Talleres se aferran al ‘tic tac’ del reloj y se resisten a desaparecer

Foto: Diego Ponce de León M.
Don Hernán en su taller de la calle Mercado.

Hay pocas relojerías que sobreviven en las calles del centro paceño
Diego Ponce de León M.
La actividad de los relojeros, una de las más antiguas de La Paz, tiende a desaparecer por el desuso de los relojes tradicionales y la innovación de modelos electrónicos y digitales cada vez más modernos.
La tendencia actual es usar relojes baratos, que en su mayoría son de procedencia china o asiática, por los bajos costos y un diseño moderno que se renueva en el corto plazo.
José Chavarría, relojero que posee un taller en la calle América, a pasos de la plaza Alonso de Mendoza, describe que el gusto por la relojería es por el manejo de “pequeñas cositas” y que no hay muchos relojeros. “Los pocos que hay nos conocemos entre nosotros, somos como ocho, pero debemos ser al menos 25 (relojeros) en la ciudad de La Paz.”
El gremio de los relojeros ha migrado a distintos sectores del comercio por la baja en la demanda y la entrada de relojes “desechables y de precio bajo” en el mercado paceño. “Algunos se convirtieron en comerciantes, otros en joyeros, transportistas, y los demás ya nos han dejado”, sostuvo un relojero de la calle América.
Los trabajos en los relojes tienen un costo promedio de 30 bolivianos, dependiendo de los requerimientos que el cliente pida y las condiciones del mecanismo del aparato.
Los herederos del oficio no hallan un interés real en el negocio de la relojería porque no es rentable y prefieren estudiar carreras con un porvenir más provechoso.
Los relojeros que son padres de familia tampoco tienen el deseo de traspasar los conocimientos a sus hijos, ya que consideran que es mejor buscar otras oportunidades para ellos.
José Machicado (nombre ficticio), un joyero y relojero de la calle Mercado, aseguró que su padre ejercía ambas actividades desde los años setenta y que él lo hizo desde los años noventa. Explicó que la situación era muy distinta tiempo atrás.
“La rentabilidad y los visitantes que llegaban al taller eran mayores antes, pero ahora, con el uso de celulares y el comercio de relojes chinos, reparar, limpiar o hacer un mantenimiento a los relojes tradicionales es más caro que comprarse un reloj trucho nuevo”, agregó.
Héctor Calani, relojero que trabaja hace más de 40 años en la relojería Alfa & Omega, sostiene que la gente siempre quiere reparar sus relojes porque son una reliquia o un regalo importante y que el buen trabajo siempre atrae y mantiene clientes. Expresó que “la relojería es un trabajo de pocos y se limita a la reparación de los mecanismos, no de cambiar pilas”.
También sostuvo que la desaparición de casas representantes de marcas importantes de relojes se debe al desuso de los relojes por las nuevas generaciones, sin embargo confía en que la población no dejará la costumbre de reparar sus relojes.
Entre todas las personas entrevistadas, ninguna se identificó con la Asociación Mixta de Orfebres y Relojeros (AMOR), lo que hace pensar que este sector no tiene ninguna representación oficial y se está desvaneciendo poco a poco por la invasión de nuevas tecnologías que no requieren del trabajo de los relojeros, y por el uso del celular.
El secretario general de AMOR, Félix Gutiérrez, dijo que “la asociación representa más que todo a joyeros orfebres y que solamente tiene dos afiliados relojeros con taller”. Explicó que ya no hay afiliados por la entrada de relojes a pilas y por la procedencia de relojes del contrabando.
precios
Los precios de los relojes ‘truchos’ (que no son originales) varían entre 30 y 200 bolivianos en puestos del mercado informal, pues dependen de sus características técnicas más que de una marca reconocida (ya que, probablemente, a la gente no le causa ningún inconveniente y sabe que no es una pieza original).
Son muy pocas las personas que adquieren un reloj original de marca. Y a pesar de una clara disminución de los locales que venden relojes de estas características, siguen existiendo algunas tiendas que pueden ofrecerlos.
Los precios de los relojes baratos oscilan entre los 30 y 200 bolivianos, mientras que los relojes de marca superan los 700 bolivianos y pueden llegar a costar más de 2.000 bolivianos.

Bs 30 cuesta en promedio la reparación del mecanismo de un reloj, lo mismo que cuesta un reloj “trucho” nuevo.
665 millones de relojes produjo China, llegando a ser el primer productor en 2012, según datos del canal relojeria.bolgspot.com

Datos interesantes
El origen del reloj de sol es de aproximadamente 4.000 años, tan sencillo como clavar un palo en el suelo y observar el movimiento de la sombra del bastón que señalaba los horas.
Los primeros relojes de pulsera se fabricaron a fines del siglo XIX. Hasta la aparición de los relojes de cuarzo, los suizos y americanos llevaban la delantera en la construcción de relojes, antes que los japoneses.

Cierran Talleres y tiendas del centro
Los relojeros que tienen talleres en el centro de la ciudad de La Paz ven cómo desaparecen los negocios de otros colegas.
Ya quedan pocos en la peatonal Evaristo Valle, avenida América, calle Mercado y la plaza Pérez Velasco, que hace años congregaban a varios locales y talleres relojeros.
En la actualidad quedan solo unos cuantos y la perspectiva de los relojeros no es optimista, por lo que varios optaron por otro tipo de actividad para resguardar su economía.

Precios variados en el Mercado informal
Hay varios vendedores dedicados a la comercialización de relojes truchos en las calles de la ciudad, muchos de ellos son celosos de dar información de sus productos. Sin embargo, algunos tasan los relojes entre 30 y 200 bolivianos, además se diferencian por una variedad de características, como el modelo, el material, analógico, o digital, o de funcionamiento mixto.
Según ellos, la demanda de los clientes se redujo de manera considerable.