Bolívar vive y acecha la punta

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Introducción: los clásicos no saben de tablas ni buenos momentos. The Strongest llega con la chance de ser líder en solitario y dejar a 11 puntos a Bolívar. El Tigre ve cómo su entrenador, el señor Farías, dobletea y se ausenta (sobrador) dos días en un viaje al Paraguay. De eso nadie habla en un club que se lo permite porque no hay cabeza ni timón en Achumani. De lo que se habla es del futuro de Pablo Escobar. Todo al revés. La Academia trabaja humildemente en silencio con la idea de recortar, desde atrás. Arias ha recuperado por fin a Raldes y quiere asentar el equipo desde la solidez defensiva sabiendo que arriba ha “descubierto” la dupla, Riquelme-Ferreira. A última hora, el uruguayo, terco, vuelve a apostar por su compatriota, Felipe Rodríguez.

Nudo: la primera parte es eléctrica e intensa. Y tiene un sonido seco: los pelotazos en los palos (dos ‘gualdinegros’, uno ‘celeste’). Henry Vaca (por Ibargüen) comienza a ganar el duelo con Flores y luego se apaga y se apaga. Hay miedo a perder, en ambos. A ratos, son minutos de tanteo; a ratos, de ida y vuelta. Arce gana (como toda la tarde-noche) su duelo particular a Marvin, ayudado por Saavedra, que dobla y dobla. 

Desenlace: la segunda parte es táctica. Bolívar sale con todo y con Ferreira, que a la primera la mete adentro en un golazo, calcado del partido con Blooming, fruto del buen entendimiento con Riquelme (y Arce). Arias mete zaga de cinco (con Pedraza), monta dos líneas que defienden juntitas y cierra el ‘match’. Farías reacciona (tarde) y sus tres cambios no aportan. ¿Era el clásico el partido ideal para meter a Alcides Peña? ¿Tiene Campos una cláusula secreta por la cual debe jugar casi siempre? Los pelotazos centrales a la cabeza de Blackburn se vuelven un recurso estéril. El Tigre no tiene ni juego por las bandas (Maxi apenas sube) ni asociaciones. Bolívar acaba perdonando a la contra, pero gana un partido vital que lo acerca a la punta.