Carlos Aragonés: Es difícil no añorar el fútbol

Carlos comparte una postal familiar con su esposa Cecilia, sus hijos Bruno, Daniela, Mateo e Isabella, su nietos Leonel y Leandro, su yerno Roberto y su nuera María Inés.
Cambio

La Paz / Reynaldo Gutiérrez

Carlos Aragonés recuerda con nostalgia su paso como futbolista y entrenador de fútbol, pero sigue de cerca todo lo que acontece en el país y el mundo. Se identifica con Bolívar.

¿A qué se dedica?
He dejado la dirección técnica hace bastante tiempo; ahora me dedico a trabajar con mi hijo Bruno, quien tiene una empresa constructora, hicimos sociedad y nos dedicamos a la construcción.

¿En qué quedó el fútbol?
Por el momento solo acompañando, mirando todos los partidos, del torneo local como internacional, Copa Libertadores, Sudamericana y la Champions League. Me gusta ver mucho fútbol, por eso estoy absolutamente al tanto de todo lo que pasa en nuestro campeonato y en el fútbol mundial.

¿Por qué dejó de ser técnico?
Creí haber cumplido todo lo que me había propuesto como jugador y entrenador. Cuando dirigía a Wilstermann tuve un problemita de presión arterial, que lo tengo hasta ahora; entonces, eso apuró mi retiro del fútbol, a ello aumentó la presión familiar porque mis hijos se opusieron a que siga por cuestiones de salud.
La hipertensión es controlable, pero mis hijos me pidieron con justa razón que ya no dirija más y yo también acepté de buen agrado; ahora tengo más tiempo para compartir con los hijos, los nietos y dedicarme a otros emprendimientos.

¿Y la gerencia deportiva?
Después me dediqué a la dirección deportiva, ahí dejé definitivamente la dirección técnica, aunque seguía en el fútbol.
Estuve como gerente de selecciones en la Federación Boliviana de Fútbol cuando Erwin Sánchez era el entrenador, después trabajé en ese mismo cargo en Oriente y fui gerente de licencia de clubes y entrenadores, una labor más ejecutiva.
Me siento feliz de haber aportado en la implementación de la licencia de clubes en Bolivia en un momento difícil, que estaba en una seria crisis, en la que no había una sola cabeza, eran solamente presidentes interinos y estaban abocados a temas electorales, tanto es así que en determinado momento tuve que poner plata de mi bolsillo para desempeñar mi trabajo y me siento orgulloso de haber dejado absolutamente consolidado el sistema de licencias de clubes de nuestro fútbol.

¿Es un paso decisivo para transparentar el fútbol?
El futuro de nuestro fútbol está estrechamente ligado al sistema de la licencia de clubes, lo importante es hacer cumplir todos los requisitos, ahí está el dilema, la fortaleza y la autoridad que tiene que tener la Federación Boliviana de Fútbol en este aspecto.
Aquel club que no cumpla, no debería participar en el torneo local y tampoco a nivel internacional porque así lo exige la Conmebol.
Tuve la alegría y la dicha de implementar la licencia, pero faltó hacer la auditoría a los clubes; no lo pude finalizar porque fui despedido.

¿Añora ese mundo?
Es difícil no añorar el fútbol, porque toda mi vida la he pasado dentro del fútbol, pero cuando uno toma una decisión tiene que estar comprometido con el nuevo emprendimiento; entonces, algunas veces uno deja de lado esa nostalgia por el fútbol, pero no desaparece.

¿En qué club pasó su mejor época futbolística?
Sin duda alguna en Bolívar, ganando campeonatos, afianzándome como jugador profesional, venía de Argentina, pero tuve la suerte de encontrar un buen club, bien estructurado con buenos dirigentes, un equipo organizado con buenos jugadores, eso me permitió salir campeón y ser convocado a la Selección boliviana.
Como técnico mi mejor pasaje fue en Blooming, con el que obtuve cuatro títulos en dos años, logré ganar un bicampeonato, no es fácil, más aún dirigiendo un equipo del llano.
En el partido contra Nacional me hicieron un reconocimiento, a mi cuerpo técnico y a los jugadores después de 20 años. Fue algo especial.

¿Cómo recuerda los aniversarios en Bolívar?
Una vez, cuando éramos jugadores, teníamos una invitación de don Mario Mercado a su domicilio a festejar íntimamente con un churrasco el aniversario del club; don Mauro Cuéllar lo hacía en Tembladerani.

¿Qué diría de Bolívar en su 96 aniversario?
Guardo un gran reconocimiento hacia Bolívar, más por haber sido campeón como jugador y también como técnico en 2006.
Le envío un mensaje a la dirigencia actual, a la hinchada que siempre me muestra su cariño cuando voy a La Paz, que se sientan orgullosos de ser parte del gran Bolívar.

¿Cómo se encuentra el fútbol boliviano?
No ha evolucionado en estos últimos años, carecemos de una metodología de trabajo en todos los aspectos, no solo en las categorías menores, sino también a nivel de clubes profesionales, tenemos un ritmo muy lento para jugar, sé que ese ritmo tiene su influencia en el tipo de geografía que tenemos, un día juegas en la altura y otro en el llano, no se puede jugar al mismo ritmo siempre.
Ese es el gran defecto que tiene nuestro fútbol, nos cuesta adquirir ritmo de juego, que haya equipos que sean veloces en la recuperación como en el traslado de la pelota; eso se ve en las competencias internacionales, en el hecho de que los primeros equipos bolivianos que participaron en la Copa Libertadores ya fueron eliminados y los dos que están tienen pocas posibilidades de avanzar.
La falta de competencia interna a buen ritmo se siente en competencias internacionales, los resultados y las estadísticas así lo demuestran.

¿Cómo le irá a la Selección con Eduardo Villegas?
Es muy difícil predecir el futuro. Lo que hay que hacer es darle el respaldo a Eduardo, no es fácil trabajar en la Selección, es difícil consensuar calendarios, felizmente hay una sola cabeza en la Federación y eso puede permitir en adelante organizar un calendario acorde a los intereses de los clubes y la Selección boliviana.
Ojalá que sea así para que él pueda desarrollar toda su metodología de trabajo y lo que tiene planificado para contar con una Selección bien preparada, primero para la Copa América y después las Eliminatorias de Catar 2022, que felizmente se han postergado hasta el próximo año, eso va a permitir que siga jugando amistosos.
Haber jugado contra Corea del Sur y Japón ha sido una buena decisión porque se jugó contra dos selecciones mundialistas, aunque el rendimiento y el resultado no han sido lo que queremos los hinchas, pero sirven para ganar experiencia y jugar a otro ritmo, es la única forma de prepararse.
Hay que aprovechar nuestra localía en las Eliminatorias, es una gran alternativa para soñar con una clasificación. A eso tenemos que apuntar.

¿Qué significa jugar contra Francia?
Primero, hay que prepararse bien para no pasar una vergüenza, y segundo, tiene que ser una súper motivación, espectacular para los jugadores y cuerpo técnico preparar un partido de tanta envergadura e importancia; no todos los días se juega con el último campeón mundial.

Cuéntenos una anécdota...
Cuando dirigía a la Selección Sub-23 estaba dando una charla técnica, me molesté con el grupo porque no había una buena atención, entonces quise salir rápidamente de la sala de reunión y le tiré un cabezazo al vidrio, reboté para atrás, y eso provocó la risa de todos los jugadores (sonríe).

¿Con qué sueña?
Con ver a la Selección boliviana clasificada a la Copa del Mundo Catar 2022.

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Perfil

Carlos Aragonés Espinoza, exfutbolista y entrenador yacuibeño de 63 años. Jugó en equipos de Argentina, Brasil y Bolivia. Fue convocado a la Selección boliviana.