[Opinión] Gobierno del pueblo

Democracia Directa

Andrés Manuel López Obrador está tranquilo. Se liberó de la corbata que anulaba su respiración, dejó las hojas del discurso que minutos antes dio para los medios de comunicación y se arropó en el corazón de su pueblo reunido en el Zócalo de México DF.

Ese 1 de julio, AMLO le habló a sus amigos, compañeros y partidarios que le permitieron, en su tercer intento, llegar a la presidencia de México, con un voto cargado de “bronca” contra la corrupción y la inseguridad, herencia, sin duda, de partidos como el PRI.

Con la legitimidad que le dieron 30,11 millones de mexicanos (53,19%), López Obrador se comprometió a poner en marcha la cuarta transformación de México y, como él mismo denominó, el “proceso de cambio verdadero”.

Mientras la derecha latinoamericana agachó la cabeza, la izquierda festejó el triunfo del candidato de Morena no sólo porque suma fuerza en el contrapeso regional en entidades como la Organización de los Estados Americanos (OEA), sino porque abre el camino del recambio social en ese país.

Ya López Obrador anticipó que aplicará un conjunto de reformas sociales para atender, con prioridad, a los pueblos indígenas y a los sectores más vulnerables para que el Estado deje “de ser un comité al servicio de una minoría”.

Se duplicará la pensión para los jubilados, se dará una renta igual para las personas con discapacidad y se garantizará el derecho de los jóvenes al estudio y al trabajo. Hará realidad su lema: “por el bien de todos, primero los pobres”.

Como ya lo hicieron países como Bolivia, AMLO apostará por el mercado interno como el principal motor económico y realizará una revisión de los contratos con empresas privadas extranjeras para acabar con cualquier indicio de irregularidad y de desventaja para su país.

La lucha más compleja la librará contra la corrupción que llevó a México a la desigualdad social, desigualdad económica y a la violencia.

De hecho, en 2017, la nación centroamericana cayó en el Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana.

En el Índice de Percepción de la Corrupción 2017, la calificación de México empeoró por un punto, pasando de 30 a 29, en una escala que va de cero a 100, donde cero es el país peor evaluado en corrupción y 100 es el mejor en la materia.

Esto ubica al Estado en la posición número 135 de 180 evaluados en materia anticorrupción. En el ámbito regional, se encuentra entre las peores posiciones de América Latina y el Caribe, por debajo de Brasil, Argentina, y Colombia, y ocupando la misma posición que Honduras y Paraguay. (https://www.tm.org.mx/ipc2017/).

López Obrador prometió castigar a los involucrados, “incluyendo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares”, y destinar lo ahorrado en la lucha contra este ilícito a impulsar proyectos productivos que permitan generar mayores fuentes de trabajo y que la migración quede sólo como un recuerdo.

La marcha de AMLO apenas está por empezar y de seguro quienes quieren que fracase no bajarán la guardia.

El gobierno del pueblo para el pueblo, ese estribillo que retumbó durante la campaña de Morena, será una realidad y AMLO ya hizo la promesa: “Gobernaré con rectitud y justicia, no les fallaré. No voy a decepcionar ni traicionar al pueblo. Confieso que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen presidente de México”.