Brasil: El fin del gobierno de Bolsonaro

Foto: EBC
El presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, junto a militares.

 

SPUTNIK

Algunos analistas y no pocos medios consideran que el presidente Jair Bolsonaro ya no gobierna en Brasilia. El mandatario y sus hijos son calificados como “payasos” por Mauro Lopes, del colectivo Periodistas por la Democracia, quien asegura que “en Brasil manda una Junta Militar que aún no confiesa su nombre pero ya extendió sus redes”. En los dos primeros meses de gobierno, Bolsonaro estuvo dos semanas internado, provocó una crisis ministerial por una pequeñez en su cuenta de Twitter, que llevó a la destitución de Gustavo Bebbiano, jefe de la Secretaría General de la Presidencia, quien además de ser el encargado de su campaña presidencial tuvo un entredicho en público con uno de sus hijos. En lugar de Bebbiano fue designado otro militar, el general Floriano Peixoto Neto.

Militares en el poder

Las afirmaciones parecen exageradas, pero reflejan en gran medida lo que está sucediendo. Desde la prensa más conservadora, O Estado de Sao Paulo, ya se habla de “la militarización de la máquina pública federal”. Se trata, en opinión de varios periodistas especializados en las Fuerzas Armadas, como Tania Monteiro, de “una nueva fase del movimiento creciente de escoger oficiales de la reserva de las Fuerzas Armadas para posiciones estratégicas y sectores históricamente envueltos en denuncias de corrupción”.

Un nuevo relevamiento detectó hasta 103 militares en los escalones segundo y tercero del Gobierno, ministerios, bancos e institutos estatales. 

Entre los objetivos declarados por las autoridades se conjugan los verbos “sanear” la gestión y “cuidar” los recursos del Estado. 
El especialista en ciencias políticas Eliézer Rizzo de Oliveira estima que la participación de militares obedece al descrédito de los políticos y a la inexperiencia del nuevo Presidente. 

Pero advierte del “riesgo de desprestigio de las Fuerzas Armadas en caso de fracaso”.

CAPACIDAD DE GESTIÓN

Sin embargo, se están enfrentando a problemas que van mucho más allá de sus capacidades para resolverlos. 

La primera es la verdadera escasez de cuadros gestores que no estén vinculados al sistema político, que ha sido siempre la fuente de reclutamiento de los administradores superiores del Estado, incluso en la dictadura militar (1964-1985).

La segunda son los salarios. Es casi imposible atraer especialistas por salarios que oscilan entre los 800 y 5.000 dólares, valores que se estiman muy bajos en comparación con lo que perciben directores del sector privado. Los militares en la reserva ya tienen su pensión y en caso de trabajar en el Estado perciben un complemento salarial.