El camino previo a la clasificación del 19 de septiembre

Emocionados, los jugadores de la Selección saludan a la gente después de una victoria en el estadio Hernando Siles.
Archivo

 La Paz / Gustavo Cortez

Xabier Azkargorta recuerda en su libro Difícil de entender, imposible de olvidar cómo fueron los días y las horas previas al partido con Ecuador en Guayaquil, de aquel 19 de septiembre de 1993, donde la Selección boliviana igualó 1-1 y se clasificó al Mundial de Estados Unidos 1994.
Éste su relato:

“NO EXCUSAS”
“Recuerdo como si fuera la primera charla que tuve con un grupo de jugadores de la Selección, en Santa Cruz, antes de partir para la India (para jugar unos cotejos amistosos). En la pizarra había escrito, con letras grandes, dos palabras, NO EXCUSAS.
Todos sabemos que en Montevideo (donde Uruguay había vencido 2-1) fuimos víctimas de una lamentable actuación arbitral. Yo mismo fui el primero en protestar en la sala de prensa tras el partido. También soy consciente de que para los equipos y países chicos es más difícil llegar al Mundial.
Pero cuidado, no podemos olvidarnos que seguimos dependiendo de nosotros mismos, que la fácil excusa y el argumento de que en Uruguay ocurrieron cosas raras no nos deben relajar, refugiarnos en esa dinámica derrotista de que todos van contra nosotros, de que nos quieren aplastar y no podemos hacer nada. Nunca, ya lo dice el himno de este hermoso país en sus tres últimas frases que además son repetidas por si alguien no las entiende bien, “morir antes que esclavos vivir”. Ser esclavo es renunciar a ser uno mismo, y para ser uno mismo hay que empezar por sentirse a gusto consigo mismo, sin dejarse influenciar por las maniobras de los demás.
Cuando a uno lo atropellan hay que defenderse en la legalidad, con energía, con argumentos, pero no con nuevos atropellos, que generarían una dinámica suicida. Lo último que quisiera sería que los jugadores se agarren a la actuación del árbitro del pasado domingo para justificar una mala presentación en Ecuador. No tenemos que mirar a Rio de Janeiro (donde en la fecha final, el mismo 19 de septiembre, jugaban Brasil y Uruguay), ni siquiera volver la mirada a Montevideo, tenemos que concentrar todas nuestras energías en Guayaquil, ganar nuestro partido y que los demás hagan lo que quieran. Personalmente, nunca he conseguido nada sin sufrir, ni siquiera el cariño de la gente boliviana porque los principios fueron muy duros no sólo para mí, también para mi presidente Guido Loayza, pero seguimos adelante y aquí estamos, seguros de nuestro trabajo y convencidos de nuestra clasificación. Pero no esperamos regalos de nadie y queremos lograr un equipo que pueda con todos, sin excusas, sin resignaciones, con gran fuerza interior y con la cabeza siempre alta.
Morir por una causa sí, pero de muerte lenta, que nos dé tiempo de hacer cosas, con inteligencia, sin heroicidades suicidas, teniendo siempre  claros nuestros objetivos, sin olvidarnos de ellos en ningún momento. Prefiero apoyar y ayudar a un vivo que llorar por un muerto y que nadie se olvide, seguimos vivos y muy vivos por cierto, y las excusas no deben ser argumentos que justifiquen nuestra falta de conquistas.
No busquemos intérpretes, aprendamos inglés nosotros mismos, con esfuerzo y constancia, confiando en nuestras posibilidades. Los créditos tienen siempre el mismo interés, pero se les concede más fácilmente a los que tienen dinero. Nosotros no tenemos dinero, pero no nos asusta el interés porque confiamos en nuestra capacidad de trabajo, si dependemos de esto último, estamos fregados, entonces algunos buscarán las excusas y con excusas se progresa muy poco.

BAJAR LA ANSIEDAD
La carta tuvo el efecto deseado y la gente se calmó un poco, dejó de pensar tanto en Montevideo y comenzamos de nuevo a pensar en nuestro último partido en Guayaquil. Fue una semana tensa de entrenamiento, el equipo tenía la ansiedad habitual en vísperas de un gran logro. Quería terminar cuanto antes y a mí me tocaba controlar dicha ansiedad. Seguimos hablando de la capacidad de tomar decisiones. Habíamos decidido llegar hasta el último partido. Sólo nos faltaba un punto. La solución estaba en nuestras manos y nos bastaba con empatar en Ecuador. No teníamos excusa. Debíamos seguir tomando nuestras propias decisiones sin temor, sin influencias externas que nos llenaran de mensajes derrotistas. Al final de una de las charlas sobre la toma de decisiones, les conté un cuento que fue celebrado por los jugadores. Era el siguiente:
Resulta que un señor monta un centro terapéutico para ejecutivos con estrés. Llega uno de ellos para someterse a un tratamiento y le designan una tarea, sencillamente debe dirigirse a una granja y cortar las cabezas a mil pollos, dejando las cabezas a un lado y los cuerpos en otro. Tiene todo el día para hacerlo. Al cabo de media hora se presenta ante el director con la tarea ya terminada. Se le explica que debe tomárselo con más calma y que ahora debe dirigirse a un montón de estiércol y con un rastrillo esparcirlo por el prado. Pero por favor, tómeselo con mucha calma.
Al cabo de media hora se presenta de nuevo con la tarea acabada. Se le vuelve a insistir en que se lo tome con mucha más tranquilidad.
Ahora debe dirigirse a otra granja donde tiene un gran canasto lleno de huevos y dos más pequeños a los lados que están vacíos. Debe separar los huevos frescos de los no frescos y depositarlos respectivamente en los dos canastos. Pasa un par de horas y el sujeto no volvía. El director, creyendo que va entendiendo la dinámica del tratamiento, decide ir a visitarle. Se encuentra con un hombre desesperado, sujetando un huevo con el dedo índice y el pulgar mientras balancea el mismo cerca de su oído. Aún dos canastos pequeños están vacíos.
—¿Algún problema?, pregunta el director.
—Mire usted, a mí, el hecho de cortar cabezas y echar mierda vale, pero tomar decisiones...
En la vida y en el fútbol hay demasiada gente que le entusiasma cortar cabezas y echar mierda sobre la gente, pero a la hora de tomar decisiones siempre se esconde. Es lamentable, pero hay gente que muere sin haber tomado una decisión en su vida. No se equivocan nunca, pero no ganan nunca. Quien más veces decide es más fácil que gane más veces y nosotros estamos decididos a clasificar. Y así nos fuimos a Ecuador.

HÉROES DE LA NACIÓN
Y nos hicieron héroes de la nación. Empatamos en Guayaquil. Brasil ganó a Uruguay y junto a los tricampeones nos clasificamos para la fase final del Mundial de Estados Unidos. El día anterior del partido, el equipo estaba nervioso, ansioso más que nervioso. Ya en Guayaquil, programé un entrenamiento dirigido sobre todo a la diversión. Tuve una sorpresa agradable porque en el complejo donde entrenábamos se presentó mi amigo y asesor Óscar Segura con varios amigos y socios de mi clínica en Barcelona, y además Tomás Guash. Tomás ha sido para mí siempre un amigo que ha tenido que ejercer de periodista, pero reconozco que su sentido del humor y su capacidad para el disparate y la exageración me han hecho pasar ratos muy agradables en mi vida de entrenador. Uno de esos momentos fue la víspera de aquel partido. Era tal mi alegría por la visita que les invité a la charla que tuve con los jugadores. Hablamos de la vida, de la felicidad, de todo lo que habíamos conseguido hasta llegar al último partido. Quería quitar ansiedad y no quería hablar de tácticas ni posiciones en el campo. Hablamos de nosotros, de nuestra forma de ser, de nuestras charlas y nuestra convivencia, y les felicité por todo lo que habían hecho. Estaba muy orgulloso de haber sido su entrenador y no importaba lo que fuera a ocurrir mañana. Estaba tremendamente orgulloso de aquel grupo de jugadores que había apostado conmigo en su día. Llegamos al estadio Isidro Romero. Un enorme coliseo que estaba vacío por el enfado del hincha ecuatoriano con su equipo, y el poco público que había estaba a favor de nosotros, se identificaron con el débil. Hablamos con los chicos que devolvían los balones que no tuvieran prisa y que al final tendrían un premio. El camarín era pequeñito y hacía un calor asfixiante, e hice salir a todo aquel que no estaba de lleno en el partido. Antonio López se fue a la grada, pues estaba sancionado por ser expulsado en Montevideo, prohibí los transistores en el banquillo para no tener noticias de Rio de Janeiro y el árbitro colombiano silbó el pitido inicial. Había levantado suspicacias la designación de un árbitro colombiano, pero tuvo una extraordinaria actuación. Nos adelantamos antes del descanso con un gol de Ramallo y muy al final nos empataron. Recuerdo que cuando nos empataron salí del banquillo con intención de alentar a mis jugadores. El doctor Zaiduni, a mi lado, me dijo: “Tranquilo profe que Brasil gana a Uruguay con dos goles de Romario por lo que estamos clasificados aun perdiendo”. “Pero no quiero clasificar gracias a Brasil, quiero que lo consigamos nosotros con nuestros méritos”, le grité. El doctor Zaiduni era el médico de la Selección y también del Bolívar. Yo le indicaba en tono cariñoso que era la versión masculina de la Teresa de Calcuta, todo bondad y atención para con los pobres y que nunca ganó la plata que se merecía en su profesión. Gran consumidor de Coca Cola y fumador empedernido de cigarrillos rubios. Murió casi en la indigencia y es una de las grandes injusticias del fútbol boliviano el no haberle hecho todavía un reconocimiento a su invaluable aporte. Seguro que en el cielo ha conocido a la Madre Teresa de Calcuta y les toman como hermanos, no sólo en bondad sino en sabiduría y amor.
Empatamos y clasificamos por méritos propios y fue la explosión, las lágrimas, las risas y las emociones. Saltamos todos a la cancha para abrazarnos emocionados porque lo habíamos conseguido. ¡Bolivia al Mundial! Los jugadores dieron rienda suelta a sus emociones, los dirigentes preferían la lágrima de alegría que la toma de la cámara, a mí me mantearon arriba y abajo sin piedad. Era un sueño hecho realidad sobre una cancha donde los sacrificios, los esfuerzos, los sudores, tristezas y alegrías brotaron espontáneamente en las gargantas y los ojos de los emocionados protagonistas. 
En el regreso, en el vuelo chárter del Lloyd Aéreo Boliviano, creo que hasta el piloto estaba borracho, si no de alcohol sí de alegría y euforia. Aterrizamos en La Paz y aquello era la locura. Toda Bolivia había salido a recibirnos.
Muchos aficionados querían subirse al techo del bus de los jugadores y apenas podíamos avanzar pues la gente se tumbaba en la carretera para obligarnos a parar y saludarles. Divididos y por distintas rutas pudimos llegar al hotel donde nos esperaba una fiesta. Una vez más la desorganización se apoderó de los actos, todo era confusión, pero había una cosa clara. ¡Estábamos clasificados! Era el 19 de septiembre de 1993 y en una semana más iba a cumplir 40 años de vida”.

Después Azkargorta cuenta que luego de un pequeño descanso se tenía que empezar a preparar el Mundial y que entonces ya no le costaba a la Selección encontrar partidos amistosos de preparación.
Pero ésa es otra historia... 

--

25 años

El 19 de septiembre se cumplirá un cuarto de siglo de la clasificación de la Selección boliviana al Mundial de EEUU 1994.

--

Otro hito histórico: la caída del gigante Goliat en La Paz

Aquella Selección boliviana de Xabier Azkargorta marcó otro hito en las Eliminatorias del Mundial de Estados Unidos 1994, también rompió el récord invicto que tenía el gigante Brasil. Cuarenta años sin perder. Era invencible hasta que jugó en La Paz.
Bolivia le ganó 2 a 0 al coloso del fútbol el 25 de julio de 1993 en un estadio Hernando Siles de Miraflores que estaba repleto y ardía como una caldera.
El primer tiempo de ese encuentro concluyó sin goles, pero Marco Antonio Etcheverry abrió el marcador a los 88 minutos del partido, cuando la Selecao ya empezaba a salir indemne de otro duelo internacional.
No fue así. El ‘Diablo’ emprendió veloz corrida tras una pase de Álvaro Peña, un pase en profundidad por izquierda. Llegó a la línea final y con zigzag dejó plantado con las piernas abiertas a su marcador, y casi cayéndose sacó un centro bajo. El arquero brasileño se sorprendió porque se agachó, estiró su pie izquierdo con tan mala fortuna que el balón se desvió y se metió a su arco.
El gol provocó una euforia inusual. En las graderías la gente saltaba y gritaba. En la cancha se formó una torre humana. Todos se lanzaron sobre Etcheverry y la alegría salía por todos los poros del cuerpo.
Ya era hazaña, pero dos minutos después en otro ataque sorpresivo Álvaro Peña selló la victoria. Ese 2-0 dejó no sólo a la canarinha sorprendida, sino a todo el mundo.
Y ese Brasil sí que tenía un equipazo, como que se clasificó primero en el grupo de Bolivia y después ganó el Mundial jugado en Estados Unidos al año siguiente.
--

La campaña

Venezuela 1 - 7 Bolivia
Bolivia 2 - 0 Brasil
Bolivia 3 - 1 Uruguay
Bolivia 1 - 0 Ecuador
Bolivia 7 - 0 Venezuela
Brasil 6 - 0 Bolivia
Uruguay 2 - 1 Bolivia
Ecuador 1 - 1 Bolivia

--

Pasajes que no se olvidan

Las Eliminatorias de la Copa de EEUU 1994 estuvo también llena de anécdotas, como que en el primer partido, jugado en Puerto Ordaz con Venezuela, el seleccionado local empezó ganando con un gol que se ‘comió’ Darío Rojas. Y cuando los hinchas venezolanos empezaron a festejar, vino la lluvia de goles de Bolivia para el 7-1 y un espléndido comienzo.
El famoso mate de coca por el que Miguel Rimba dio positivo, al igual que el arquero brasileño Marco Taffarel en el partido jugado en La Paz. Después de una científica representación hecha por la Federación Boliviana de Fútbol, la FIFA levantó el castigo para los dos futbolistas. Uno se pregunta hoy si sólo era positivo Rimba...
A propósito de controles de dopaje, Marco Antonio Sandy recuerda una simpática anécdota: “Me tocó el control en el partido contra Brasil. Antes, en los camerinos me dieron un mate de coca que estaba muy caliente y me quemé la boca, entonces lo dejé a un costado y al escuchar la charla técnica me olvidé tomarlo. Al final del partido, fui al control y sólo Miguel (Ángel Rimba) dio positivo, de lo contrario ambos íbamos a dar positivo”.
Álvaro Peña nunca olvida que cuando el equipo se preparó en Barcelona, España, la Federación les daba 20 dólares de viático por día. Un día Xabier Azkargorta les dio libre para que salgan a pasear y hacer compras. “Nadie quería salir” (Álvaro Peña).