Rosalía de Castro

Aitor Arjol *

Ser mujer y escribir en lengua gallega en plena mitad del siglo XIX ya constituía un síntoma de cierta trascendencia en unas circunstancias sociales e históricas muy poco favorables al respecto. En ese contexto vio la luz Rosalía de Castro, nacida el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela, una de las precursoras del Romanticismo español con Gustavo Adolfo Bécquer.
Las propias circunstancias del nacimiento de Rosalía dan fe de las posteriores circunstancias de su infancia: nacida de madre soltera y padre sacerdote, es decir, en la condición de hija ilegítima que muchos historiadores quisieron obviar por esas cuestiones de moralidad e hipocresía que aún campan a sus anchas por la sociedad contemporánea. El hecho de que una sirvienta de su familia materna se ocupara de ella libró a la pequeña Rosalía de las garras del orfanato y posteriormente pasó gran parte de su infancia con su tía paterna en la aldea de Castro de Ortoño, hasta que su madre natural decidió hacerse cargo de ella nuevamente.
Posteriormente, se trasladó con su madre a Madrid, donde conoció a Manuel Murguía, con quien se casó el 10 de octubre de 1858 y fue uno de los que apoyó mayormente el quehacer literario de su esposa en un contexto francamente desfavorable. Por el camino hubo frecuentes cambios de domicilio,  un episodio de separación motivado por la inestabilidad profesional y dificultades económicas de su esposo, además de los continuos problemas de salud de Rosalía de Castro.
Los últimos años de vida transcurrieron en Padrón, la localidad de su primera infancia y juventud, hasta recalar en una casa llamada La Matanza. Su precaria salud fue motivo para que en la dedicatoria a su médico en uno de los poemarios le escribiera: de parte de “su eterna enferma”. Finalmente, Rosalía de Castro falleció el 15 de julio de 1885 y es enterrada al día siguiente en un cementerio de Iria Flavia con la disposición expresa por parte de la fallecida de quemar todos aquellos legajos y manuscritos inéditos hasta el momento.
De las más celebres obras que Rosalía de Castro dejó como legado destacan los poemarios Cantares gallegos, Follas novas y Orillas del Sar, todos ellos conocidos por su temática intimista tan propia del romanticismo tardío que se dio en España a mediados del siglo XIX, en un período de tiempo en que el realismo y naturalismo literarios habían cobrado plena vigencia en el resto de Europa. 
A la imagen de Rosalía de Castro como protagonista del Renacimiento de las letras gallegas vinieron a sumarse a otra larga lista mujeres nacidas en aquellas tierras, que asimismo se dedicaron a la literatura, el periodismo o el arte en general, y no han sido convenientemente visibilizadas por diferentes circunstancias, como la propia inercia del olvido.
Uno de los casos más peculiares es el de Nicolasa Añón Paz, contemporánea a Rosalía de Castro. Natural de Boel, un recóndito lugar del concello coruñés de Outes, Nicolasa había nacido en el seno de una familia tradicional de labradores y durante toda su vida siguió dedicándose a lo que era común en aquella época: trabajo en el campo, tareas domésticas, esposa y madre. Apenas sabía leer y escribir, o expresarse en otra lengua que no fuera la suya propia. Sin embargo, crónicas, rumores y testimonios se refieren a su facilidad para convertir en poesía todo suceso rutinario acaecido en la comarca, y únicamente cuando contaba con más de 70 años de edad, un maestro transcribió de viva voz el único manuscrito de poesía que se conoce de ella y permaneció parcialmente inédito hasta hace cuatro años.

*Escritor y ensayista español