El trópico, la tierra de las campeonas Sub-18

Micaela Calderón arregla un motor en uno de los talleres que tiene el colegio San Francisco Kilómetro 21.
Foto: Carlos Barrios

 

Julio Céspedes Inda / Cambio – Edición impresa

La unidad educativa San Francisco Kilómetro 21 está en la comunidad del mismo nombre, en el municipio de Villa Tunari, en la provincia Chapare (Cochabamba). De ese colegio son las campeonas de la Copa Estado Plurinacional de Bolivia 2018, de la categoría Sub-18. Allá fue Cambio Deportivo para ver cómo viven y qué hacen estas muchachas que se divierten y ganan con el balón.

Una de las anfitrionas es la mediocampista Érika Mejía. Tiene 18 años. Inicialmente nos mostró el colegio, un establecimiento que tiene 700 alumnos en los niveles inicial, primaria y secundaria.

Tiene dos bloques de aulas, además de otros dos para estudiantes que están en internado; cuenta con laboratorios de física y química, talleres de carpintería, mecánica y gastronomía, además de dos canchas polifuncionales con tinglado y una cancha de fútbol con césped natural.

Érika salió bachiller en diciembre, pero estos días, antes de cursar estudios superiores, visita su colegio y se encuentra con sus amigas y ahora excompañeras.

Mantiene el contacto con ellas porque vive con su familia a una cuadra del colegio, en una casa de medias aguas. Es una vivienda humilde, como las del resto de la comunidad, pero su gente transmite calor humano y amabilidad.

Sus padres se dedican a la agricultura. Érika ayuda en la época de cosecha, pero especialmente en la cocina.

“En las clases de los talleres técnicos en el colegio, yo pasé gastronomía, por lo que me gusta cocinar y ayudo en mi casa”, cuenta.

El plato que mejor le sale es papas a la huancaina, mientras que para degustar se inclina por el silpancho.

En el colegio, sus materias favoritas eran biología y educación física; para combinar ambas decidió estudiar la carrera de Fisioterapia en la Universidad Mayor de San Simón, en la ciudad de Cochabamba, donde estará acompañada por su mamá y su hermana. “Las dos se irán conmigo y eso será muy importante”.

Continuará entrenando, porque otro de sus deseos es ser futbolista profesional. “Llevaré de la mano tanto los estudios como el deporte”.

Es hincha de Bolívar, pero admira al volante Raúl Castro, de The Strongest.

Érika comenzó a jugar fútbol desde niña y lo hacía sola, incluso lo practicó pese a opiniones contrarias.

“Algunas personas me decían que el fútbol no era para mujeres, sólo para hombres, pero no les hice caso y me dediqué a jugar. Tuve siempre el apoyo de mis padres, después me entrené en el colegio y ahora pude llegar hasta donde estoy”, dice la campeona.

Érika y otras muchachas del colegio integraron la selección del trópico, que representó a Litoral en el torneo nacional femenino.

 

En la residencia

Micaela Calderón, Jimena Velásquez y Najhely Montaño son otras de las integrantes del seleccionado del trópico. Ellas todavía son estudiantes del colegio San Francisco y viven en el internado de la unidad educativa.

Micaela proviene de Eterazama, éste es su tercer año en el colegio. “Al principio me costó vivir alejada de mis papás, pero ahora ya lo superé; ayudó el hecho de que mi hermano también está conmigo en el colegio y mi hermana estudia en un instituto cercano”, comenta la delantera.

Además del fútbol, Calderón tiene otra afición, le gusta la mecánica, así que pasa ese taller en el colegio y evalúa la posibilidad de seguir esa carrera técnica.

“Lo estoy pensando, lo decidiré cuando salga bachiller, a fin de año, pero me gusta arreglar motores”, señala.

Jimena y Najheli son compañeras de habitación en la residencial del colegio, ambas se complementan.

Jimena es tímida, no quiso hablar cuando nos acercamos con grabadora, prefiere contar sus inquietudes sin que algo grave su voz. Es de Río Blanco, del municipio Entre Ríos, provincia Carrasco.

“Extraño a mis papás, pero estar en San Francisco es llevadero por mis compañeras”, comenta Jimena, quien juega como volante. “Las chicas son muy amistosas, chistosas y hacen bromas, pero todo con límite”, añade.

Cuenta también que para jugar los cotejos de la Copa Sub-18 viajaron en bus y avión, en el primero “los desplazamientos se hacían cansadores a veces”, mientras que en el segundo le dieron miedo las turbulencias, pero la recompensa fue “conocer los otros departamentos    del país”.

Najhely es más extrovertida y cuenta que en el seleccionado de Litoral se divierten tanto dentro como fuera de la cancha. “En los camerinos bailamos y cantamos, ponemos canciones brasileñas”.

Indica que a ella le cuesta menos estar en el internado, ya que su familia radica en Villa 14 de Septiembre, a una media hora en coche de san Francisco Km 21.

Las familias de Jimena y Najhely también se dedican a la agricultura y ellas en época de vacaciones les ayudan en esas tareas, en los cocales y en los frutales.

En los estudios, las dos dicen que su materia preferida es educación física y la que les cuesta son las matemáticas, pero pese a ello dan su mayor esfuerzo para sacar buenas calificaciones.

Ese esfuerzo también lo ponen en la cancha. “Tener que pelear un puesto en la selección del trópico entre 80 chicas para un máximo de 30 plazas es difícil y me siento orgullosa por formar parte del equipo”, expresa Jimena.

Por su lado, Najhely dice: “Es un privilegio integrar la Selección y ser campeona”.

 

‘Arenita’

Quien estudió y salió bachiller en otro colegio y en otra parte de la región del trópico es Maritzabel Cardozo, que juega de mediocampista. Ella vive en el municipio de Chimoré, en la localidad de Senda 3.

“Desde primaria hasta cuarto de secundaria estudié en el colegio Entre Ríos Tacoral, que quedaba a una hora y media de distancia en taxi de mi casa, mientras que en quinto y sexto de secundaria estudié en uno que se encontraba a sólo cinco minutos a pie: en la unidad educativa Senda 3”, cuenta.

Le llaman cariñosamente ‘Arenita’, un apodo que le agrada. “El año pasado, cuando estaba en la selección del trópico, en una ocasión estaba conversando con Zulma Ayala sobre el programa de televisión Bob Esponja, entonces me dijo que me parezco al personaje ‘Arenita’ y desde esa vez me llaman así”.

Practica fútbol desde niña, participó en los torneos de los Juegos Estudiantiles Plurinacionales Presidente Evo. “Me vieron en los Juegos y primero me convocaron para el campeonato Interfederaciones en la selección de Chimoré y gracias a mis actuaciones llegué al combinado del trópico para la Copa Estado Plurinacional Sub-18”, recuerda.

El papá de Maritzabel es mototaxista y su mamá es empleada de limpieza de la Alcaldía de Chimoré. Ellos la apoyan contantemente en sus estudios y el deporte.

Jugar la Copa Sub-18 le permitió conocer casi todos los departamentos. “Me faltó Pando, en el torneo de 2017-2018 no fui al partido en Cobija y en el certamen 2018-2019 Pando no participó”, señala la jugadora.

Destaca haber viajado por aire. “La primera vez que viajé en avión fue cuando fuimos a Sucre, en ese vuelo me dieron mareos y vomité, pero al regreso y en los otros vuelos ya estuve normal”.

Más viajó en vuelos comerciales, pero en una vez fue en un Hércules, de Chimoré a La Paz. “Es un avión grande, de carga, estuvo bien pero muy bullicioso”, señala.

Para la mayoría de los cotejos viajaron con dos o un día de anticipación a las diferentes ciudades, eso les permitió “aclimatarse, pasear y salir de compras. De cada departamento traje un recuerdo”.

Maritzabel, por ejemplo, compró en Beni un portafotos de madera tallado, de Potosí un portalápices, de La Paz un chullo y bufanda, de Santa Cruz collares y de Cochabamba un gorro navideño.

Maritzabel, al igual que Yanet Tito y Lizbania Moya, ingresó a la Normal Simón Rodríguez, de la localidad de Chipiriri, en el municipio de Villa Tunari, para estudiar la carrera de educación física.

 

La capitana

En la ciudad de Cochabamba se encuentra ahora la capitana del seleccionado del trópico, Eufronia Tórrez, quien ingresó al Instituto Ceicom para estudiar la carrera de Contaduría General.

El año pasado salió bachiller en la UE San Francisco, fue cuando vivió en la residencia del colegio, ya que en los anteriores años se trasladaba de lunes a viernes desde su casa, distante a 20 km.

De padres agricultores, la joven señala que participar en la Copa Sub-18 le dejó una linda experiencia. “Conocí a personas maravillosas, me encantó”.

La líder del seleccionado campeón dice que es una “guerrera” y que al hablar con sus compañeras las incentivaba a ganar. Eufronia se considera una persona “reservada y no tan sociable”, pero que conversa con las personas que la “tratan bien”.

Señala que, junto a otras jugadoras antiguas del equipo, hizo sentir a gusto a las nuevas en las concentraciones de los fines de semana. “Algunas no se habituaban y se sentían incómodas, pero pudimos cambiar eso y conformar una familia. Les dimos confianza desde el día   en que se integraron”.