Meruvia: La zurda mágica que brilló en Ingavi

Guido Meruvia y un balón de básquetbol. Fue su cómplice en su época de alegrías en el deporte. Brilló en Ingavi.
Marco Quispe

Marco Quispe / La Paz

No es que a Guido Meruvia Gutiérrez no le guste el fútbol; es más, jugó unos meses en Bolívar, pero si le preguntan con qué colores se identifica afirma sin dudar: el verde y blanco de su querido Ingavi, el mejor exponente del básquet en los últimos 50 años.
Ese Ingavi no tenía rival en aquella época. Salió 15 veces campeón de La Paz y 10 veces campeón nacional, ambos de manera consecutiva. 
Meruvia llegó en 1966 al equipo. Años después, su brazo izquierdo luciría el cintillo de capitán para transformarse rápidamente en un baluarte y líder del cuadro albiverde.
“El Ingavi significa parte de mi vida, salvando las diferencias, esos colores se asemejan para mí a la tricolor nacional. Ahí sentí el compañerismo real”, dice el exdeportista que tiene en su casa una sala llena de trofeos y reconocimientos que logró en su larga carrera.
Meruvia brilló en el cuadro paceño en esa época dorada. Compartió vestuario con jugadores históricos como Rodolfo Aliaga, Édgar Pozo, Javier Núñez del Prado, Marcelo Mercado, Jorge Echalar, Johnny Burgoa, entre otros que también fueron piezas claves.

PRIMEROS PASOS
El ingavista de corazón recuerda su primer partido con mucho afecto. Menciona que fue suplente de inicio y cuando entró afloró en él el nerviosismo, por lo que apenas agarró el balón.
“Era un partido contra el club Macabi, tenía muchos nervios, pero mis compañeros me apoyaron. Creo que el compañerismo identificó a Ingavi”, señala mientras ve su álbum de fotos en sus inicios deportivos con ese equipo.
Meruvia recuerda que en los primeros años con ese club tuvo la responsabilidad de ser alero (delantero en básquetbol). Ya consolidado, pasó a ser uno de los armadores más talentosos que tuvo Ingavi y el baloncesto nacional.
 “Han sido años de mucho aprendizaje, pero mis compañeros fueron los que me ayudaron”, sostiene.
Durante 18 años defendió el verde y blanco, solo un año jugó para el equipo de los militares en esos años, Mariscal Santa Cruz, debido a que el deportista tuvo que hacer su servicio militar obligatorio en el Colegio Militar del Ejército (Colmil) en 1965. 
Al año siguiente volvió al cuadro de sus amores y desde entonces nunca más lo dejó, lo defendió 18 años.
Meruvia es profesional en administración de empresas, estudió en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Nació un 17 de febrero de 1948 en la popular calle Junín, de la ciudad de La Paz. A sus tempranos 14 años, como estudiante del colegio La Salle, fue dando sus primeros pasos en el básquetbol, en el equipo de reserva del Ingavi. 
En ese panorama, sus padres José Meruvia y Esperanza Gutiérrez de Meruvia fueron quienes apoyaron al joven deportista en sus inicios de su carrera, cuando incluso llegó a jugar de manera gratuita por cariño a su querido Ingavi.
“Eran años de mucho sacrifico y amor propio. Muchos nos partíamos en tres, primero entrenábamos por las mañanas e incluso nos lavábamos en una pila con agua fría porque no había duchas en esos años. Luego trabajábamos hasta la tarde y por las noches estudiábamos. En mi carrera de basquetbolista nunca me pagaron”, rememora el paceño con cierta nostalgia.

LA ZURDA MÁGICA
Sus 1,78 de altura no impidieron que Meruvia deslumbre a sus fanáticos y provoque la envidia de sus rivales. Menciona que si en la actualidad todavía jugara, dejaría a muchos con la boca abierta. “Si continuara siendo jugador en esta época, seguro que metería tres puntos a cada instante”, dice con una sonrisa.
Muggsy Bogues (1,60 m), Greg Grant (1,70 m), Keith Jennings (1,70 m), entre otros, son algunos de los tantos basquetbolistas de más baja estatura en la historia de la NBA. Muchos de ellos no llegaron lejos por esa circunstancia, incluso a algunos los despidieron. Pero Meruvia rompió todo tipo de prejuicios en esos años y con mucha ‘altura’ deportiva brilló con Ingavi.
“En esos tiempos un basquetbolista nacional debía tener un promedio de estatura de entre 1,80 m y 1,85 m de altura. Recuerdo que esos años muchos me subestimaban por mi condición física, pero a esos les fue muy mal”, dice el exdeportista muy seguro.
‘El Zurdo’, le decían de cariño sus amigos. El paceño tiene cuatro hijos y siete nietos. Aclara que ninguno de sus hijos heredó esa zurda mágica que lo llevó lejos, pero confiesa que ve un gran futuro en uno de sus nietos varones que ya muestra algunas condiciones con el balón.
“Uno de mis nietos tiene las condiciones para ser deportista. Emiliano, a su corta edad (7 años), ya muestra condiciones de atleta. Sin embargo, no importa lo que decidan todos ellos, son muy queridos por mí y siempre respetaré el camino que decidan tomar”, señala el administrador de empresas.

EL PUEBLO UNIDO JAMÁS...
Equipos como Municipal, Mariscal Santa Cruz, Litoral, Municipal, entre otros, eran considerados clásicos rivales de Ingavi. Cualquiera de estos cuadros llenaba el coliseo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) con hasta 10 mil asistentes alentando. 
Cada vez que estos jugaban con Ingavi, la gente apoyaba bajo el grito: “El pueblo unido jamás será vencido”. Este estribillo fue de los movimientos sindicales durante los años 60 y 70, en respuesta a los gobiernos de la dictadura. Era un estribillo de mucha rebeldía, de protesta.
“Los partidos se llenaban con la presencia de Ingavi. Lamentablemente ya no se ve eso en la actualidad. La gente coreaba: ‘El pueblo unido jamás será vencido’. Era muy emocionante”, dice con nostalgia mientras ve una foto del partido de su equipo ante un marco repleto de asistentes.
El Barcelona de España, Gillet de Estados Unidos y hasta los Harlem Globe Trotters llegaron a jugar partidos de exhibición con los planteles paceños de básquetbol de esos años. Meruvia afirma que hoy hacen falta algunas políticas a favor de este deporte y otras para que recobre fuerzas, como antes.
“Nos falta organización. Mientras no haya organización y estemos con esta mentalidad, no podremos darle la importancia y atención que antes tenía el básquet, y también hay que mirar otras disciplinas”, recomienda el paceño que también fue dirigente deportivo en los 90.
Meruvia aclara que una vez disputó un cotejo que la gente lo denominó ‘Ingavi vs. Ingavi’, debido a que muchos de los exjugadores ya mayores del cuadro verdolaga pasaron a formar parte del Municipal y los jóvenes que venían de atrás subieron a la primera división para jugar contra sus excompañeros.
“La emoción de la gente era incomparable en este tipo de encuentros. No hay explicación de lo que sucedía”, cuenta esos momentos inolvidables el ingavista de 71 años.
UN PASO FRUSTRADO
Guido Meruvia es también hincha del fútbol. Confiesa que es de The Strongest, pero 1967 tuvo un paso impensado en su trayectoria en el baloncesto. Ya consolidado en Ingavi y tras una invitación fue a defender los colores del club de fútbol Bolívar.
“Era un central de oficio. Llegué a jugar algunos partidos y uno de los que recuerdo fue contra Wilstermann”. Recuerda con tristeza que su paso por el balompié fue muy fugaz. Apenas duró meses debido a un desencuentro con algunos jugadores foráneos.
“Había una rosca de los extranjeros. Cuando una persona destacaba, empezaban a molestarlo. Me agarré a puñetes con un chileno que apellidaba Palacios. El ambiente no funcionó y me tuve que ir”, dice el deportista que compartió vestuario con futbolistas como Carlos Oropeza y Noel Fanola, entre otros.
Sin embargo, el básquet lo volvió a acoger. Allá estaban sus aguas. Además, con los compañeros formaba una familia, dejando de lado los roces que tuvo en el fútbol.

EL HASTA SIEMPRE
Tras 18 años defendiendo los colores del club Ingavi, Meruvia tuvo que decir adiós a su querido equipo. En 1982, en un partido ante Municipal, jugó sus últimos minutos de manera profesional. Un repleto coliseo presenció el adiós de ‘Pulgarcito’, como algunos medios lo llamaron.
“Fue un momento muy emotivo. Porque era la final ante uno de nuestros clásicos rivales. Salimos campeón en ese partido. Fue la despedida perfecta”. Ese día Meruvia jugó como aquel muchacho de 13 años que debutó con el Ingavi, con alma, vida y corazón, y enamorado del verde y blanco. Recordó que fue llevado en andas por el campo de juego.
Dos años después de dejar el básquetbol, fue entrenador de Colonia, un equipo que comenzaba a aparecer en la escena deportiva. Aunque no salió campeón con este club, llegó en esa temporada al tercer lugar. Ya en 1984 dejó para siempre el básquetbol.
Guido Meruvia dice que el amor que tiene por Ingavi “nunca se apagará”. Sus compañeros, a los cuáles todavía los ve, le enseñaron muchos valores, pero sobre todo el del compañerismo incondicional. En su sala de trofeos se respira historia, una aventura con canasta que tuvo de protagonista a ‘El Zurdo’ Meruvia.
 

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71  años

Guido Meruvia nació un 17 de febrero de 1948 en la ciudad de La Paz. Fue un exitoso basquetbolista y dirigente.

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Jugó con grandes figuras de antaño

Guido Meruvia tiene varios referentes en el básquet, a quienes considera que fueron una guía para llegar lejos en Ingavi. Recuerda con mucho aprecio a basquetbolistas como Rodolfo Aliaga, Enrique Pozo, Javier Núñez del Prado, entre otros. En el plano internacional, siempre admiró a un jugador brasileño de los años 70. “Se llamaba Robertinho, fue armador del Fluminense, incluso llegó a ser entrenador de la selección de su país”, recuerda.

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El día en que Meruvia frenó en seco a un polémico Passarella

Guido Meruvia está convencido de que deporte, salud y educación forman un trípode en cada vida, y se debe respetar y forjar. Desde 1994 hasta 1997, tras dejar el básquetbol, ocupó el cargo de Secretario Nacional de Deporte, lo que hoy se conoce como Viceministro de Deportes.
Resalta que en su carrera dirigencial consiguió grandes conquistas a nivel internacional, entre las que se destaca la organización de la Copa América en Bolivia (1997). No olvida que entonces se involucró con un tema delicado, como la lucha contra el veto a los 3.600 metros de altura de la ciudad de La Paz.
“Por esos años estábamos muy unidos todos. Fuimos a varios países para reclamar nuestro derecho de practicar deporte en donde uno nace”, afirma emocionado Meruvia al rememorar esos pasajes.
“Es muy difícil explicar que la pelota no dobla en la altura”. Esa fue la frase que el entonces DT de Argentina, Daniel Passarella, dijo luego del partido jugado el 2 de junio de 1996 en el estadio Atahualpa de Quito, a 2.850 metros de altura.
El exjugador de la selección Argentina fue uno de los primeros que protestó en contra de La Paz y su altura. Recuerda que él tuvo un desencuentro con Passarella que incluso generó polémica en Argentina.
“Tuve un encontrón con Passarella porque nos dijo que éramos marcianos. Le contesté en mi visita a Buenos Aires que, como todo futbolista argentino, no sabía ni firmar. Se armó todo un escándalo por mis declaraciones y las del técnico en ese país”.  
Una comitiva boliviana viajó incluso a Francia y allá halló el apoyo de Jacques Chirac, que sirvió para revertir aquel veto.

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En un partido que acabó en pelea, le dio un puñete a Celso Torrelio, quien después llegó a ser presidente del país

Las anécdotas sobran en un deportista como Guido Meruvia, ya que su versatilidad en el deporte lo llevó a ser capitán del mejor elenco del Ingavi en su época dorada, además de ser uno de los referentes que todo rival quería siempre neutralizar en la cancha.
En una final en la década de los años 70 entre Ingavi y Mariscal Santa Cruz, en un cotejo muy reñido, el ingavista provocó un alboroto en la hinchada del cuadro militar tras un punto que anotó cuando la chicharra ya había sonado, antes del tiempo del punto. Esto desencadenó en el triunfo verde y blanco, y fue un duro golpe para una autoridad militar.
“Ellos no sabían los reglamentos. Su barra de cadetes entró en la cancha a pegarnos y todo el mundo se peleó. Justo le pegué al comandante del colegio militar que se llamaba Celso Torrelio, que años después pasó a ser presidente de Bolivia”, cuenta sonriendo el exdeportista de 71 años. 
Tras ese enfrentamiento, Meruvia volvió a ver al ya presidente en 1981. Lo encontró en el municipio de Camargo (Chuquisaca), donde el paceño se mostró muy nervioso. “Me dijo: ‘¿Usted es Meruvia?’. Sí, le respondí. Luego me dijo: ‘¿Sigue con ese temperamento?’, y no me dijo nada más”, sonríe al contar esa anécdota.
Meruvia en la actualidad vive en el apartamento que fue de ese presidente, con quien además llegó a formar una buena amistad.
En otro partido, rememora, anotó contra Ingavi por única vez su vida. En 1970 se aprestaba a jugar contra Estudiantes Junior, en La Paz, y cuando que su equipo se aprestaba a atacar, le pasaron el balón, pero ante la sorpresa de todos anotó en su propia cesta.
“Estaba distraído en la cancha y teníamos que llevar a un lado el equipo; se dieron la vuelta y no me di cuenta. Todo el mundo me gritaba: ‘¡No, Guido!’, y metí una canasta contra Ingavi por distraído”, repasa el hecho sonriente.

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“Ayllón fue el Sócrates de esos tiempos. Fue un segundo padre”

Meruvia considera que a lo largo de su vida en Ingavi tuvo varios formadores, pero recuerda con mucho cariño a Roberto Ayllón Chávez o, como sus amigos le llamaban de cariño, ‘El Negro’ Ayllón. 
“El mentor de todos en esa época fue Ayllón (‘Rach’, le decíamos). Un hombre que no solo se dedicó al básquetbol, sino que era también profesor de literatura, castellano, francés y dibujo. Él incluso era encargado de la banda del colegio La Salle”.
Ayllón falleció en 1972, a los 50 años. El exdeportista afirma que hombres como él hay pocos. “Era el Sócrates de esa época, era todo un filósofo”, cuenta con tristeza.
Meruvia tiene un cuadro que le dejó Ayllón que lo guarda como un tesoro, este tiene una inscripción que dice: “Te recuerdo sobre todo estar en paz con Dios, luego levantar un altar de cariño a la madre, amigos de verdad que ayuden a buscar el bien, no aquellos que se dicen ser ‘amigos’ y son falsos, y leer mucho (…) Tu hermano que te aprecia mucho, Roberto”.