Mundo mágico-Bolivia, un siglo de poesía

Homero Carvalho Oliva*

Floriano Martins, poeta ensayista y traductor brasileño, es el autor de Mundo mágico-Bolivia, un siglo de poesía, publicado en Sao Paulo por ARC Edições, un libro que se divide en tres partes: ‘La pieza que falta’, un ensayo acerca de nuestra poesía; ‘Mesa de diálogos’, entrevistas con algunos de los poetas seleccionados, y la ‘Antología’ de poetas bolivianos. En este texto están incluidos 39 poetas, entre ellos se encuentran Óscar Cerruto, Fernando Ortiz Sanz, Yolanda Bedregal, Óscar Alfaro, Jaime Saenz, Julio de La Vega, Alcira Cardona Torrico, Gonzalo Vásquez Méndez, Jorge Suárez, José Antonio Terán Cabero, Edmundo Camargo, Roberto Echazú, Pedro Shimose, Jesús Urzagasti, Matilde Casazola Mendoza, Blanca Wiethüchter, Guillermo Bedregal García, Gary Daher, Homero Carvalho Oliva, María Soledad Quiroga, Vilma Tapia Anaya, Óscar Gutiérrez, Benjamín Chávez, Gabriel Chávez Casazola y Mónica Velásquez Guzmán.
En la primera parte, ‘La pieza que falta’, Floriano realiza un brillante análisis de nuestra poesía a partir de la obra y la personalidad del poeta Franz Tamayo, sin duda alguna una de las cumbres de nuestra literatura. Floriano, basándose en un texto de Mariano Baptista Gumucio, afirma que el relamo de Baptista lo “lleva a creer que el gobierno chileno o peruano o nicaragüense ha trabajado a favor de la internacionalización de la obra y el pensamiento de Huidobro, Vallejo o Darío. Igual por toda Hispanoamérica, menos en Bolivia. 
El tiempo ha pasado y de alguna manera las nuevas generaciones han pensado igual. Bolivia es un país victimizado por la ceguera política. Encontramos una pequeña distinción en la conclusión del prólogo de una antología de poetas bolivianos realizada por Mónica Velásquez Guzmán (1972), al decir: “Si bien nuestra tradición carece de un Neruda o de un Vallejo, está llena de múltiples caminos que se niegan a lo unívoco de ‘los grandes padres’ para proponerse más bien como parciales, críticas y originales búsquedas tanto del decir como del habitar el mundo”. 
El largo ensayo que dedica Velásquez Guzmán a la poesía de su país —ella misma una destacada poeta—, que trata de “una tradición de continuidades y de diálogos”, apunta en otra dirección. La lírica boliviana se caracteriza por su capacidad ulterior de firmarse más allá de todo”, concluye Floriano. Luego recurre a Eduardo Mitre: “En sus libros sobre la lírica boliviana, Mitre hace cierta defensa de la presencia del surrealismo en su país, pero lo que me dijo, en el mismo diálogo, sobre Jaime Saenz y Edmundo Camargo es lo mismo que uno podría decir de Gustavo Medinaceli y Julio de la Vega: Lo que no veo en Saenz ni en Camargo es el ideario o las utopías revolucionarias que nutrieron a los surrealistas: instaurar la poesía en la vida, hacer de ésta una obra de arte más allá de la literatura. El erotismo, el amor, que en los surrealistas es un acto revolucionario contra el orden establecido, no creo que lo sea en Saenz. Su poesía amatoria es una constante y conmovedora evocación del sujeto amado ausente, no un reconocimiento de la presencia. Por ello mismo, el cuerpo es el gran ausente de su poesía. Le falta ese puente sensible. En su lugar, Jaime Saenz edificó una obra originalísima que no es un puente, sino una escalera en caracol por la que el poeta sube y baja infatigablemente a las tinieblas de la soledad o al vislumbre del otro, de la otredad, del tú liberador”.
En la parte denominada ‘Mesa de diálogos’, Floriano realiza preguntas a varios de los autores incluidos en su libro, la primera de ellas es: “El lugar que ocupa la poesía en la realidad, ¿continúa como una preocupación pertinente o crees que hay temas más actuales que la poesía pueda evocar en nuestro tiempo?”.
Somos varios los poetas que vamos respondiendo a sus interrogantes, para responder a esta pregunta voy a recurrir a José Antonio Terán Cavero: “Digan lo que digan quienes insisten en que el lenguaje verdaderamente poético debe liberarse de todo referente, opino que un tropo nuevo, una metáfora, un poema, es algo que se añade a la realidad, enriqueciéndola y aun lavándola de podredumbres en indignidades. Por lo demás, la poesía invade todas las expresiones artísticas dignas de tal nombre. Sería, por tanto, más preciso decir que, en nuestro trabajo, esa poesía se traduce en la composición de poemas. Los poemas son la otra realidad, la profunda e invisible al áspero vivir cotidiano. La otra voz de que disponemos para defendernos de lo inhóspito del mundo”.
En otra pregunta, Floriano cuestiona: “¿Qué tipo de diálogo crees que la poesía busca entablar con el mundo a través de ti?”.
Esta vez cito a Mónica Velásquez Guzmán, quien responde: “Uno de resistencias, de tensiones, de búsquedas incansables para devolver profundidad a una negación común a ver y a andar por las honduras de la existencia sin tragedia, más bien con lucidez y con riesgo de nominar aquellos infiernos que a cada quien le tocan”. 
Otra de las preguntas que Floriano nos hace es: ¿Cuáles son las relaciones entre tradición y ruptura respecto al tema indígena en la poesía boliviana? ¿De qué modo sientes tu poesía involucrada con los ancestrales indígenas?
La poeta Marcia Mogro responde: “Mi proyecto poético tiene como punto muy importante el rescate, aprendizaje y transposición anacrónica de la inmensa riqueza cultural indígena. 
Mitos, palabras en idiomas originarios, historia, antropología, etc. Son materias importantes para mi escritura”. En mi caso me sumo a lo expresado por Marcia y respondo que “tengo dos poemarios con temática esencialmente indígena amazónica: Los reinos dorados y El cazador de sueños, en ambos, intento rescatar una poética de los mitos y leyendas de los pueblos amazónicos. La tercera parte es la antología propiamente dicha en que Floriano ha seleccionado una buena muestra de cada uno de los incluidos en este libro de 395 páginas. Agradezco al poeta Floriano Martins por su magnífico trabajo de análisis, difusión y promoción de nuestra literatura. 

*Escritor, poeta y gestor cultural