La historia de Los Taitas

“El taquirari calló al sentir que moría tu voz y  en sus labios dibujó la sonrisa del último adiós”. 
Óscar Velarde

Homero Carvalho Oliva* 

Solamente un poeta como Edson Hurtado podría escribir con solvencia la biografía plural de un grupo musical, porque los poetas llevan la música interior y son portadores de una extraña sensibilidad que los hace reconocer la poesía en todas las actividades de la vida, sean éstas artísticas o de otra naturaleza. 
El libro se titula No volveré a querer, la historia de Los Taitas del Beni, el grupo musical más emblemático de este departamento en particular y de una época nacional en general.
Tuve la suerte de conocerlos y escucharlos en la ciudad de la Santísima Trinidad, de la que ellos eran originarios y orgullosos de su gentilicio de trinitarios. 
Mi padre, Antonio Carvalho Urey, historiador y escritor, era muy amigo de Los Taitas y siempre que podía participaba en las famosas guitarreadas en las que sus integrantes, generosos como artistas de pueblo, se prodigaban a su pequeña y atenta audiencia. 
Con los años llegué a gustar tanto de sus interpretaciones que cuando alguien llegaba a mi casa yo les hacía escuchar lo que creía y creo era uno de los grupos más prodigiosos que hayan existido en la música romántica, tanto nacional como internacional. 
Edson Hurtado nos cuenta estupendamente la vida de este grupo, tejiendo la historia con los hilos sueltos de los testimonios de los mismos integrantes, de amigos y documentos que hablan de ellos; con estos hilos nos muestra un conmovedor gobelino, nostálgico y melancólico como la música y las canciones de Los Taitas. 
Edson cuenta los orígenes en una noche cualquiera en Trinidad, en la que se juntaron los amigos a guitarrear: “El trío, entonces, empezó a amenizar la noche. 
Oscar se quedó conmovido por la destreza y la originalidad de las canciones, por la interpretación de los tres cantores que hacían vibrar sus sentidos. 
Eran Silvio Maya Tanaka, Rolando ‘Chacho’ Viruez y Hugo Mercado. Ellos tocaron y cantaron toda la noche, y recibieron innumerables aplausos y ovaciones de quienes aún no sabían lo que se estaba gestando esa noche de embriaguez y jolgorio”.
Sencillos como eran, eligieron un nombre popular que sus paisanos y el mundo conociera. En el Beni, ‘taita’ significa anciano o padre, es una palabra mojeña que designa al cacique mayor, pero también es sinónimo de alguien diestro en algún menester.  
Cuenta Edson que cuando cantaba Maya Tanaka, la gente afirmaba que era un ‘taita’ para cantar. 
El grupo se formó, grabaron discos, viajaron por toda Bolivia, conocieron los aplausos en el exterior del país, actuaron con los mejores músicos bolivianos tanto folklóricos como románticos, pero nunca dejaron de ser los muchachos de Trinidad y de visitar los pueblos del Beni, adonde los invitaban para escucharlos y homenajearlos. 
Sus canciones —que eran tanto suyas como de algunos de los más destacados compositores nacionales, como los benianos Róger Becerra, ‘Malaco’ Méndez Roca, Hugo Villanueva, José Villar y otros— son melodías de amor que tienen diversos ritmos, desde el bolero, vals y, por supuesto, el taquirari. 
Aún hoy en día son una especie de grupo musical de culto; sus seguidores quizá no seamos muchos porque al no estar vigentes en las radios la gente los ha olvidado, pero cada vez que se tiene la oportunidad de escucharlos o de hablar de ellos, uno siente que forman parte de algo especial, de algo que tiene que ver con la poesía de la vida, con el amor y con la muerte.
Y la muerte, trágica y misteriosa, se llevó la vida de Maya Tanaka, una voz prodigiosa que era reconocida hasta por doña Gladis Moreno, la dama de la canción nacional, esa mujer cuya increíble voz se podría considerar como de esos acontecimientos a los que los pueblos asisten cada cierto tiempo, tiempo que se mide en siglos. 
Un sino fatal y desconocido parece haber alterado la vida de Maya y su familia, porque años después del suicidio de Maya, le siguió uno de su hijos, un joven encantador con quien tuve la suerte de compartir la amistad. Después de su muerte, de manera instantánea, Maya Tanaka pasó a formar parte del mítico panteón de los pueblos.
Tras la sentida ausencia de Maya, estuvieron con la primera voz artistas de gran valía y melodiosa voz como Carlos ‘Potro’ Parada Rea, José Sixto Hernández y Rubén Darío ‘Nuni’ Rivero Aramayo. Todos ellos le impusieron sus estilos a las interpretaciones, nuevas y antiguas, y Los Taitas sobrevivieron alejados de las luces de neón y de la esquiva fama. 
De los originales Taitas quedan José Luis Maese Vaca, un querido primo, que se unió al grupo cuando ‘Chai’ Rivero tuvo que volver a sus estudios de medicina.  
Los Taitas han sido nombrados Patrimonio del Beni y lo son porque se lo ganaron con su esfuerzo y su talento, que entre los escritores llamamos magia. Gracias, Edson Hurtado, por escribir tan lindo para que nunca olvidemos a los que amamos.

*Escritor, poeta y gestor cultural