¿Por qué Evo puede hablar por Bolivia?

 

El reconocimiento del presidente Evo Morales del carácter legal y legítimo de su similar Nicolás Maduro de Venezuela, en cuya posesión estuvo el jueves pasado, hizo aflorar la mayor de las manipulaciones e ignorancias teórico-políticas de parte de los principales referentes de la oposición boliviana.

El argumento más recurrente en la mayor parte de los candidatos y políticos de la oposición es que el Jefe de Estado debería abstenerse de hablar a nombre de Bolivia y de los bolivianos, ya que la “inmensa mayoría”, dijo uno de ellos, condena y no reconoce al gobierno “ilegítimo” de Nicolás Maduro. Poca originalidad hasta para disimular la naturaleza de las instrucciones estadounidenses.

Pero no es de la legitimidad del Presidente venezolano que vamos a tratar, pues eso lo hemos abordado ampliamente en nuestro editorial del viernes. Lo que sí es bueno desmontar es la manipulación en la que incurre la derecha al referirse a las posiciones públicas de Morales en el exterior y su más absoluto irrespeto a la institucionalidad.

En primer lugar, hay un principio legal-institucional. El presidente o jefe de Estado, cualquiera que sea el país en cuestión, según establece el derecho internacional público, es el responsable de la política exterior. Eso quiere decir, desde intervenir en la formulación de esa política hasta representarla en las relaciones bilaterales, multilaterales y encuentros internacionales en los que participe. En este caso, Evo —le guste o no a la derecha— es el que condensa en su figura los lineamientos estratégicos de la política exterior del Estado Plurinacional, cuya base teórica establecida en la Constitución Política del Estado y materialización rigurosa le ha dado al país lo que la oposición jamás se propuso lograr: soberanía política. 

En segundo lugar, hay una razón de legitimidad. A diferencia de quienes aterrizaron en la presidencia o por la muerte de su titular o la fuga de éste, y que la fuente de su mandato no fue el voto de la gente sino producto del “amarre” de diputados y senadores en el viejo Congreso Nacional, el presidente Evo Morales llegó donde está por el amplio respaldo de la población en todas las elecciones. No es un acuerdo espurio, a espaldas de la gente, que le da su condición de jefe del Estado Plurinacional, sino un respaldo electoral promedio del 60% si se toma en cuenta los comicios de 2005, 2009 y 2014. El líder indígena puede hablar por Bolivia con la legitimidad ganada en todos estos años de batallas y conquistas alcanzadas.

En tercer lugar, hay una razón política. Las intervenciones de Evo Morales en el exterior o las relaciones dentro de Bolivia con las representaciones diplomáticas de cualquier país o institución internacional no han sido para extender la mano, con actitudes dramáticas de por medio, para pedir dinero con el objetivo de pagar salarios o aguinaldos, ni mucho menos para negociar a cambio de esos recursos ninguna inmunidad penal para los militares de alguna potencia militar extranjera. Cuando Morales habla al mundo, lo hace desde una posición de soberanía y de dignidad forjada junto a la lucha de la inmensa mayoría del pueblo. Bolivia se ha colocado en la vitrina mundial por todos los avances en materia económica, social y política, debido al coherente proyecto político que nos ha permitido recuperar la patria para todos.