Ourfigth: equilibrio perdido

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La boxeadora boliviana Jennifer Salinas.

Sebastián Morales, Critico de Cine

Sergio Bastani es probablemente uno de los jóvenes talentos más promisorios del cine boliviano. Sus trabajos en cortometrajes con filmes como El jardín de las rubias (2008), Bolliwood (2015) y Amarillo (parte del largometraje colectivo Rojo, Amarillo y Verde, realizado junto a Martin Boulocq y Rodrigo Bellot) hacen patente la búsqueda por una poética de la imagen que muestra un enorme potencial en su trabajo.

Con un par de años de retraso llega a la cartelera boliviana su primer largometraje de corte documental Ourfight. El filme sigue a dos boxeadores bolivianos en su cotidianidad. Los personajes escogidos son los pugilistas Jennifer Salinas y Elías Roca. Si bien ambos tienen en común un derroche similar de esfuerzo tanto en los entrenamientos como en las peleas oficiales, se distancian rápidamente por los recursos que tienen a mano para lograr su meta. Mientras Salinas entrena en una ciudad de Estados Unidos, en infraestructuras enormes, con un equipo de trabajo y los utensilios de punta, el segundo, que habita en Tarija, brilla en escenarios paupérrimos.

Bastani, desde los primeros minutos, estructura la película a partir del juego de similitudes y diferencias entre ambos personajes. Con esta propuesta se hace clara la tesis a demostrar en Ourfigth: en Bolivia hay talento y gente esforzada, sin embargo las diferencias en las condiciones materiales frente a otros países son tan grandes que los talentos bolivianos, a pesar de sus esfuerzos, no logran atravesar el abismo que los separa de personas que hacen lo mismo, pero que tienen más posibilidades y apoyo en otras latitudes.

Si bien Bastani hace el esfuerzo de entrar en la cotidianidad de los personajes, de dar una poética a las imágenes muy similar a sus trabajos de cortometraje, la elección de una estructura binaria, de opuestos que en realidad no se complementan, de dicotomías termina jugando en contra del documental. No solamente porque el filme no explora sutilezas discursivas (lo que evidentemente contrasta con la cuidadísima fotografía), sino también porque los contrapesos no están bien medidos. El carácter tan mediático de Salinas hace que Rocha termine apareciendo como un personaje bastante débil dentro de la narración. A su vez, por el intento de equilibrar este ejercicio de fuerzas entre los dos peleadores, Bastani necesariamente pierde en profundidad. El seguimiento a la cotidianidad de los personajes, a sus particularidades, al ser humano detrás del boxeador pierde importancia frente a la superficialidad del discurso.

¿Qué habría pasado si Bastani se hubiera decidido a seguir solamente a Salinas? ¿De tratar meramente de comprender a un personaje tan complejo, sin concesiones? Seguramente el filme hubiera ganado en profundidad.

Bastani no despliega en Ourfigth todo el talento que ha demostrado en sus trabajos anteriores y posteriores. Parece que su cámara, su sensibilidad quedan constreñidas. Es como si el mundo del boxeo, los personajes y el discurso que se despliega a lo largo del relato no llamarían del todo la atención del cineasta. Es más, da la impresión de que se trataría de un trabajo más o menos impuesto. Como si las líneas generales del filme habrían sido más bien propuestas por el productor Marco Sanzetenea, a las cuales Bastani se acopla con cierto grado de incomodidad.