La voz que se busca construir a partir de textos que dialogan

Acto de presentación de la obra Desencuentros, de Edmundo Paz Soldán, en la FIL 2018.
Foto: JRH

Jackeline Rojas Heredia / Cambio

El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, radicado en EEUU, llegó a la XXIII Feria Internacional del Libro FIL-La Paz para presentar  su libro Desencuentros, una antología que integra creaciones incluidas en sus primeros textos, Las máscaras de la nada (1990) y Desapariciones (1994). 

El autor expresó que durante la búsqueda de una voz propia por la que todos los escritores atraviesan, uno se va apropiando de otras historias en las que va construyendo finales diversos, y eso porque en cada narración se puede distinguir las voces de los libros o de autores consagrados que se revelan, a lo que él entiende como “los textos que siempre están dialogando”.

Paz Soldán compartió, durante la presentación, el contexto en el que había escrito esos relatos y su poca madurez literaria, calificada así 20 años después de esas primeras publicaciones. Dijo que al inicio, cuando él empezó a narrar, los cuentos breves eran algo que le salía con mucha naturalidad porque no tenía “mucha idea sobre las minucias psicológicas” que se construyen durante el desarrollo de los personajes, pues en ese entonces su interés inmediato era la trama.

“No había aprendido de estos escritores (Cortázar, Rulfo), sobre todo en la tradición latinoamericana, ese golpe, ese juego de artificio en el que vas preparando al lector para algo  y luego das un giro y sorprendes con otra salida que tiene que ser hecha de manera natural, no como si el autor se sacara de la manga”, comentó.

Contó que le interesó durante un tiempo escribir sus impresiones sobre los libros que había leído, pero notó que no era su estilo hacer lo que otros escritores o periodistas hacen.

“Lo que podía hacer era un cuento o un texto de una página homenaje, ya sea a la obra Lolita o El infierno andante mío, de Onetti, que me gustó tanto que quería apropiarme y le hice un cambio al final. No me daba cuenta, pero la literatura es una máquina constante de apropiaciones, los textos siempre están dialogando con otros textos”.

Esencia boliviana

Una de las críticas locales a las obras de Paz Soldán durante un tiempo fue que no se hallaba en su narración las raíces nacionales que se evidencian en otros autores. El autor reconoció que al inicio de su carrera desconocía gran parte de la literatura nacional porque en el colegio donde estudió en la ciudad de Cochabamba, La Salle, le habían instruido más en literatura latinoamericana. “Si soy un escritor en China y escribo, siempre será desde una perspectiva boliviana, algo que para mí era básico, pero me di cuenta que para muchos no era así”.

Reveló que para editar la antología Desencuentros tuvo que eliminar 15 cuentos por parecerle “muy obvio el final”. “Yo creo que la ignorancia es atrevida, yo no tenía una gran formación en literatura boliviana cuando escribí estos cuentos, por eso quizá se sienta una voz boliviana como inexistente o transversal, lo que no sucede si lees a Saenz o Taboada Terán; tus textos se sitúan de una manera ya sea para negarlos o afirmarlos”.

Luego narró que al realizar su doctorado en Literatura Boliviana, si bien se había nutrido con las letras nacionales, por otro lado, perdió esa “frescura o irreverencia” que tuvo durante su primer periodo como escritor. 

Respecto a los efectos que fue notando en ese desarrollo, dijo que luego de empezar a escribir novelas con un desarrollo psicológico de sus personajes, quiso retornar a la escritura de cuentos breves y no logró hacerlo. 

El autor rememoró su evolución como escritor cuando salió de Bolivia a los 17 años para ir a estudiar a Argentina, allí se sintió obligado a evitar en sus escritos las palabras bolivianas, los coloquialismos, todo con la idea de que quizá no pudiesen entenderlo. Posteriormente se fue a EEUU y pasó por algo similar. “Toda escritura es parte del territorio que uno habita”, afirmó y luego mencionó otra de sus recientes obras, Visiones, en la que el lector hallará una evolución del lenguaje o creación de estilo.

Por todo ese crecimiento como escritor es aún más interesante adquirir el libro Desencuentros en el estand de la editorial Nuevo Milenio.

¡Elefantástico! para los niños

Con coloridas ilustraciones y un juego gráfico que hace a su vez gigantes y pequeños a sus protagonistas, Helen Lizárraga conduce a los niños y niñas por el camino mágico de la imaginación sin sacarlos de su realidad cotidiana.

La autora concita además, con inusitado interés, la atención del público adulto por despertar quizá al niño que todos llevamos dentro.

Es un texto que se adecua con facilidad tanto al ámbito urbano como rural, que utiliza palabras asimilables y adaptables tanto al castellano como al aymara. Su esencia radica en que llama a la reflexión y refuerza en los niños la visión de que en las diferencias está la belleza, y que no existen motivos para la discriminación, el bullying y el racismo en colegios y en el contexto urbano habitual. 

El uso de los colores y la narración de los personajes centrales que son parte de la historia, un niño y una niña, es otro juego que  encandila al lector. No existen diferencias de género, motivan la lectura, generan alto interés en conocer el final sin saltar los distintos cuadros de acción de sus personajes. Está por de más decirlo, sin embargo, es una obra altamente recomendable, divertida y muy sensible. 

El libro es un proyecto editorial de Fomento al Desarrollo Infantil (Fodei). El contenido, diagramación e ilustración corresponden a Helen Lizárraga Maldonado; la traducción al aymara fue realizada por Jhonny Cora Huanca; y la editorial es Quatro Hermanos.

Compartiendo libros preferidos

La diputada Valeria Silva fue una de las invitadas a compartir sus libros preferidos en el estand del Centro Cultural de España en La Paz (CCELP).

Silva se despojó de su rol público y comentó su adicción por los pintores como Picasso y Velásquez, este último sobre todo con su célebre obra Las meninas. Silva mostró colecciones de libros sobre los artistas mencionados, publicadas por la editorial alemana Taschen.

Dijo que si bien su costo los hace inaccesibles, se los puede leer en la Biblioteca del CCELP. Entre sus preferidos mostró el facsímil del diario de la artista mexicana Frida Kalho, también de Taschen, un ejemplar idéntico al diario que está en la Casa Azul de Frida (México).

“En el diario, ella escribe el proceso de amputación de su pierna, y tiene muchos dibujos interesantes”, comentó.

Aclaró que Kalho no era seguidora de Trotsky, pese a que en el filme se afirma un romance con el político. “Ella era comunista, era antitrotskista y más estalinista.  Decía: ¡Viva Stalin y viva Diego!”, explicó.

Sobre Mar fantasma

El escritor y antologador paraguayo Javier Viveros presentó el libro Mar fantasma, una compilación de 11 relatos bolivianos y 11 relatos paraguayos, algunos referidos a la Guerra del Chaco.

¿Existe algún nudo central, ya sea temático, que enlace los relatos?
En realidad es una generación en plena evolución de su trabajo artístico; la idea era buscar ese diálogo boliviano-paraguayo. Hay una generación de oro en la narrativa boliviana y quise que estrecháramos los lazos. El prólogo de los cuentos paraguayos es de la boliviana Mónica Velásquez.

¿Por qué el nombre del título?
Es como simbólico, Mar fantasma, ese mar ausente que siempre está gravitando en Bolivia. En el caso de Paraguay, el Chaco fue un mar, pero hace mucho tiempo, y ése es un factor común, la mediterraneidad. 

¿Algún relato lo impresionó?
Muchos de los relatos ya los había leído, pero me encantó, me sorprendió descubrir a un autor enorme como Wilmer Urrelo Zárate; yo no lo conocía y es un monstruo de la narrativa. Su cuento sobre la Guerra del Chaco (“Es hora de quemar a quien tanto temo”) es un trabajo fabuloso y muy bien ejecutado.