Banzer impulsó la primera narcodictadura

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Víctor Paz Estenssoro, el coronel Hugo Banzer y Mario Gutiérrez.

Juan F. Cori Charca

Cuando los tanques empezaron a descender por el centro de la ciudad de La Paz y las avionetas sobrevolaban disparando desde el cielo, Victoria López y sus compañeros de la Universidad Mayor de San Andrés se dirigieron al Palacio Quemado para pedirle armas al presidente Juan José Torres Gonzales con el fin de defender el proceso revolucionario.

Sin embargo, no lo lograron. El coronel Hugo Banzer Suárez y los militares aliados, que meses antes encabezaron un motín, retomaron su objetivo de acabar con lo que ellos denominaban “el soviet boliviano” y lo concretaron ese sábado 21 de agosto de 1971.

La llegada del general Juan José Torres a la presidencia, el 7 de octubre de 1970, marcó un punto de inflexión de un ciclo histórico de efervescencia de las aspiraciones populares y sindicales en pos de un gobierno de izquierda capaz de anteponer los intereses nacionales a los foráneos.

Ello se expresó en medidas como la nacionalización de la mina Matilde (30/04/1971), la expulsión del Cuerpo de Paz (21/05/1971) y la creación de la Asamblea Popular (01/06/1971), que, sin embargo, no fue bien recibida por Washington.

La Embajada de Estados Unidos en La Paz, dirigida por Ernest Siracusa, definió las decisiones de Torres como parte de las “presiones antiestadounidenses” y su país no descartó ninguna posibilidad de reacción en contra de la administración boliviana.

En efecto, el 29 de junio de 1971, Estados Unidos decidió revertir la situación política boliviana. En un memorando (secreto) de la Comisión 40 se lee que “el 22 de junio del año en curso, el Presidente de este Comité instruyó a la CIA presentar una propuesta, proponiéndose en ese sentido un programa de acción política diseñado para unificar al Movimiento Nacional[ista] Revolucionario (MNR) y moderados líderes militares que se ponga en marcha tan pronto como sea posible. (…) El costo de este programa se calculó en $us 410.000 durante los próximos seis meses”.

En julio de 1971 —cita el libro Un siglo de intervención de EEUU en Bolivia— el Comité 40 se reunió para considerar la propuesta de acción encubierta elaborada y presentada por la CIA el 29 de junio.

Internamente existía una división respecto a la aprobación de la propuesta; el embajador Siracusa fue uno de los mayores opositores a dicha medida, prefiriendo la asistencia económica y militar como medida de disuasión.

No obstante, a pesar de su oposición, la propuesta de financiación encubierta se aprobó transfiriendo fondos de la CIA a “exmilitares involucrados en la conspiración golpista, y a otro oficial disidente”.

Si bien el “dinero estaba destinado a desanimar un golpe de Estado inminente y según los informes a ‘cimentar las relaciones’ con figuras militares bolivianas”, el 19 de julio de 1971 empezó el movimiento subversivo para deponer al presidente Torres.

El general Rogelio Miranda reveló al periódico argentino Clarín que en julio de 1971 viajaron junto con Banzer desde Argentina a Bolivia para “preparar el golpe militar”.

“Entramos a Bolivia de forma clandestina. Yo estuve 40 días (todo julio) poniéndome en contacto con la oficialidad de las guarniciones que derrocaron a Torres”, indica Miranda en una nota publicada el 25 de agosto de 1971 en el matutino Presencia.

La resistencia

Con el desplazamiento total de las fuerzas militares y la consolidación del golpe, la Central Obrera Boliviana (COB), los universitarios y toda la sociedad civil pasaron a la resistencia.

Victoria López y los universitarios fueron a la Intendencia Militar de Guerra en busca de armamento. “La misión era entrar ahí y sacar las armas para combatir en el cerro de Laikacota, pero no pudimos lograr ese objetivo porque habían francotiradores que disparaban”.

Tras el fracaso, Victoria López, que por entonces estudiaba Sociología, se trasladó hasta el cerro de Laikacota junto con dos compañeros y constataron lo evidente: la lucha era desigual. Mientras los militares disparaban desde los aviones, los estudiantes apenas respondían con algunos fusiles máuser. Los cuerpos se desplomaban como rocas.

En Oruro la situación era muy diferente. El exdirigente sindical José Pimentel Castillo, que por entonces era egresado de la universidad, se unió a la “resistencia esperando las batallas decisivas que se iban a producir conjuntamente con grupos de universitarios, atento a las movilizaciones que estaban haciendo los trabajadores mineros en las pampas de Vinto y Huanuni”.

“Lamentablemente no hubo mayores acciones y tuvimos que entrar a la lucha clandestina. Estuve cinco años en lucha clandestina y dos años en la cárcel durante la dictadura de Banzer”, cuenta a Democracia Directa desde Tupiza.

En la clandestinidad la labor consistía en organizar a los sindicatos, ayudar a los heridos y perseguidos por la dictadura. Una labor muy complicada y al borde del riesgo del encarcelamiento.

Victoria López fue apresada cuando fue a visitar a su madre, que estaba muy enferma. Los militares la torturaron durante horas en el Ministerio del Interior (Gobierno).

“Los presos políticos no eran como los presos comunes que había en la cárcel, éramos víctimas de torturas, de aislamiento, de desapariciones. Al final, muchos compañeros desaparecieron y los que tuvimos que soportar o lograr sobrevivir sufrimos otro tipo de presiones. En mi caso, un aislamiento de más de un año solo en una celda y las torturas cada vez que se les ocurría”, señala José Pimentel.

De acuerdo con el exministro de Defensa Reymi Ferreira, el golpe de Banzer fue el más nefasto de la historia. Se registraron 468 muertes, 3.000 personas detenidas y casi 2.000 personas fueron exiliadas o confinadas.

“Fue un período de terror en el que se censuró toda la prensa, por lo menos 30 periodistas fueron torturados y detenidos”, recordó.

Para el secretario ejecutivo de la Comisión de la Verdad, Fernando Rodríguez, Banzer fue “la materialización de un plan siniestro, totalmente, ni siquiera inmoral, sino amoral”, que involucraba “la violencia política como un mecanismo de subordinación y dominación de la gente”.

Pero más allá de ello y de manejar de forma “dispendiosa las arcas públicas, Banzer fue el gestor de la gran industria del narcotráfico en Bolivia”, dijo.

Si durante el golpe de Luis García Meza se dividieron “las líneas de control del narcotráfico, la base de su creación, el momento inicial de su industrialización, podríamos decir que ocurre en el período de Banzer”, enfatizó Rodríguez.

Pese a ello, ese dictador, con su partido Acción Democrática Nacionalista (ADN), ingresa a la arena política y como resultado de las alianzas políticas cogobierna por casi 20 años en la etapa democrática.

Paz Estenssoro y su llamado a apoyar el golpe

El secretario ejecutivo de la Comisión de la Verdad, Fernando Rodríguez, señala que la participación del expresidente Víctor Paz Estenssoro en el golpe de Estado del coronel Hugo Banzer Suárez respondía al esquema del nacionalismo revolucionario.

“Es que la dictadura es parte también de la ideología del nacionalismo revolucionario. El MNR tiene una suerte de arco ideológico que pasa desde posiciones de izquierda radical a posiciones de derecha radical”, apunta.

“Paz Estenssoro es parte de ese esquema, y obviamente las dictaduras también son parte de ese esquema en su versión más delincuencial, si quieres, pero tienen esa misma matriz ideológica”, afirma.

Horas después de que se efectuó el golpe de Estado del 21 de agosto de 1971, Paz Estenssoro convocó a sus seguidores a “ser leales con los militares y los falangistas”.

“Bolivia, en estos momentos, está viviendo horas importantes, ya que se han conjuncionado para servir a la Patria, tres fuerzas importantes: las Fuerzas Armadas, Falange Socialista Boliviana y el MNR. Estos tres grupos, están unidos ahora alrededor de un solo ideal, la Patria”, dijo durante un discurso en la plaza de San Francisco, el 23 de agosto de 1971, consigna una publicación del matutino Presencia.

“Con esta alianza de las tres fuerzas lograremos la reconstrucción definitiva de Bolivia”, afirmó el líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

“Perdí al hijo que esperaba y nunca más pude ser madre”

“A partir de la lucha clandestina empieza el sufrimiento para nosotros, porque tuvimos que estar en la clandestinidad y posteriormente somos apresados. Yo he sido apresada, mi casa fue allanada.

Después de estar escondida tuve que ir a mi casa para ver a mi mamá, que estaba muy enferma; pero no me percaté de que estaba rodeada por los agentes y paramilitares. Llegué ahí y traté de quedarme, pero en la madrugada allanaron mi casa, me detuvieron junto con mi madre y mi hermana.

A mí me llevaron al Ministerio de Gobierno, donde fui ferozmente torturada. Lo mismo ha ocurrido con mi madre y mi hermano menor, que apenas tenía siete años. En esas condiciones hemos estado.

Liberan primero a mi madre, ella luego busca ayuda para que me liberen. Yo salí en libertad firmando una declaración que decía que yo no había sido maltratada ni torturada en el Ministerio de Gobierno, que cuando me puse mal me atendieron médicos; pero no fue así, fue todo lo contrario.

El 80 soy nuevamente detenida porque era dirigenta sindical y ahí fue pero para mí. Por entonces yo esperaba familia, y debido a las torturas y vejámenes perdí al hijo que esperaba y nunca más pude ser madre. Eso arrastro toda mi vida. Eso se lo debo personalmente a Luis Arce Gómez, que venía a instruir mi tortura en las celdas del Ministerio de Gobierno.

García Meza ha muerto y se ha llevado toda esa responsabilidad. El juicio que le han hecho y la condena de 30 años no han sido suficientes porque ha estado en el hospital militar, donde ha vivido protegido por el Alto Mando Militar”.

Testimonio de Victoria López (67), víctima de las dictaduras de Banzer y García Meza.

“Dictadura es que se entren a tu casa a las tres de la mañana para llevarte y si no te encuentran, violan a tu hermana”

“A mis 19 estaba en dictadura, a los 20 y 21 también. Yo sé lo que es andar con el testamento bajo el brazo. Yo sé lo que es no poderme reunir con mis amigos, no estar en reuniones con más de tres personas, no caminar en la calle entre dos personas hasta las nueve de la noche, y eso a las siete de la noche comenzaba inicialmente el toque de queda. Yo sé lo que es tener que enterarme de las noticias de mi país escuchando Radio Quito, Radio Habana, Radio Moscú o la Nederland, porque ahí salían las noticias, porque internamente no tenías información. Yo sé lo que es escuchar el mismo informativo en todas las radios y el canal siete, en esa época, a la misma hora y con el mismo contenido. Eso es dictadura, eso es lo real. Dictadura es que se entren a tu casa a las tres de la mañana para llevarte y si no te encuentran, violan a tu hermana, como una lección por tu militancia política. Dictadura es que te tomen preso y te desaparezcan. Entonces, cuando hoy hablan de dictadura lo menos que te generan —a quienes hemos vivido ese período— es una sonrisa, porque es una tergiversación absoluta de lo que han significado las dictaduras como un proceso político.

Y obviamente esa matriz la están queriendo incorporar desde afuera, igual que incorporaron la matriz de la dictadura militar desde afuera. Hoy día quieren incorporar otra matriz de dictadura que ya no pasa por lo militar, sino por lo autoritario. No pues. No puedes comparar papas con maíces, son dos cosas diferentes.

A los jóvenes. Miren atrás, estudien, lean, porque el futuro va a ser posible sólo teniendo una mirada de lo que nos ha ocurrido para no volver a cometer ni los mismos errores ni ser engatusados con espejos y piedras falsas”.

Fernando Rodríguez, secretario ejecutivo de la Comisión de la Verdad