El naufragio se apellida Farías

Introducción: el Tigre visita al colero, seriamente comprometido con el descenso. Universitario ha ganado cuatro partidos y ha empatado cuatro (14 derrotas y 45 goles en contra), y viene de caer ante Blooming por 7-1. En filas gualdinegras vuelve Pablo Escobar (sin ritmo, sin físico). Farías, fiel a su costumbre inaudita, cambia de nuevo la defensa. Esta vez la rifa cae en Ortiz, Valverde-Carcelén y Bejarano. El venezolano, después de su amago de renuncia, vuelve a poner a Campos de titular, experto en lateralizar y tirar pelotas para atrás. Ibargüen juega en vez de Cardozo, otra decisión inexplicable.
Nudo: el Tigre es amplio dominador de la primera parte ante un equipo ‘docto’ incapaz de marcar. Los stronguistas tienen un cuarto de hora inicial impresionante, pero fallan media docena de chances. Es un problema de ansiedad. Paradójicamente, la ocasión más clara la desperdicia el delantero argentino Federico Miño, en un doble mano a mano. Las facilidades defensivas gualdinegras no cesan y la causa es la famosa rotación inexplicable de Farías: ¿quiénes son los centrales? La pareja de zagueros debe jugar, debe conocerse de memoria. Con Farías esto es imposible.
Desenlace: los horrores en defensa del Tigre continúan, ora Carcelén, ora Valverde, incluso Daniel Vaca se contagia. El Tigre entra dormido, el vendaval inicial (de cinco minutos) ha cambiado de color, ahora es rojo. La enésima pelota parada mal defendida trae el segundo gol local. Evitar cabezazos rivales en tu área es una cuestión de trabajo en las prácticas. Con Farías esto es imposible. Otro defecto del venezolano son los cambios tardíos: a la cancha Henry y Cardozo (por Campos e Ibargüen). El Tigre, sin brújula, ha perdido ante Aurora y la “U”, dos que luchan por no bajar. El Tigre, sin libreto, no tiene gol arriba y atrás es un flan. El título se aleja y los dos “culpables” se apellidan Farías y Salinas, los “césares” de este naufragio.