La producción intensiva de la coca deja huellas en los Yungas

Los pobladores de los Yungas viven de la cosecha de la hoja sagrada, aunque también cultivan otros productos.
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Ramiro Ramírez S. / Cambio

Los cultivos de coca en la provincia Sud Yungas se extendieron de manera descontrolada, a la par de la producción intensiva, que dejó de lado los ciclos agrícolas, el uso de los pisos ecológicos y la rotación de los terrenos para que descanse la tierra.

Aquellas prácticas de los abuelos quedaron en el olvido y hoy se cosecha hasta tres veces al año con el afán de obtener ganancias de forma rápida y segura.

“La propia población yungueña entró a lucrar con la producción de la coca, hay que ser realistas y hay que reconocer”, afirma una exautoridad de la región, chulumaneña de nacimiento, quien prefiere mantener su nombre en reserva.

“Nuestros abuelos y nuestros papás producían lo necesario. Incluso decían que si hay poca obtención había que dejar descansar la tierra porque tenía que volver a nutrirse. Ahora ya no se ve eso, estamos explotando al máximo los terrenos, incluso utilizando químicos sin ningún tipo de control”, afirma.

Recuerda: “Estos meses (agosto y septiembre), como no hay tanta lluvia, los abuelos decían: ‘en esta época la planta fortalece sus raíces. Tiene que descansar. En la época de lluvia las raíces crecen, pero no son fuertes; en época seca la coca produce muy poco. Toda planta es como una mujer que después de dar a luz a un bebé tiene que haber cierto tiempo para que esa mujer se vuelva a fortalecer’. La planta es igual, pero actualmente ya no permitimos eso. Cuando la coca se tiene que fortalecer y se obtiene poco, hacemos que produzca igual que en la época de lluvias, metemos riego indiscriminadamente, lo cual también tiene un fuerte impacto en el cambio climático”, advierte.

Riqueza de por vida

Así como la productora de Chulumani, otros testimonios recogidos en la zona hacen referencia al alto grado de explotación alcanzado en la región y los beneficios económicos que genera para los que cuentan con grandes plantaciones.

“Muchos hicieron estudiar a sus hijos en Estados Unidos y familias enteras de Yungas migraron a ese país”, dice Ernesto, un profesor de primaria de Irupana. Pese a los leves avances y progreso de algunas comunidades y poblaciones mayores de Sud Yungas, la región se asemeja a un gran yacimiento que después de más cinco siglos de explotación sigue generando riqueza y millonarios ingresos para quienes tienen la suerte de contar con plantaciones en la zona.

Cabe recordar que la explotación de la hoja se remonta a siglos atrás. En tiempos de la Colonia, los esclavos traídos de África fueron llevados a trabajar a las haciendas productoras en los Yungas paceños.

“El problema está en que nosotros como estantes y habitantes de cada comunidad tal vez no hemos sabido plantearnos proyectos a largo y mediano plazo, solamente hemos pensado en el momento y es así que se ven comunidades que no cuentan con un servicio de agua potable”, señala la entrevistada, quien añade que las autoridades del lugar no priorizaron sus necesidades y por eso Yungas está atrasado.

Expansión de cultivos

La exautoridad cuenta que debido al crecimiento de poblaciones y la falta de terrenos de cultivos en Irupana y Chulumani, muchas familias migraron a la quinta sección de la provincia, que tiene como epicentro la población de La Asunta, que en los últimos 20 años se convirtió en receptora de migrantes no sólo de la región, sino de otras del país.

De acuerdo con datos oficiales, allí se concentra el 41% de la producción de cultivos del arbusto de los Yungas, y según estimaciones, cuenta con una población de más de 40 mil habitantes, la más alta de los cinco municipios que son parte de Sud Yungas.

A la par del crecimiento poblacional, la proliferación de cultivos de La Asunta hizo que esta provincia se una a las de Inquisivi y Caranavi, con las que actualmente tiene conflictos de límites.

“Ellos (los migrantes) fueron a habitar por ese lado y en la actualidad se ve bastante producción de la coca”, remarca.

Zona de conflicto

En los 12 años de gobierno del presidente Evo Morales se impulsó una sostenida tarea de racionalización concertada de cultivos ilegales en la zona de La Asunta y otras consideradas fuera del cordón tradicional.

Al factor económico, intrínseco del negocio de la coca, se sumaron acciones de resistencia violenta por parte de grupos que se niegan a erradicar sus cultivos, y, según las autoridades de Gobierno, protegen la producción ilegal de la hoja, y en algunos casos al narcotráfico. La extensión del territorio y el terreno accidentado de la zona deja abierta la posibilidad de la acción de grupos irregulares, lo cual es investigado por las autoridades nacionales.

“Que hay bastante cantidad de producción del arbusto en La Asunta es cierto, pero se tiene que investigar si ahí está campeando el narcotráfico. Otro detalle que debemos tomar en cuenta es que efectivamente la coca de La Asunta llega al mercado de La Paz”, reflexiona la exautoridad.

“Hay que recalcar también que en muchas comunidades hay un control estricto, si ven un movimiento sospechoso en la noche trasladando coca, inmediatamente la comunidad se moviliza e investiga qué es lo que está pasando. En el caso del narcotráfico son los propios comunarios los que dan parte a Umopar”, asegura.

Jornaleros

Como consecuencia de la explosión de cultivos en la zona de la Asunta, quienes poseen grandes extensiones de tierras recurren a la contratación de mano de obra durante todo el año. Las tareas son diversas, desde el limpiado de los cocales (deshierbado), la cosecha y el sembrado en tiempo de lluvias, lo que demanda miles de manos.

“Si ustedes como medio de comunicación vinieran por la región en junio, cuando es vacaciones de invierno, verían numerosa cantidad de estudiantes del sector del altiplano y de Yungas que se trasladan a La Asunta. Van con la finalidad de ‘jornalear’ en la cosecha de la coca, en el deshierbado. Terminan las vacaciones y retornan a sus provincias”, relata la productora.

Dependiendo del trabajo que se realice, el jornal puede costar hasta 100 bolivianos, aunque también se dan casos en los que familias enteras se dedican a cosechar coca y reciben como pago la mitad del volumen cosechado, y la otra mitad es para el  dueño del cocal.

Muchos jornaleros cobran entre 4 y 5 bolivianos por libra cosechada, de acuerdo con testimonios de los comunarios.

“Hay varias formas de trabajar. El cocal es un lugar donde mucha gente va en busca de una fuente laboral, de un ingreso económico, los que vivimos en la población y tenemos algún tipo de actividad comercial sabemos que dependemos del arbusto. Es notorio cuando la hoja sube de precio, puedes vender todo, pero cuando baja se comercializa muy poco”, concluye la exautoridad yungueña.

Proliferan las radios FM en la región

Chulumani tiene una gran tradición radiofónica con la experiencia de radio Yungas, que en su momento logró audiencia total en la región y era el medio indispensable para la vida de los lugareños.

Dependiente de la Iglesia católica, tuvo en su momento dos grandes programas entre los muchos que ofrecía a su audiencia. El viajero, que daba espacio a todo pasajero que deseaba anunciar su arribo a otras comunidades de la zona.

“Estoy llegando de La Paz, que baje mi cuñada con la mula de su hermana porque traigo un bulto”, es una de las anécdotas que suelen contar los lugareños al añorar las hondas de El viajero, que en realidad era una unidad móvil apostada en la tranca de llegada a Chulumani.

Otra experiencia comunicacional sin precedentes fueron las llamadas ‘cajitas’, que tejieron una extensa red de corresponsales que se conectaban al estudio central desde las más remotas comunidades de Sud Yungas. Gracias a este recurso de alto impacto, el medio fue por mucho tiempo un referente comunicacional dentro y fuera de la región.  

Hoy, en Chulumani, las FM ganaron cada vez más espacio. Entre ellas, FM Bolivia 101.3, que captó gran audiencia y se posicionó como la emisora que respalda las demandas regionales vinculadas a la Asociación Departamental de Productores de Coca (Adepcoca).

Además de programación propia, FM Bolivia se enlaza por las tardes con el programa Encontrados, de Gonzalo Rivera, en radio Líder, y logró una profusa audiencia.

En las recientes marchas de los productores de La Asunta, FM Bolivia transmite en directo las manifestaciones y declaraciones de los movilizados en la sede de gobierno.

La población de Chulumani siente que hay problemas no resueltos

Chulumani se ve tranquilo. Es martes y, como todo inicio de semana, salvo las tiendas de abarrotes y alguna que otra oficina privada que atiende al público, se observa poca actividad en su plaza principal y calles adyacentes. Es que en los Yungas de La Paz, los lunes y martes compensan al sábado y domingo, cuando la actividad del comercio y las reparticiones públicas es intensa.

El edificio de la Alcaldía de Chulumani está cerrado hace seis meses. Su calle principal de acceso, descuidada y llena de polvo, muestra que nada cambió en la capital de la provincia Sud Yungas.

“Estamos peor que antes, ahora ni la Alcaldía funciona en Chulumani”, reclama una vecina, quien advierte que el pueblo, como otras tantas veces, no siente que sus autoridades trabajen por su bienestar.

Un recorrido confirma la expresión de la vecina, quien observa con desconfianza a los extraños visitantes. Es martes y no hay mucho que ver en el pueblo y por lo general las visitas llegan el fin de semana.

En marzo de este año, por un conflicto entre autoridades ediles y las organizaciones campesinas, el Alcalde del lugar y los concejales se vieron obligados a dejar Chulumani ante el duro cuestionamiento del pueblo, que los acusó de sumarse al Movimiento Al Socialismo (MAS) cuando habían sido elegidos por una tienda opositora.

Desde entonces se agravó la situación del pueblo, que en un momento, a través de su junta de vecinos, contrató los servicios privados para el recojo de basura. Por su parte, las autoridades locales trasladaron sus oficinas al Distrito 12 de Huancané, a las comunidades de Tongobaya y San Martín de Porres, desde donde hacen gestión, pero no ingresan a Chulumani.

En el pueblo, los vecinos cumplen con normalidad sus actividades, pero saben que muchos problemas están pendientes de solución. Con todo, la capital vive una jornada apacible. Pasado el mediodía, los estudiantes que concluyeron sus clases inundan las calles con sus risas y charlas amenas y pasan presurosos llamados por la hora del almuerzo. El ambiente se torna sofocante y el sol golpea inclemente, propio de esta época seca en la región.

A 116 kilómetros de la ciudad de La Paz y con cerca de 17 mil habitantes, Chulumani es el centro comercial y urbano más importante de Sud Yungas y, como toda la región, vive de la economía de la hoja.