El engaño más grande del ciclismo

El exciclista Lance Armstrong burló los controles del antidopaje y brilló en las carreras.
Metrolatino USA

 New York / BBB Mundo / El País, CNN / El Espectador / Agencias

El 11 de octubre de 2012, como si fuera un productor de Hollywood anunciando la película más grande jamás filmada, Travis Tygart, el director de la agencia norteamericana antidopaje (Usada), avisó desde Colorado que su organismo ya había enviado a la Unión Ciclista Internacional (UCI) las pruebas de dopaje con las que sancionó a perpetuidad a Lance Armstrong, el exciclista tejano a quien además se le iba a desposeer de los siete Tours de Francia que ganó, más que ningún otro corredor en la historia del ciclismo. 
“Las pruebas muestran más allá de cualquier duda que el equipo ciclista US Postal puso en marcha el programa de dopaje más sofisticado, profesionalizado y exitoso que el deporte haya conocido en su historia”, sentenció.
En el sistema, según el director de la Usada, también participaron el médico italiano Michele Ferrari y el valenciano Luis García del Moral (ambos sancionados a perpetuidad), así como el director belga Johan Bruyneel, el preparador valenciano Pepe Martí y el médico vasco Pedro Celaya.
De acuerdo con el director de la Usada, entre las pruebas había testimonios de 26 personas, 15 de ellas ciclistas, así como registros de pagos, intercambios de emails, datos científicos y resultados de análisis de laboratorios.

¿CÓMO LO HIZO?
Luego del lapidario informe de la Usada sobre “sofisticadas técnicas de dopaje” en el equipo de Lance Armstrong, muchos se preguntan cómo se logró con tanta facilidad burlar los análisis médicos de detección de sustancias ilegales y prohibidas.
La Usada dice que testigos revelaron los métodos más sofisticados, profesionales y exitosos que el programa sobre dopaje en el ciclismo haya visto jamás.
Hasta ahora, once miembros del equipo de US Postal Service, al que perteneció la leyenda del ciclismo, han dado declaraciones sobre sus historias de dopaje.
Pero, tal como señaló el corresponsal deportivo de la BBC, Stephen Mulvey, hasta ahora el testimonio más revelador es el de Tyler Hamilton.
El excompañero de Armstrong relata en su libro The secret race (La carrera secreta), que fue publicado en septiembre, detalles minuciosos sobre cómo obtenían las drogas, cómo las almacenaban, cómo las entregaban e inyectaban a los ciclistas.
Incluso cuenta que transportaban las jeringas en una lata de refresco.
Pero lo más extraordinario, dice Mulvey, es que explica lo fácil que fue burlar las pruebas de dopaje.
Armstrong rechazó las alegaciones de Hamilton, y previamente su abogado describió las acusaciones de Usada de “cacería de brujas”.

LENGUAJE SECRETO
Hamilton cuenta que comenzó utilizando testosterona, el ‘huevo rojo’, como los ciclistas llamaban a las pastillas de la hormona.
Pero pronto ascendió a la más sofisticada eritropoyetina o EPO, una hormona que estimula la formación de glóbulos rojos, a la cual Hamilton y sus compañeros de equipo llamaban Edgar, en honor a Edgar Allen Poe (un escritor, poeta, crítico y periodista romántico​​ estadounidense, de relatos cortos).
Al estimular la formación de glóbulos rojos, la EPO mejora el rendimiento en casi un 5% o, tal como Hamilton lo describe, “la diferencia entre el primer lugar en el Tour de Francia y estar en medio de la cuadrilla”.
La EPO puede ser detectada en el organismo por varias horas después de haberla consumido, un período que llama el ‘tiempo de resplandor’. En este lapso, el ciclista necesitaba evitar encontrarse con el encargado de los análisis de dopaje.
Así que en los meses de entrenamiento, cuenta Hamilton, llevaron a cabo un registro del momento en que habían tomado la droga y se ponían sobre aviso por teléfono en el instante en que aparecía el analista en Girona, en el norte de España, donde los ciclistas entrenaban. Hamilton describe cómo el equipo llevaba un régimen preciso para evitar encontrarse con el analista cuando estaban en ‘período de resplandor’.
Más que enfrentar una prueba de dopaje, dice, era “una prueba de disciplina y de coeficiente intelectual”.
Hamilton relata cómo en una ocasión, cuando alguien tocó a la puerta donde él estaba con “resplandor”, simplemente se escondió en la casa guardando absoluto silencio hasta que el analista se cansó de esperar y se marchó.
Como los encargados de las pruebas nunca hacían sus visitas en la noche, el mejor momento de dopaje era avanzada la tarde.

‘PERÍODO OSCURO’
Según el informe de la Usada, “la forma más convencional como los ciclistas de US Postal burlaron las pocas pruebas que había fuera de competencia fue utilizando su sentido común para evitar a los analistas”.
En una entrevista reciente con la BBC, Hamilton expresó: “Éste fue un período oscuro del ciclismo que todos atravesamos”.
“Ninguno de nosotros, cuando teníamos 15 o 16 años, planeaba hacer esto, pero todos ascendimos en   las clasificaciones y llegamos a este mundo”.
“Cuando llegamos, ese mundo ya existía. Los médicos, los ciclistas, todos lo habían estado haciendo durante años”, afirmó.
Como en 1998 se atrapó a los equipos Festina y TVM con grandes cantidades de esteroides, a partir de 1999     —cuenta Hamilton— su equipo fue más cuidadoso con la distribución de la droga.
Según describe, Armstrong organizó un plan para que su jardinero siguiera al Tour en motocicleta transportando un termo lleno de viales de EPO. Y al año siguiente, agrega, comenzaron el dopaje sanguíneo: volaban a España para que el médico del equipo les extrajera sangre.
Esta sangre fresca, rica en glóbulos rojos al estar almacenada en frío, era después transferida a los ciclistas exhaustos para incrementar su conteo sanguíneo durante la carrera. Los ciclistas encontraban en sus habitaciones de hotel bolsas de sangre, todavía frías, adheridas a la pared junto a su cama.
Hamilton habla de la sensación de “carne de gallina” que tenían cuando circulaba la sangre fría por su cuerpo.
Y señala que uno de los médicos de US Postal, Michele Ferrari, encontraba siempre la forma de ayudar a reducir el ‘tiempo de resplandor’ de EPO usando minúsculas “microdosis” inyectadas directamente en la vena.
Los ciclistas también bebían grandes cantidades de agua o se inyectaban solución salina para acelerar el desvanecimiento del resplandor.
“Ellos tenían a sus médicos, nosotros teníamos a los nuestros. Nuestros médicos eran mejores”, dice Hamilton.
En su libro, el excompañero de Armstrong señala que resultó positivo en varias pruebas, pero de alguna forma u otra logró explicar el resultado o callarlo.
Se sabe que las transfusiones de sangre son potencialmente peligrosas. La sangre mal almacenada puede ser tóxica al transferirla al atleta.
Hamilton afirma que nunca tuvo problemas. Sólo una vez, dice, cuando acabó orinando un “líquido de un rojo muy oscuro, casi negro”.

ARMSTRONG LO ADMITIÓ
Un año después de la denuncia de la Usada, el exciclista admitió en una entrevista con Oprah Winfrey haber usado sustancias prohibidas en las siete competencias en las que ganó el Tour de Francia. La revelación dejó fríos a todos...
Ganar los títulos, “un matrimonio feliz”, todo parecía la “historia perfecta”, manifestó Lance Armstrong.
“No quiero acusar a nadie. Yo tomé las decisiones y fue mi error”, dijo para luego reconocer que está pagando sus errores y que merece el precio que le han costado. “Esto llega tarde y es mi culpa”.
“La actitud de ganarlo todo la tomé primero ante el cáncer y la transporté al ciclismo. Quise perpetuar la historia. Ganar era importante y aún me gusta, pero ahora veo el triunfo de otra manera. Doparse era parte del trabajo, así es como yo lo veía”, dijo.
Contó que luego de vencer al cáncer, “el deseo de ganar a toda costa, el nivel al que llegó, es un problema. La arrogancia y ser desafiante me perdieron... Hice muchas cosas imprudentes en mi vida”.
Relató que para prepararse para competir elaboraba un cóctel que consistía en EPO (eritropoyetina), transfusiones y testosterona. “Yo lo veía muy sencillo, yo veía esos métodos para mejorar mi rendimiento e ir más rápido”.
“Hoy soy feliz, ayer no... Pasaré el resto de mi vida buscando recuperar la confianza de la gente que traicioné”, mencionó. “Veo el enojo de la gente, estas personas que me apoyaban, que creían en mí, están en su derecho de sentirse traicionados”.
Cuando Oprah Winfrey le preguntó si tuvo miedo de ser descubierto, el deportista aseguró que no. “No nos iban a descubrir, era cuestión de programarlo”, dijo.
Reconoció que sin las drogas era humanamente imposible ganar esos siete Tours.

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46 años

Lance Edward Armstrong nació  en Austin, Texas, Estados Unidos, el 18 de septiembre de 1971. Fue un ciclista profesional.

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Lo crió su madre; su padre lo dejó niño

Armstrong nació en Texas, al norte de Dallas, Estados Unidos. De descendencia noruega, su madre Linda Gayle Mooneyham, una secretaria, y su padre Eddie Charles Gunderson, director de The Dallas Morning News. Cuando apenas tenía dos años, sus padres se divorciaron. Lance se quedó bajo la custodia de su madre, ella luego se casó con Terry Keith Armstrong, un comerciante, quien con mucho amor aceptó adoptar a Lance en 1974.

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La confesión de Lance que estremeció a todo el mundo del deporte

—¿Tomó alguna vez sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento ciclista?
—Sí. 
—¿Fue una de esas sustancias prohibidas EPO?
—Sí.
—¿Usó alguna vez transfusiones de sangre para mejorar su rendimiento?
—Sí.
—¿Usó alguna vez otras sustancias prohibidas, como testosterona, cortisona u hormonas de crecimiento?
—Sí.
—¿En todas sus siete victorias del Tour de Francia tomó sustancias prohibidas o se dopó la sangre?
—Sí.
—En su opinión, ¿era humanamente posible ganar sin doparse siete Tours consecutivos?
—No, en mi opinión.

Estas seis preguntas planteadas por Oprah Winfrey y las seis respuestas dadas por Lance Armstrong pasarán a la historia del deporte, 51 segundos de la primera confesión pública de dopaje hecha en 2013.
La histórica confesión, que Armstrong reconoció que llega “demasiado tarde”, abrió la esperada entrevista, un acontecimiento televisivo, deportivo y social mundial.
Explicó, por ejemplo, que en su momento estelar las pruebas de dopaje eran más suaves y eran muy escasas las que se hacían entre competiciones. “Era todo cuestión de scheduling (programación)”, reconoció y se refirió a un plan que permitía aparecer limpio en las pruebas en las carreras.
Hoy las muestras de sangre y orina en el antidopaje permiten crear una identificación donde es casi imposible no detectar alteraciones sospechosas.

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Datos

El EPO es la eritropoyetina, una hormona glicoproteica (formada por azúcares y proteínas) que desempeña un papel esencial en la síntesis de glóbulos rojos.
Es una sustancia generada de manera natural por nuestro organismo ante falta oxígeno (hipoxia). Se fabrica en el riñón y, en menor medida, en el hígado, y en otros órganos, como el cerebro y el bazo.

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Le quitaron todos los títulos que ganó en el Tour de Francia

El 24 de agosto de 2012, la Agencia Antidopaje Estadounidense (Usada) informó que descalificó de por vida a Lance Armstrong y le quitó sus siete títulos del Tour de Francia por violaciones al código de dopaje, con lo que se puso fin a una de las más grandes carreras de la historia del ciclismo.
La pena fue retroactiva al 1 de agosto de 1998 y se extiende hasta el presente, período que incluye su número récord de victorias en la ronda francesa.
Armstrong anunció que no iba a luchar contra los cargos de dopaje, pero calificó al proceso como “unilateral e injusto”.
“Llega un momento en la vida de cada hombre en el que tiene que decir ‘ya es suficiente’”, expresó Armstrong en un comunicado publicado en la web Lancearmstrong.com.
“Para mí, ese momento es ahora. He estado lidiando con afirmaciones de que hice trampa y tuve una ventaja injusta al ganar mis siete Tours desde 1999”, agregó.
Mucha gente admiraba al exciclista hasta convertirse en casi un héroe del deporte.

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Pasajes que no se olvidan

“Tras participar en los Juegos Olímpicos de Atlanta empecé a notar algunas dolencias”. Con esas palabras, Lance Armstrong comenzó a narrar el momento más crítico de su increíble historia de vida. Antes de ser un múltiple campeón en la ruta, el deportista nacido en Texas libró una dura batalla contra el cáncer. Y ganó.
“En una semana se me juntaron dolores fuertes de cabeza, tenía la visión borrosa y empecé a sangrar”, relató. “Llamé a mi vecino que era doctor y me dijo que quizás era una alergia o una sinusitis. Pero no le comenté un detalle y es que pasaba entre cinco y seis horas encima de una bicicleta”. Explicó que en esa época “un joven de Texas podría estar avergonzado de hablar de esos temas”, pero ése no fue su caso, “gracias al trabajo de concientización de las valientes mujeres” que lucharon por erradicar “el estigma del cáncer de mama y cambiar la percepción de esta enfermedad”.
“Gracias a esa iniciativa del ejército rosado, ahora podemos hablar del cáncer” con naturalidad, dijo Lance, quien adoleció “un cáncer testicular avanzado”.
Tenía “entre 10 y 12 tumores del tamaño de pelotas de golf”, aunque luego se dio cuenta de que su situación tampoco era “tan mala”, ya que era un deportista profesional y tenía dinero para costearse los tratamientos.
Horas antes de su operación, el doctor Craig Nichols le dijo: “Mi mujer falleció de cáncer de mamas y no voy a fallar en esto”.
Al terminar la quimioterapia y recuperarse de la operación, Armstrong empezó a volver a soñar.
En 2004, su patrocinador Nike le dijo: “Tenemos una idea”. Nació el proyecto Live Strong para recaudar fondos para la investigación y prevención del cáncer. “Vendimos pulseras amarillas, 10, 15, 20 millones... Y tras cinco años llegamos a vender 80 millones de pulseras, lo que suponía US$ 80 millones”, concluyó. Un éxito.