Revollo, el pivote de la capitalización

Foto: El Paísonline
Alfonso Revollo, exministro de Capitalización.

Gonzalo Pérez Bejar

Cuando uno recuerda el proceso de capitalización y privatización que se ejecutó entre 1985 y 2005, viene a la memoria la imagen de Alfonso Revollo, el ministro de Gonzalo Sánchez de Lozada que impulsó este proceso.

En los últimos años se conformaron dos comisiones para investigar e identificar a los responsables de la enajenación de las empresas del Estado durante los gobiernos neoliberales.

Una primera comisión trabajó en la legislatura 2010-2015 y presentó su informe al pleno de la Asamblea, en el que estableció que el proceso de la venta de empresas del Estado, registrado entre 1989 y 2000, le costó al país 444 millones de dólares.

La segunda comisión continuó el trabajo de investigación en 2015, pero con un período más amplio (de 1985 a 2005).

El presidente de esa instancia legislativa, el senador del MAS-IPSP Rubén Medinaceli, indicó que la investigación ya concluyó y que en los siguientes meses se conocerán los resultados, que incluyen un listado de los responsables de este proceso de enajenación, encabezado por Alfonso Revollo.

En declaraciones efectuadas a la prensa en 1995 y reproducidas por la agencia ANF, el exministro de Goni afirmó que “el éxito en la implementación de las leyes de cambio en el país asegurarán la victoria del MNR en los próximos comicios municipales y generales”, y que los resultados de este proceso repercutirían en el tiempo y permitirían que su partido, el MNR, permanezca por muchos años en el gobierno.

Según el senador Medinaceli, Revollo se equivocó. Y puso como ejemplo el caso del LAB (Lloyd Aéreo Boliviano), que bajo la lógica de Revollo se la “estaba salvando” con el proceso de capitalización.

“El resultado fue contrario, años después esta empresa quebró y el proceso de capitalización permitió que unas personas, con antecedentes oscuros en el Brasil (aerolínea brasileña VASP, el 19 de octubre de 1995), la saqueen y hagan que se cierre”, sostuvo.

Al igual que el LAB, otras empresas como ENTEL, YPFB y Comibol corrieron la misma suerte, porque la promesa de mejorar las condiciones tecnológicas y económicas sólo quedaron en palabras y dejaron al Estado en quiebra.

El diputado Víctor Borda (MAS-IPSP) coincidió con Medinaceli. Señaló que Revollo lideró una “nefasta capitalización”, porque enajenaron los recursos naturales. “Vendieron nuestras empresas a precio de gallina muerta y hasta ahora no conocemos dónde está la plata por la venta esas compañías”.

La diputada Romina Pérez (MAS-IPSP) dijo que el exministro fue parte de las élites políticas que lo “único que hicieron fue entregar todas nuestras riquezas naturales a las transnacionales y seguir los dictámenes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial”.

“Fue el pivote de todo este proceso y se encuentra en las redes de poder que se analizó en la Comisión Especial Mixta de Investigación de la Privatización y Capitalización”, dijo la diputada.

El presidente del Estado, Evo Morales, recordó que Revollo fue uno de los principales impulsores del proceso de enajenación. El 19 de julio de 2018, Morales escribió en su cuenta de red social Twitter: “Como hoy, 1996, Alfonso Revollo, ministro de la mal llamada Capitalización de Gonzalo Sánchez de Lozada y Víctor Hugo Cárdenas, garantizó que ese proceso no era una privatización. Pero el tiempo demostró que Revollo, Goni y Cárdenas preparaban el robo de nuestras empresas y RRNN”.

El 27 de abril de 2016, la exautoridad y principal responsable de la capitalización de la primera gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada fue declarado rebelde ante la ley por el proceso judicial referido a la venta de la Empresa Nacional de Ferrocarriles (ENFE), en el marco de un juicio de responsabilidades en su contra.

Concluida su labor como ministro de la Capitalización, Revollo fue designado director ejecutivo alterno del Banco Mundial (BM), en representación de la región.

Durante el gobierno de Jaime Paz se presentaron denuncias en contra de Revollo, pero éstas quedaron en nada. A la fecha no se sabe dónde se encuentra o qué funciones cumple.