscursos ‘revestidos’ de ‘legalidad’ para encubrir la real orfandad política en la que viven y cohabitan gran parte ellos a título de ‘oposición’. 

Por eso es que cuando Almagro les dice a quienes antes se consideraban sus feligreses que acepten el desafío de las urnas y que no veten a Evo Morales como candidato en las elecciones de octubre que transcurren, motivado por ese razonamiento de que en plena vigencia de un sistema democrático no hay mejor dirimidor de contiendas político electorales que dejar que las “urnas hablen”, antes que optar por el camino de la ficción o la chicanería legal. 

Ante la afirmación de Almagro vertida en términos completamente políticos durante su visita a Bolivia, sus otrora feligreses se lanzaron en su contra y profirieron cuanto improperio llegaba a sus bocas, pero no todo quedó ahí, sino que fue el propio Almagro quien después refirió que los ‘opositores’ que lo visitaron estuvieron a punto de agredirlo físicamente. Algo terrible, así como insólito, y que nos muestra con elocuencia y de cuerpo entero a una oposición mediocre, casi cavernaria. En ese contexto, la calificación de Almagro respecto a estos opositores al haberlos llamado “ignorantes” no solo se ajusta plenamente, sino que aún queda muy chica, dado que son realmente la peor muestra o expresión de la derecha boliviana de los últimos 50 años, incapaces de incurrir en una sola idea creativa, ni pensar en la elaboración de una propuesta política seria de cara al país, y que lo único que exhala a su paso es su enorme odio visceral hacia Morales y más nada. 

Entre las repercusiones que se produjeron en estos días, no podían faltar las ‘apreciaciones’ de Jorge Quiroga Ramírez, quien no obstante de ser una especie de cadáver insepulto en términos políticos, aprovechó la oportunidad para salir al aire y de ese modo ‘decirle a sus amigos’ que lo tomen en cuenta, que él está ahí, bajo el falaz discurso de la ‘unidad’, que de unidad no tiene nada, y que como siempre sucedió entre todos ellos, más puede quien está más cerca de las roscas y camarillas, y que esa es la única forma de gobernar que le ofrecen a Bolivia.