La educación superior en EEUU arropa el fraude como método

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Ingresar a la universidad es imposible para personas de escasos recursos en EEUU.

 

BBC Mundo

Un grupo de estudiantes de California presentó la semana pasada una demanda contra ocho prestigiosas casas de estudios superiores de Estados Unidos, a las que acusan por no hacer un proceso justo de admisión.

La controversia se desató luego de que una investigación del FBI acusara a varios millonarios, entre ellos las actrices Felicity Huffman y Lori Loughlin, de presuntamente participar en un amplio mecanismo de fraude y sobornos para que sus hijos ingresaran a algunas universidades de renombre.

Yale, Stanford, Georgetown, la Universidad de Texas, la del Sur de California, la de Wake Forest o la de California, en Los Ángeles, fueron solo algunas de las instituciones salpicadas por el esquema de corrupción.

 El FBI descartó que las escuelas tuvieran alguna participación en el mecanismo de fraude, pero para muchos fue una nueva constatación de cómo las personas más ricas buscan diferentes formas de colocar a sus hijos en algunas de las universidades más renombradas de Estados Unidos.

Métodos convencionales

En criterio de Richard Reeves, analista del Brookings Institute, un think thank con sede en Washington, lo sucedido fue “simplemente el signo más visible de un problema mayor: el oscuro y complejo entramado de las admisiones en Estados Unidos”.

Pero, ¿cómo es el proceso para entrar a las universidades de élite en ese país y por qué genera polémica?

De acuerdo con Myroone Simpson, directora de consejería universitaria de la escuela Oak Hall de Florida, la forma de solicitar el ingreso en la mayoría de las universidades de élite no es muy diferente, en principio, a la de cualquier otra.

Casi todas requieren un formulario de solicitud, un ensayo personal, cartas de referencias, documentos que avalen logros académicos, estados de cuenta de banco y el pago por la postulación.

Whitney Bruce, una consultora educativa independiente, le explica a BBC Mundo que cada universidad puede tener procesos diferentes, sin embargo, la mayoría de los estudiantes deben de sobresalir en dos elementos que darán, en alguna medida, crédito de su excelencia.

Se trata del llamado GPA, el promedio de calificaciones, y un examen de aptitudes académicas, conocido como SAT.

Pero de acuerdo con Simpson, dado el alto nivel de competitividad para entrar a estos centros de élite, casi todos utilizan criterios selectivos que van más allá de lo meramente académico.

“Lo que la mayoría de las universidades están buscando son estudiantes que cumplan con una mirada más holística, no solo lo académico, sino también que demuestren qué tienen para ofrecer más allá de sus buenas calificaciones”, señala a BBC Mundo.

Es entonces cuando actividades extracurriculares, la participación en programas caritativos, proyectos sociales y toda suerte de eventos que muestren interés social o capacidad de liderazgo se vuelven relevantes.

También —explica Bruce— muchas universidades buscan a estudiantes con aptitudes atléticas para sus equipos deportivos, lo que también puede favorecer su selección.

De acuerdo con Simpson, estos elementos extracurriculares se volvieron criterios de primer orden para muchas escuelas, al punto que en algunas son tan o más decisivos que los exámenes tradicionales.

Según cifras oficiales, Harvard rechaza a uno de cada cuatro estudiantes con puntajes perfectos en el SAT, mientras otras como la Universidad de Pennsylvania y la de Duke lo hacen con tres de cada cinco con impecables calificaciones.

Hereditario

En su libro The Diversity Bargain, la investigadora Natasha Warikoo asegura que los mecanismos para admitir estudiantes en las universidades de élite de Estados Unidos favorecieron a los hijos de las personas más ricas, quienes tienen más posibilidades de clasificar.

Un estudio del Proyecto de Igualdad de Oportunidades publicado en 2017 revela que uno de cada cuatro de los hijos de multimillonarios asiste a universidades de élites, mientras que menos del 0,5% de los descendientes de sectores más empobrecidos llegan a estas casas de estudios.

En ese sentido, uno de los hechos que más se criticaron en los últimos años es un factor que se denomina “admisión hereditaria”.
“Algunas universidades toman en cuenta como un factor positivo el hecho de que los padres de los estudiantes tuvieran una relación anterior con la universidad”, explica Simpson.

Expresidentes de Estados Unidos como George W. Bush o John F. Kennedy, ambos hijos de graduados de Harvard, fueron admitidos en esa universidad aunque sus promedios de calificaciones no eran los mejores.

Bruce, por su parte, aclara que no es necesariamente un factor determinante, pero asegura que las estadísticas señalan que los estudiantes cuyos padres estudiaron previamente en la universidad tienen más posibilidades de ser admitidos que los que no.

Según una demanda contra Harvard, la tasa de aceptación para “estudiantes heredados” es aproximadamente del 33%, en comparación con una tasa de aceptación general de menos del 6%.

En otras, como Yale, Princeton, Georgetown y Stanford la tasa de aceptación para este tipo de estudiantes está entre el doble o el triple del promedio de admisión general. Las universidades, sin embargo, niegan que discriminen a los estudiantes por su origen.

El precio de la admisión, un libro del investigador estadounidense de Daniel Golden sobre cómo los más ricos de Estados Unidos son favorecidos en las universidades de élite, revela que otro elemento que influye en la aceptación de un estudiante es la relación financiera de sus padres con la universidad. La investigación no hace otra cosa que demostrar que estudiar en EEUU es una misión imposible para los pobres.