Bolivia está en la cima del mundo gracias a Sabja y Centellas

Yazmine Sabja (izq.) y Valeria Centellas muestran sus premios tras ser reconocidas por el Gobierno en La Casa Grande del Pueblo.
APG

La Paz / Julio Céspedes

El ráquetbol boliviano vive un momento de gloria por la obtención de la primera medalla de oro en la historia del Campeonato Mundial Open, lo que sucedió hace unas dos semanas en San José, Costa Rica.
El logro fue alcanzado en la modalidad dobles, de la rama femenina, con Yazmine Sabja y Valeria Centellas.
“Es un sueño hecho realidad, personalmente no lo veía venir todavía, pero felizmente se pudo dar”, comenta Sabja.
Mientras que Centellas dice: “La verdad es que hicimos historia para el ráquetbol boliviano y fue la mejor sensación que pudimos tener.
“Jugamos contra Estados Unidos, México, Canadá y Guatemala, que año tras año consiguen medallas para sus países. Fueron rivales muy complicados, fuertes y con bastante experiencia, pero jugamos de la mejor manera”, señala Valeria.
En la final, las raquetbolistas nacionales vencieron a las mexicanas Monserrat Mejía y Alexandra Herrera por 2-1, con lo que obtuvieron la medalla de oro. “Al principio estábamos nerviosas, pero no teníamos nada que perder, así que jugamos al todo o nada”.
Sabja, de 26 años, y Centellas, de 16, se complementan muy bien, algo elogiable porque juegan juntas desde hace no más de cinco meses.
“Nos entendemos muy bien ambas, por lo que esperamos ganar más torneos”, dice la menor de la dupla.
APOYO EN EL CERTAMEN
Sabja y Centellas no solamente recibieron el aliento del resto de los integrantes del seleccionado boliviano, sino también de otros compatriotas.
“El apoyo de Bolivia fue increíble, algunos bolivianos que radican en Costa Rica fueron a vernos, incluso también lo hizo una persona que vive en Estados Unidos. Además, la gente desde Bolivia también nos apoyó a través de las redes sociales, al igual que la prensa”, comenta Valeria.
CONTRA OTRAS BOLIVIANAS
En el Mundial, como en otros eventos internacionales, Sabja y Centellas enfrentaron a otras bolivianas, como María José Vargas, Natalia Méndez y Adriana Riveros, pero que representan a otros países; las dos primeras juegan por Argentina, mientras que Riveros lo hace por Colombia.
“Perdimos a buenos jugadores bolivianos, en damas y varones, pero eso se dio porque les ofrecen mejores condiciones en otros países. Tienen un sueldo y participan en torneos amateurs y profesionales con todo pagado; obviamente eso es muy tentador para cualquiera”, expresa Sabja.
“Lamentablemente hubo fuga de raquetbolistas bolivianos, a quienes enfrentarnos en torneos como el Mundial no es agradable, pero al final al no ser tu bandera juegas como con cualquier otro adversario”.
Rivales en la cancha, pero hermandad afuera, eso es lo que acontece. “Mantenemos la amistad con ellas, pero no hablamos mucho del tema, cada quien toma su decisión. Más allá de que representan a otros países, somos compatriotas”, manifiesta Yazmine.
Considera que el ráquet boliviano “mantiene un gran nivel, lo que permite que se puedan conseguir nuevos títulos”.

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“No darse gustitos es muy complicado”

Valeria Centellas comenzó a jugar ráquetbol a sus nueve años, pero su inicio en el deporte está ligado a otra disciplina de la raqueta.
“A mis cuatro años empecé a jugar frontón con mi familia, ya después me incentivaron para que juegue ráquetbol porque le metía bastantes ganas”, cuenta Valeria, quien primero ganó torneos departamentales, después nacionales y ahora es campeona mundial.
“El ráquetbol es parte de mi vida, un día que no puedo jugar me siento bastante vacía y aburrida, no sé qué hacer”, comenta la juvenil.
“Cuando juego es una sensación increíble. Al disputar un campeonato se tiene mucha adrenalina, todo se complementa”, señala.
Centellas dice ser una chica tímida. “No hablo mucho, pero soy una persona luchadora y alegre en todo ámbito. Soy dedicada en lo que hago”, afirma.
En el ráquetbol lleva adelante una intensa preparación, especialmente en lo físico. “Me encanta ir al gimnasio o al crossfit”, indica.
Pero también debe hacer “sacrificios” en la nutrición. “No darse gustitos es bastante complicado, yo soy muy amante del chocolate y del azúcar”, expresa Valeria, cuyo plato favorito es la sopa de maní.