Iglesia católica, la otrora sofocadora de conflictos

Una de las asambleas anuales de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB).

 

Gonzalo Pérez Bejar

El rol de la Iglesia católica en Bolivia fue contradictorio, porque en un momento algunos de sus máximos representantes apoyaron a los gobiernos dictatoriales y, al mismo tiempo, desde las bases, se podría decir, salieron al frente para que bajo la doctrina de la Teología de la Liberación se luche por la defensa de las libertades democráticas y el respeto de los derechos humanos.

Ese puede ser el punto inicial para indagar algo sobre el papel que cumplió la institución eclesiástica en estos últimos 40 años. Por supuesto los criterios son unánimes cuando se la identifica como apegada a los sectores de la oligarquía y el control del poder.
En criterio del docente y analista universitario Eduardo Paz Rada, las posiciones de la Iglesia católica en Bolivia han sido siempre contradictorias en el tiempo.

“En determinado momento sectores de la Iglesia tuvieron posiciones de compromiso con el pueblo y en todas han sido prácticamente un apéndice o un seguimiento de los sectores dominantes, de los sectores de poder en el país”, manifestó.

Los matices son diferentes —dijo— cuando su papel es uno en la época colonial, en la que la Iglesia fue el instrumento de dominación a los indígenas; en tanto que en la época republicana asume posiciones de compromiso social, y todo lo contrario cuando se erigieron en el continente y en nuestro territorio las sombras de la dictadura (1964-1971-1980).

Paz Rada hizo énfasis en que la manifestación más elocuente se dio en los gobiernos dictatoriales, “porque varios sectores de la Iglesia han estado junto a la jerarquía vinculada a la dictadura”.

En ese período la máxima autoridad eclesiástica fue José Clemente Maurer (cardenal de Bolivia desde 1967 y arzobispo de Sucre entre 1951 y 1983).

“Tenemos en las dictaduras a capellanes, confesores u obispos que han estado cerca del poder. Pero también ha habido sectores de la Iglesia que han enfrentado a las dictaduras, como la Teología de la Liberación, que desde los años 60 ha desarrollado una gran mística y compromiso de sacerdotes y monjas, compromiso con el pueblo para luchar contra las dictaduras, eso ha ocurrido frente a Barrientos o Banzer”, sostuvo.

Un criterio similar fue expuesto por el presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, Lino Cárdenas. Recordó que en la época de la dictadura “la cúpula de la Iglesia apoyó de forma directa e indirecta; obviamente que hubo algunos miembros eclesiásticos que se desligaron de estas estructuras y por eso fueron perseguidos y combatidos en América Latina”.

EN LA DEMOCRACIA

En la época democrática, Paz Rada lamentó que la jerarquía de la Iglesia, también en consonancia con los cambios a nivel mundial, fuera cómplice de todas las reformas que afectaron al pueblo boliviano. “Hay casos muy concretos de cómo los obispos han trabajado en esa perspectiva”, señaló, aunque no dio nombres.

Los antecedentes de prensa refrescan esos episodios de la historia. Por ejemplo, cuando monseñor Edmundo Abastoflor (28 de julio de 1995), a nombre de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), fue mediador entre el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y los dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) para la pacificación del país, la libertad de los detenidos y confinados producto de la declaratoria de estado de Sitio.

Otro episodio de conflicto social se registró en septiembre de 1998 (gestión de Hugo Banzer), cuando se produjo el enfrentamiento entre los cocaleros y autoridades del Gobierno; en esa oportunidad el mediador a nombre de la CEB fue  monseñor Jesús Juárez.

Esto, para el diputado del MAS-IPSP Elmar Callejas, es una muestra de cómo en el período neoliberal se incurrió en un silencio cómplice respecto a los abusos que se cometieron.

“Se han legitimado a través de la democracia pactada política que socavó la estructura de nuestro país y enlutó al pueblo boliviano en sus diferentes luchas para liberarse del neoliberalismo”, indicó.

Callejas dijo que la Iglesia actuó en ese período como “apaga incendios” y su rol era adormecer a quienes estaban en las luchas sociales, “y a título de paz buscaban apagar los principales conflictos que vivía el país, eso era la complicidad que tenía la Iglesia con el poder por determinados privilegios”.

Para su colega de bancada Lino Cárdenas, la Iglesia “dio mucho empuje a encontrar solución a los conflictos y por eso participó decididamente en situaciones de diálogo”.

“Conflictos entre los sectores sociales que eran arremetidos por el Gobierno neoliberal. Por eso es una Iglesia que tiene una posición definida a nivel de cúpula y tiene el poder de discurso dominante en su interior, que empuja a defender en última instancia al poder político”, señaló.

En criterio del docente Paz Rada, la institucionalidad de fe católica era protagónica y su posición era de acuerdo con las circunstancias, fundamentalmente por los obispos que son parte de una jerarquía en la Conferencia Episcopal Boliviana.

“La mediación se trata precisamente de debilitar o de fraccionar, o romper la unidad del pueblo o de las fuerzas sociales que están logrando un avance importante en las cuestiones sociales y económicas”, sostuvo.

Aclaró, sin embargo, que una cosa es la palabra de la jerarquía eclesiástica y otra la del conjunto de la Iglesia católica.

PROCESO DE CAMBIO

Esa conducta no se mantiene en el actual período de gobierno (2006-2019) porque hay un cambio de rumbo en la toma de posición con la designación del cardenal Toribio Ticona Porco.

“La palabra del Cardenal tiene un vínculo directo con la posición oficial del papa Francisco, y la población católica es muy diversa en el país, porque la mayoría de los católicos está apoyando un proceso de cambio social y de reivindicaciones sociales en Bolivia”, apuntó.
El diputado Callejas afirmó que la llegada del cardenal Ticona ha significado el retorno a la fe y esperanza para tener una Iglesia al servicio de los más humildes.

Por eso cree que es importante que la Iglesia reflexione sobre su comportamiento y deje de lado los grupos de poder económico para servir a la mayoría del pueblo, tanto indígenas, campesinos como demás sectores de trabajadores.

Producto de esa cercanía del cardenal Ticona con el Gobierno fue duramente criticado y cuestionado, incluso los obispos que conforman la Conferencia Episcopal Boliviana lo desautorizaron para emitir criterios a nombre de la institución eclesiástica.

Así se repitió el 29 de abril cuando los obispos desconocieron las declaraciones que hizo Ticona, quien participó en la inauguración del XIV Congreso Ordinario de la Federación de Mujeres Campesinas de Cochabamba Bartolina Sisa.

“Para adelante tenemos que ir siempre con el presidente Evo Morales. No solo tenemos que hablar, sino debemos trabajar todos. Ya se acercan las elecciones y debemos ir adelante. Por eso debemos trabajar todos e ir a todos lados, hacer conocer a los hombres, pongos y mitanes alegres, Dios mediante”, dijo el Cardenal.

Jerarquía eclesiástica no quiere el cambio para Bolivia

La voz de ciertas cúpulas de la Iglesia católica no representan al conjunto de esa institución y tampoco llevan la voz del pueblo boliviano, por eso no conciben los cambios que se han dado en nuestro país, sostuvo el analista y exviceministro de Autonomías Hugo Siles.

“Muchos de esos cambios son recibidos con amplitud por los sacerdotes del área rural, donde se han podido percibir los cambios registrados en el país y que le permitieron bajar índices de pobreza, mejorar las condiciones de vida de los bolivianos y, lo más importante, haber recuperado la soberanía de nuestros recursos naturales”, dijo la exautoridad.

Lamentó que algunos miembros de la jerarquía eclesiástica tengan una posición muy reacia a los cambios y al propio presidente Evo Morales. Por eso —dijo— llegan a cuestionar temas de alcance político y observan el proceso electoral que se perfila en el país.

“En esas políticas públicas están, en gran medida, la transformación que tiene el país, y la gran mayoría de los sacerdotes y miembros de la Iglesia católica reconocen, y una reducida visión la tienen algunos miembros de la Iglesia católica “, remarcó.