El sabotaje cibernético fue una agresión militar

Foto: AFP
El mandatario Donald Trump fue identificado como un actor decisivo en el apagón que sufrió la nación bolivariana.

 

LA ÉPOCA / CAMBIO

La carga de estrés y descontento que busca inducir la administración del presidente Donald Trump en la población, a modo de combustible para estimular una situación de anarquía generalizada, que de alguna manera pudiera ser canalizada en protestas violentas a favor de Guaidó, indica que la estrategia de caos (mediante sabotaje cibernético y artesanal focalizado hacia infraestructuras críticas que hacen funcionar al país), es utilizada como herramienta de shock masivo con el objetivo de desgastar a la población. 

La operación no es solo de guerra eléctrica, pues sus consecuencias cubren todas las actividades rutinarias de la sociedad venezolana, a la cual se le obstaculiza el acceso a los alimentos, al servicio hospitalario y a las comunicaciones básicas. 

Los focos violentos que buscaron prender se extinguieron rápido ante un clima de agotamiento colectivo que esperaba la llegada de la electricidad.

Marco Rubio y Mike Pompeo reaccionaron de forma jocosa ante el apagón, imprimiéndole una carga de humillación y sadismo que refleja con exactitud las motivaciones y la estrategia de fondo del golpe contra Venezuela: a medida que el ‘plan Guaidó’ falla en sus objetivos de alcanzar la fractura de la FANB que deponga a Maduro, la población civil (sin discriminación ideológica) es víctima de las continuas agresiones militares encubiertas que encabeza Estados Unidos. 

Este golpe cibernético contra el sistema eléctrico nacional implica una agresión militar de facto, una extensión de lo que pasó en la frontera colombo-venezolana el 23 de febrero.

Imagen marginal

Desde el regreso de Guaidó, su proyección en medios se ha vuelto marginal. 

Esta premeditada reducción de su visibilidad, contrasta con el peso cada vez mayor que tiene en cuanto a la orientación del cambio de régimen el Comando Sur, John Bolton, Marco Rubio y Mike Pompeo.

En tal sentido, los efectos nocivos del apagón encajan a la perfección con la narrativa de “crisis humanitaria”, bajo la cual el Comando Sur y la ultra derecha venezolana, desde 2016, movilizan la “urgencia” de activar un dispositivo de “intervención humanitaria” que neutralice la prohibición del Congreso estadounidense, del Consejo de Seguridad de la ONU y del consenso pragmático por la no intervención que se ha gestado en Latinoamérica.

Sin embargo, el apagón como tal no es un fin en sí mismo. 

En un nivel operativo, pareciera más bien, sobre todo por el blackout que generó la interrupción del sistema eléctrico, que se trata de una maniobra para agudizar las vulnerabilidades del país y medir la capacidad de respuesta militar de los sistemas defensivos de esa nación, de cara a una acción militar irregular y mercenaria que aprovecharía el contexto de bloqueo informativo para encubrir incursiones armadas, su mapa operacional y a los responsables directos en el terreno. 

Crisis humanitaria

Por donde uno pueda ver, el teatro de operaciones de la guerra contra Venezuela tuvo al apagón como un caballo de Troya que al final se traduce en la generación de un panorama difuso y de confusión que favorecería la ejecución de operaciones de bandera falsa, incursiones paramilitares y otras acciones violentas que precipiten un estado de conmoción generalizado, que pueda ser presentado como el hecho desencadenante de una intervención militar preventiva, sea para “estabilizar al país por la crisis humanitaria” o para “salvar a los venezolanos de una situación de Estado fallido” en “crisis humanitaria”. 

En ese marco, Julio Borges, Antonio Ledezma, Juan Guaidó y el gabinete de la guerra contra Venezuela en Washington se dan la mano y trabajan en conjunto amparados bajo la doctrina del caos controlado de factura estadounidense.