Un puñal como recuerdo de Juan Luis Panero y Jorge Luis Borges

Es más que una estructura hecha de metales; los hombres  lo pensaron...

Aitor Arjol *
Escritor español

Álvaro Melián Lafinur —tío de Jorge Luis Borges— había regalado un puñal al padre de este último. El escritor argentino escribe entonces un cuento en el cual recrea cómo fue adquirido aquel objeto, duerme ahora en la gaveta de un escritorio y finalmente su filo plateado simboliza cierta inutilidad del tiempo. El puñal de Jorge Luis Borges dice así:
“En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.
 Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina. Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar busca sangre.
 En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.
 A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles”.
Juan Luis Panero, hermano del también poeta Leopoldo María Panero, publica Enigmas y despedidas en 1999. Un poemario en el cual anticipa el peso de la muerte o incluye narraciones en torno a recuerdos fragmentados de los encuentros con Juan Rulfo, Carlos Barral o Gastón Baquero.
En tal ejercicio de la memoria también sobresale una conversación mantenida en Quito (Ecuador) con Jorge Luis Borges, quien supuestamente le había invitado a Buenos Aires, pero no pudo ser. En su poema El cuchillo, Juan Luis Panero rememora todo aquello a partir de una fotografía donde ambos posan juntos, así como de un cuchillo que él se había comprado, tal vez parecido al que guardaba Borges, y que más de una vez le había salvado el pellejo:

“Este cuchillo no está en el cajón,
sino delante de una fotografía.
Luis Melián Lafinur no se lo regaló a mi padre, fui yo quien lo compró en la calle Florida. Con él, en el bolsillo, pasé por delante de su casa,
—usted ya había muerto—
pero mi mano y el metal lo recordaron. No estuvo —pudo estar— en la calle Posadas, entre los libros y los sueños de Adolfo Bioy Casares.
Ahora dormita aquí, delante de esa fotografía que nos recuerda, juntos en Quito, el día antes de que al despedirnos me dijese: “Venga a verme a Buenos Aires”. Nunca lo volví a ver, llegué tarde a su cita, pero ahora —que extraño a Borges— mientras miro la hoja, su afilado destino, el metal en la noche refleja un vago rostro.
¿Quién puede adivinar si es el suyo o el mío?” Puñal y cuchillo como símbolos extraños de un tiempo concreto, pues en 1978 Jorge Luis Borges viajó a Ecuador, donde había sido invitado por el Círculo de Lectores de aquel país.
En aquel contexto lejano es posible que ambos poetas, Borges y el José María Panero, se encontraran en torno a alguna fugaz tertulia o breve lapso de tiempo, del cual quedó como recuerdo inmediato una fotografía en la que posan juntos
Eso es lo que parece deducirse de lo escrito por el poeta español, además de estar descrito con pulcritud y detenimiento en las páginas de Después de tantos desencantos: vida y obra poéticas de los Panero, un magnífico ensayo escrito por Federico Utrera en 2008. Más allá de los cuchillos, el cuarenta aniversario de la llegada del vate argentino a Ecuador también fue el símbolo en la reciente Feria del Libro de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), celebrada en Quito desde los días 18 al 23 de junio de 2018.
El encuentro contó con la presencia de María Kodama (viuda del vate argentino Sebastián Urli), Martín Kohan y Carlos Gamerro. A los mencionados también se sumó la presencia de otros expositores ecuatorianos que rememoraron la visita de Borges 40 años atrás y la influencia de su legado; y, finalmente, una representación de profesionales del sector editorial terminaron por configurar un encuentro único y con excelentes resultados.