Urcullo, el cronista de la Guerra de la Independencia

Gonzalo Pérez Bejar

La participación de Manuel María Urcullo en la Asamblea Deliberante de 1825 fue importante, al margen de ser uno de los incondicionales de Casimiro Olañeta y apoyar el nacimiento de la nueva República.

Nació en Chuquisaca el 16 de julio de 1785 y falleció el 20 de junio de 1856 en su tierra natal.

Provenía de una distinguida familia, estudió Filosofía, Teología y Gramática en un seminario católico, y leyes en la Universidad de San Francisco Xavier, donde obtuvo el título de doctor en 1807.

Los escritores coinciden en señalar que era un buen abogado y que era el único cronista de la Guerra de la Independencia, además de que ocupó varios cargos administrativos y fue un eficiente servidor público.

Charles Arnade, en su libro La dramática insurgencia de Bolivia, señala que durante la Colonia, “fue nombrado asesor del Tesoro” y formó parte del regimiento de ‘notables’ para defender la capital del ataque de los guerrilleros liderados por Manuel Ascencio Padilla.

Según el historiador, Urcullo dejó el escritorio para tomar las armas.

El mismo autor sostiene que se desconocen sus actividades entre 1819 y 1824; sin embargo, en ese tiempo empezó su giro, “probablemente estimulado por Olañeta”.

“Ellos nunca fueron realistas, como sostuvieron vivamente cuando fueron acusados de haber cooperado con los patriotas (...) Como insistieron cuando fueron acusados de realistas. No tenían convicción política; para ellos (Olañeta-Urcullo) la política era cualquier cosa que pudiera contribuir a su propio engrandecimiento”.

El escritor e historiador boliviano Jorge Siles Salinas sostiene que Urcullo no fue “perseverante en la política” porque lejos de ello “mostró una actitud acomodadística según el curso fluctuante de los acontecimientos”.

Mariano Baptista Gumucio afirma que Olañeta, Urcullo y los “doctores de Charcas” constituían “un grupo burocrático de la época que servía al establecimiento colonial”.

Su verdadero interés era mandar, ejercer el poder y, para ello, nada mejor que declarar independiente a un territorio que hasta ese momento dependía de mandos virreinales.

Arnade sostiene que Urcullo y Olañeta respondían a iguales intereses y planificaron todos los prolegómenos a la fundación de la nueva República.

“La guerra había tomado un nuevo rumbo. La gran intriga había tenido éxito, pero los proyectistas no habían esperado que el ambicioso Simón Bolívar, apenas conocido en el Alto Perú en 1823, apareciera en la escena como un Libertador”, apunta Arnade.

La osadía de este grupo de doctores chuquisaqueños tenía el objetivo de lograr que Bolívar cediese al pedido de apoyar el nacimiento de la nueva República. La hábil maniobra estaba encaminada. El Mariscal Antonio José de Sucre fue el anzuelo eficiente, quien convenció al Libertador para que se convoque a la Asamblea Deliberante y emita el decreto del 9 de febrero para que los representantes de las cinco provincias del Alto Perú designen a los diputados.

Instituida la Asamblea, Urcullo fue elegido para redactar y editar las actas de las deliberaciones, “pero tuvo cuidado de no redactar los debates candentes, presentando así un cuadro deformado”.

El mismo Arnade relata que cuando se iba a tomar una posición sobre si las provincias unidas se adherían al Bajo Perú o a la Argentina, maniobraron para que el delegado por La Paz, general José Manuel Lanza, presida la votación, ello les dio la posibilidad de controlar los votos y al final la balanza se inclinó por la independencia y la creación de la República de Bolívar, que luego adoptó el nombre de Bolivia.

Datos

» El 16 de julio de 1827 se constituyó en el primer presidente del Poder Judicial de Bolivia. Como estudioso del Derecho, escribió varios trabajos de codificación, y como historiador dejó escrita la obra titulada Apuntes para la historia de la revolución del Alto Perú.