Elementos urbanos y rurales se fusionan en la ch’alla

jackeline rojas heredia / Cambio
La ofrenda a la Madre Tierra es anterior a la llegada de los españoles, es parte de la cosmovisión andina que hoy en día se practica tanto en el área rural como urbana, con una mezcla de elementos aportados con el tiempo de acuerdo con las regiones y creencias en cada lugar.
José Luis Ríos, historiador y antropólogo, hace una diferencia entre la celebración del carnaval traída por la Colonia y la adoración, a través de la ofrenda, a la Pachamama.
Ambas actividades se fusionan en el carnaval. Los españoles con la religión católica introducen el tiempo permisible al pecado, a la lujuria protegida a través de disfraces y máscaras para luego vivir el tiempo del arrepentimiento durante la Cuaresma.
La ch’alla es ese sincretismo entre el mimar a la tierra para que provea los mejores frutos y el carnaval, cuyo elemento común es el espíritu festivo.
“El espíritu religioso se ve en Oruro en las veladas que se hacen a la Virgen, en la promesa, en las visitas que los bailarines luego le hacen a la Virgen de la Candelaria, la del Socavón”, comentó el experto.
En Bolivia, el calendario es agrícola y los carnavales coinciden con la primera cosecha y fundamentalmente el martes de ch’alla se ofrece y alimenta a la diosa Pachamama, ahí se entrega una serie de alimentos que en el área rural consiste en cereales, papa, oca, lujma, a lo que posteriormente se añadió lo dulce, como los confites.

Las mesas de ofrenda para la Pachamama

El amauta Justo Cruz, que se encarga de preparar ofrendas y mesas para la ch’alla, explicó que los elementos blancos representan lo espiritual, el mundo interior y la armonía entre los mortales, y que los elementos de color representan lo material, aquello que se pretende lograr o poseer.
Lo que ch’allan los campesinos son sus parcelas de tierra, indicó el historiador Ríos. “Echan flores de la zona, luego incorporaron la famosa retama para evitar a los espíritus malos; para hacerlos huir se usan los cohetillos”, dijo.
La finalidad es lograr la mejor cosecha, las condiciones óptimas para la siembra y evitar los estragos de la helada y el granizo. En la mesa hay lanitas de colores, objetos dulces con formas antropomórficas o zoomórficas, llamitas, casitas, una serie de objetos, incienso, copal, maderitas, plantas, nueces, papel estañado, todo lo que se quiera ofrendar, un alimento dulce para la Pachamama. En el área rural también se añade la música interpretada con un pinkillo o moseñada, según la región.
Los días para la ch’alla (del martes), según el historiador y el amauta, no tienen relación con la costumbre andina.